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El perro detective y el caso de la copa robada

La apasionante historia de cómo se robó la primera Copa del Mundo es digna de un cuento de misterios. Una copa, un lanchero y un perro, los protagonistas.

Parece un cuento de Arthur Conan Doyle. Un trofeo es robado y un simple hombre (que pudo ser Sherlock Holmes) se topa con él gracias a la ayuda de su perro (que bien podría ser el sabueso Toby). La única diferencia es que aquí no hubo ningún detective viviendo en Baker Street ni un Toby, ya que esta es una historia real.

La creación del primer Mundial y la copa

Corría el año 1928 cuando Jules Rimet, tercer presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), había conseguido cumplir un sueño que haría felices a millones: crear una competencia mundial que enfrentara a selecciones de diversos países cada cuatro años. La llamaría la Copa del Mundo.

Como un torneo de esta índole necesitaba un trofeo, una copa que simbolice la victoria de los ganadores sobre los demás equipos, Rimet -de origen francés- encargó a su compatriota, el escultor Abel Lafleur la confección del premio. Este constaba de una base de lapislázuli sobre la que reposaban 4 kilogramos de plata esterlina enchapada en oro. Su forma, de unos 30 centímetros de alto, con sus alas y su corona, hacía referencia a la diosa griega Niké, deidad que representaba la victoria. Parecía una mujer con un plato en la cabeza.

Jules Rimet mandó a esculpir la primera Copa del Mundo

El espía de nariz fría y el extraño hallazgo

La base de la copa había sido entallada con los nombres de los campeones de aquella edición, Uruguay e Italia, a los que más tarde se les sumó Alemania y Brasil. Sin embargo, la amenaza de los nazis obligó a la FIFA a retrasar la celebración hasta 1941. Hasta entonces, a la copa la habían escondido en una caja de zapatos por Ottorino Barassi, presidente de la federación italiana.

Para el año 1966, trasladaron el trofeo a las islas británicas, donde se celebraba de nuevo el Mundial. El público inglés estaba eufórico, pero aquí comenzaría el caso de la copa robada. A los 12 días del mes de marzo, las autoridades del Center Hall de Westminster de Londres anunciaban que el robo del galardón.

El perro Pickles y su dueño encontraron la Copa del Mundo robada

Sin embargo, gracias a la poderosa nariz de un can, la copa regresó a su legítimo lugar. Resulta que el 20 de marzo, 8 días después de comenzado el misterio, un hombre llamado David Corbett (que trabajaba de barquero en el río Támesis) había sacado a pasear a su perro Pickles. El animal -una mezcla de collie con pelaje blanco y negro- encontró al lado de un automóvil un extraño objeto envuelto en papel de periódicos. Al abrirlo, hombre y perro se llevaron una gran sorpresa: una mujer con un plato en la cabeza. Era el trofeo perdido.

A los dos fueron recompensaron por encontrar y devolver la copa a las autoridades. A Corbett le dieron £5000 como recompensa (el equivalente a £99 000 actuales), que utilizó para comprar una casa en Lingfield, Surrey. En cuanto a Pickles, recibió la medalla de plata de la Liga Nacional de Defensa Canina y lo invitaron a un banquete de celebración.

Pickles, el perro heroico, fue invitado al banquete de celebración como recompensa

En cuanto al responsable del robo, solo se detuvo a un tal Edward Betchley. Lo arrestaron por extorsionar telefónicamente a Joe Mears, presidente del Chelsea FC y de la Asociación Inglesa de Fútbol, al exigirle £15,000 a cambio de un misterioso paquete que contenía el revestimiento extraíble de la copa (el que encontró Pickles).

Cuando lo detuvieron Betchley aseguró que solo era un intermediario y que el verdadero autor intelectual del delito era un individuo apodado “The Pole” (“El Polo”, en inglés). Lo condenaron a dos años de prisión, aunque si hubo más personas involucradas, jamás se supo. De todos modos, el robo fue desbaratado gracias a la nariz del valiente Pickles.

Un nuevo robo y cuatro argentinos culpables

Ojalá la copa hubiera permanecido en su legítimo lugar como correspondía. De hecho, cuando la devolvieron, la FIFA construyó una réplica para que esto no volviera a ocurrir, mientras que la verdadera se expuso en la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), en Río de Janeiro. Así fue hasta 1983.

El trofeo estaba expuesto tras una vitrina de cristales reforzados, pero cual Estrella de la Muerte o Abismo de Helm, la fortaleza transparente tenía una pequeña debilidad: una estructura de madera que con facilidad se forzó con una palanca. Nuevamente, la Copa del Mundo había sido robada y no había ningún Pickles que ayudara a encontrarla.

Réplica de la copa expuesta. La base de la verdadera se encuentra en el museo de la FIFA en Zúrich, Suiza

Así, la copa permaneció desaparecida durante años. Tiempo después, la policía brasileña detuvo a cuatro argentinos de apellido Hernández, Pereira, Vieira y Rocha, que aseguraron haber robado el galardón para fundirlo y vender su plata y oro. Más tarde, Hernández declararía que el robo fue idea de un coleccionista italiano, que les pagó U$S 100.000 por el encargo.

A pesar de todo, el trofeo no había “muerto” completamente. En 2013 (30 años después del segundo robo), la FIFA recuperó la base de lapislázuli en un sótano de un edificio de la entidad máxima del futbol. Hoy se exhibe en el museo de la FIFA en Zúrich, Suiza frente a la sede central de la organización, aunque sin la diosa Niké para adornarla como símbolo de victoria.

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