La dopamina es un químico natural que usa nuestro cerebro para hacernos querer determinadas cosas, y si bien hay otros sistemas involucrados en la experiencia del amor, la dopamina es la principal causa.
Con abundancia de esta sustancia en nuestro organismo es más probable que nos enamoremos profundamente.
La dopamina hace que nos sintamos con más energía, motivados y dispuestos a asumir determinados riesgos.
Hay muchos estímulos que impulsan el cerebro y generan dopamina, y estos estímulos tienen que ver con los colores, nuevos olores e incluso la vestimenta que deja ver más piel.
Todos estos estímulos impulsan al cerebro a generar dopamina, sucede más en la primavera y por eso hace que estemos más susceptibles al amor.
Libros son amores
Tanto la literatura sacra como la profana, enlazan estos tres hilos de la misma trama:
- los amores y sus candores;
- la tierra y sus humores;
- la juventud de los años, la del alma y sus rubores.
El Cantar de los Cantares, libro del rey Salomón que integra el canon bíblico entre los libros del Antiguo Testamento, refuerza la mixtura a la que se hace referencia en este texto, enlazando al amor eros, con la primavera, y el deseo del encuentro. Así lo expresa en sus versos 2:1-6:
Soy el azafrán de primavera que florece en la llanura de Sarón, el lirio del valle. Como un lirio entre los cardos es mi amada entre las jóvenes. Como el manzano más selecto del huerto es mi amante entre los jóvenes. Me siento bajo su sombra placentera y saboreo sus deliciosos frutos. Él me escolta hasta la sala de banquetes; es evidente lo mucho que me ama. Fortalézcanme con pasteles de pasas, refrésquenme con manzanas, porque desfallezco de amor. Su brazo izquierdo está debajo de mi cabeza, y su brazo derecho me abraza. Soy el azafrán de primavera que florece en la llanura de Sarón, el lirio del valle. Como un lirio entre los cardos es mi amada entre las jóvenes. Como el manzano más selecto del huerto es mi amante entre los jóvenes. Me siento bajo su sombra placentera y saboreo sus deliciosos frutos. Él me escolta hasta la sala de banquetes; es evidente lo mucho que me ama. Fortalézcanme con pasteles de pasas, refrésquenme con manzanas, porque desfallezco de amor. Su brazo izquierdo está debajo de mi cabeza, y su brazo derecho me abraza.
Y continúa:
Mi amante me dijo: « ¡Levántate, amada mía! ¡Ven conmigo, mi bella mujer! Mira, el invierno se acabó y las lluvias ya pasaron. Las flores están brotando, ha llegado la temporada de los pájaros cantores; y el arrullo de las tórtolas llena el aire. Las higueras comienzan a formar su fruto, y las vides fragantes están en flor. ¡Levántate, amada mía! ¡Ven conmigo, mi bella mujer! Mi amante me dijo: « ¡Levántate, amada mía! ¡Ven conmigo, mi bella mujer! Mira, el invierno se acabó y las lluvias ya pasaron. Las flores están brotando, ha llegado la temporada de los pájaros cantores; y el arrullo de las tórtolas llena el aire. Las higueras comienzan a formar su fruto, y las vides fragantes están en flor. ¡Levántate, amada mía! ¡Ven conmigo, mi bella mujer!
El Corán, libro sagrado árabe, hablando del Profeta, de su amor y de la primavera, canta:
La palma de la mano del Mensajero de Allah era más suave que la seda, y era como si tuviera la mano de un vendedor de perfumes, usara o no perfume. Cuando le daba la mano a alguien, esa persona percibía su fragancia durante el resto del día. Y si acariciaba la cabeza de un niño, este niño se diferenciaba de los demás por su perfume. La palma de la mano del Mensajero de Allah era más suave que la seda, y era como si tuviera la mano de un vendedor de perfumes, usara o no perfume. Cuando le daba la mano a alguien, esa persona percibía su fragancia durante el resto del día. Y si acariciaba la cabeza de un niño, este niño se diferenciaba de los demás por su perfume.