Fiestas, traiciones y las leyes que usó Isaac Newton
En 1600, Kepler encontró trabajo con Tycho Brahe, un astrónomo danés famoso por sus datos hiperprecisos del cielo… y por su estilo de vida fiestero. Se encontraron en el castillo de Benátky, cerca de Praga, donde Kepler había ido para estudiar el planeta Marte, pero chocaba todo el tiempo con Brahe: el danés era geocentrista, no compartía su información y el ambiente era pura fiesta, música y cero privacidad.
Kepler no demoró en hartarse, pidió un contrato más formal, y la respuesta de Brahe fue echarlo. Se amigaron un tiempo después y Kepler volvió con su familia incluida, al menos hasta 1601, cuando Brahe se murió después de otra fiesta, supuestamente por una infección. Décadas después surgió la sospecha de que Kepler lo envenenó con mercurio, pero en 2010 se exhumó el cuerpo y se descartó: murió por causas naturales (se habla de una infección en la vejiga o un problema urinario). Así que no, Kepler no lo mató.
Con Brahe muerto, Kepler heredó todos sus datos, y ahí empezó la posta. Tras 10 años analizando el movimiento de Marte, en 1609 publicó Astronomia Nova, donde tiró las dos primeras leyes del movimiento planetario: primero, que los planetas no giran en círculos sino en elipses, con el Sol en uno de los focos; y segundo, que los planetas se mueven más rápido cuando están más cerca del Sol y más lento cuando están más cerca.
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Tras trabajar con Tycho Brahe, Kepler accedió a sus valiosos datos y formuló sus tres leyes planetarias. Sin conocer la gravedad, sentó las bases que luego Newton usaría para explicar el universo.
La tercera ley llegó en Harmonices Mundi (1619): el tiempo que tarda un planeta en orbitar el Sol está relacionado con la distancia media al Sol, una proporción matemática precisa. Lo más increíble es que Kepler hizo todo esto sin saber que existía la gravedad. Isaac Newton, años después, usó sus leyes como base para formular la ley de gravitación universal. Dijo que si él había visto más lejos, fue porque se paró sobre hombros de gigantes, y Kepler fue uno de ellos.
También aportó en óptica: en 1604 explicó por qué la Luna se ve roja en un eclipse y creó un tipo de telescopio que usaba lentes convexas, más potente que el de Galileo. Y ese mismo año, observó una supernova que aún hoy lleva su nombre.
Kepler murió en 1630 a los 58 años, pero sus aportes quedaron tatuados en la ciencia. Tanto que, siglos después, la NASA le puso su nombre a un telescopio que encontró más de 2.600 planetas fuera del sistema solar. Un verdadero genio que, aunque a veces parecía delirar, le puso números, armonía y forma al universo.
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