Tras perderse en la rica historia del Barcelona en su museo, Van Damme se vistió con la camiseta azulgrana que le regalaron los responsables del club, con su nombre y todo. La estrella de Contacto sangriento se mostró encantado y, después de un breve despliegue de talento futbolístico, firmó el esférico que utilizó y lo regaló a los representantes del equipo. Una muestra de su humildad y aprecio por el deporte.
En un vínculo que une el mundo del cine y el fútbol, Jean-Claude Van Damme forjó una estrecha amistad con Ronaldinho, una de las leyendas más queridas del Barcelona. Su amistad con el exjugador brasileño ejemplifica cómo el deporte y el entretenimiento pueden converger, uniendo a dos talentos excepcionales en un círculo de camaradería. Esta relación especial hace que su visita de aquel día sea aún más significativa, ya que honró la pasión del club que tanto ama su querido amigo Ronaldinho.