La evolución del calendario
La reforma juliana sentó las bases para el calendario que usamos hoy en día y, en honor a los emperadores Julio César y Octavio Augusto, se renombraron los meses de quintilis y sextilis como "julio" y "agosto", respectivamente, lo que llevó a nuevos ajustes. Se le quitó un día a febrero para dárselo a agosto, además de añadirle 30 días a septiembre y noviembre, y 31 a octubre y diciembre (para evitar tener tres meses consecutivos de 31 días).
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Para corregir el error del calendario juliano, se decidió hacer bisiesto a aquellos años cuyas últimas dos cifras fueran múltiplos de 4. Así, el calendario gregoriano impulsado por el papa Gregorio XIII iría tomando relevancia.
El calendario juliano perduró hasta la reforma del papa Gregorio XIII en 1582, que corrigió el error de Sosígenes con el calendario (se había equivocado por 11 minutos, lo que desplazaba las fechas de las estaciones a 10 días cada 150 años). Para esto, se "avanzó en el tiempo" 10 días y se ajustó el sistema de años bisiestos a aquellos cuyas dos últimas cifras sean divisibles por 4.
Con el tiempo, el calendario juliano se fue abandonando en favor del gregoriano, que era esencialmente el juliano con algunas modificaciones menores (y una diferencia de 13 días). En muchos países que no obedecían a la autoridad del Papa este calendario se implementó mucho más tarde, como en el Reino Unido hasta 1752 o en Turquía hasta 1927.