Vaca Muerta: Un imán de inversiones por naturaleza
Hablar de Vaca Muerta es hablar de una de las joyas geológicas más prometedoras del mundo. Con un potencial de producción de 1,5 millones de barriles diarios y exportaciones proyectadas en US$21.000 millones anuales para 2028, no sorprende que este yacimiento haya captado el interés de grandes jugadores globales.
De hecho, informes como el de PwC destacan que proyectos como el oleoducto Vaca Muerta Sur son esenciales para destrabar los actuales cuellos de botella en la evacuación de crudo y permitir que el país capitalice esta riqueza natural. Esto lleva a preguntarnos: ¿era realmente necesario un régimen de promoción para que se avanzara con una obra de este calibre, o su concreción ya estaba asegurada por las condiciones naturales del negocio?
Los avances previos al RIGI
Los movimientos previos al ingreso al régimen refuerzan la idea de que el RIGI no fue un factor determinante. Por ejemplo:
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Contrataciones definidas: La compra de caños a Tenaris y la definición de los socios estratégicos ya estaban encaminadas antes de la inscripción al régimen.
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Estructura financiera en marcha: La sociedad VMOS ya había diseñado un esquema de financiamiento que incluía buscar US$1.800 millones en bancos internacionales, garantizados por contratos de transporte.
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Proyecciones exportadoras claras: Desde hace meses, YPF venía señalando que el oleoducto permitiría exportar 570.000 barriles diarios para 2026 y escalar hasta 700.000 barriles diarios hacia 2028.
Estos hechos muestran que el proyecto ya contaba con un fuerte impulso antes de recibir los beneficios fiscales del RIGI.
Un régimen diseñado para mejorar números, no para decidir inversiones
La realidad es que el RIGI parece haber sido más una herramienta para optimizar costos y plazos que un incentivo decisivo para movilizar la inversión. Esto no es necesariamente negativo, pero sí plantea una pregunta sobre el objetivo de estos regímenes de promoción.
YPF, por su parte, celebró públicamente los beneficios del régimen, destacando que permitieron “ahorrar tiempo y dinero” en la construcción del oleoducto.
Pero estas declaraciones confirman que el proyecto ya estaba sobre la mesa, con o sin el RIGI. Pero estas declaraciones confirman que el proyecto ya estaba sobre la mesa, con o sin el RIGI.
¿Incentivo real o gasto más barato?
El RIGI sin dudas fue útil para mejorar las condiciones financieras del proyecto Vaca Muerta Sur, facilitando el acceso al crédito y reduciendo costos. Sin embargo, no hay señales claras de que haya sido el motivo principal detrás de la decisión de invertir.
El atractivo de Vaca Muerta, sumado a la urgencia de resolver los cuellos de botella en la capacidad exportadora, ya eran suficientes para garantizar el desarrollo del proyecto. En este contexto, el RIGI funcionó más como un complemento que como un motor de decisión, planteando un debate sobre cómo asignar estos incentivos en el futuro.
A fin de cuentas, el régimen permitió que YPF y sus socios gasten menos en un proyecto que ya parecía inevitable. ¿Era esa la mejor manera de utilizar estos beneficios fiscales? La pregunta queda abierta, y será fundamental para evaluar el verdadero impacto de este tipo de políticas en el desarrollo económico del país.
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