En junio del año pasado, Aramco había lanzado el mayor bono islámico corporativo de su historia, cuando recaudó US$ 6000 millones.
La compañía obtuvo un beneficio neto de US$ 106.000 millones el año pasado y tiene poca deuda en comparación con otras compañías del sector. En el primer trimestre de 2025, el beneficio neto de Saudi Aramco fue de aproximadamente US$ 26.000 millones, lo que representa una disminución interanual de aproximadamente el 4,6 %.
El bajo precio del petróleo impactó en Saudi Aramco y en las finanzas sauditas
Durante los primeros meses de 2025, el precio del petróleo Brent cayó de US$ 82 a US$ 65 por barril, marcando una baja de alrededor del 21% en menos de seis meses.
Amin Nasser, CEO de la compañía, dijo que la demanda de petróleo era robusta y que las reservas mundiales de crudo estaban en "mínimos de cinco años".
Agregó que una decisión de la OPEP de aumentar la producción en mayo generaría que Aramco bombee 200.000 barriles adicionales de crudo por día. Esto representa alrededor de US$ 1.900 millones de flujo de caja anual a un precio de US$ 60 por barril.
Sin embargo, la compañía advirtió en marzo que unos precios más bajos significarían que su dividendo anual caería en casi un tercio.
Para economías como la saudí, fuertemente dependiente de las exportaciones de crudo, estas variaciones no son menores. Aunque los fondos soberanos del Golfo fueron diseñados para absorber estas oscilaciones, la magnitud del gasto interno ha comenzado a erosionar la capacidad de maniobra financiera de sus gobiernos.
La semana pasada, el ministro de Finanzas saudí, Mohammed al-Jadaan, declaró en una entrevista con los medios locales que, debido a la reducción de los ingresos petroleros, el gobierno saudí reevaluaría el ritmo del gasto fiscal.
Mencionó que “la crisis nos brinda la oportunidad de evaluar y hacer ajustes”, incluso para determinar si los proyectos están avanzando demasiado rápido y si es necesario posponer o reprogramar los planes relacionados.