El problema de rentabilidad negativa vuelve a aparecer en aquellos casos de productores que arriendan campos (se calcula que 70% de las siembras están en esa situación). En estos casos habrá que obtener al menos 4 toneladas de soja por hectárea para ganar magros US$ 50. Eso, antes de impuestos y sin contar costos adicionales a los de siembra, cosecha y comercialización. El problema de rentabilidad negativa vuelve a aparecer en aquellos casos de productores que arriendan campos (se calcula que 70% de las siembras están en esa situación). En estos casos habrá que obtener al menos 4 toneladas de soja por hectárea para ganar magros US$ 50. Eso, antes de impuestos y sin contar costos adicionales a los de siembra, cosecha y comercialización.
¿Y en el caso del maíz? En la zona de Pergamino no corre la amenaza de la chicharrita. Pero a los productores les caen los altos costos en dólares de muchos insumos y la vigencia de retenciones, que les arrebatan el 12% del valor bruto de su producción.
En este caso se repite el escenario: En campo propio se pueden llegar a obtener resultados positivos (pero no siempre mayores al dinero invertido para sembrar cada hectárea), pero pagando los US$476 estimados por hectárea (o su equivalente en quintales de soja) de arrendamiento los márgenes brutos caen al terreno negativo. Es decir, alquilando solo se zafa de las pérdidas obteniendo un rindo alto de al menos 10,6 toneladas por hectárea ."
La microeconomía
Sin embargo, en LLA insisten en que el derrumbe de 3 empresas no puede indicar una crisis sectorial.
Esto quedó en claro en la columna de José Calero en Noticias Argentinas:
"Gustavo Grobocopatel, el denominado “rey de la soja”, salió a despegarse del sorpresivo anuncio de default realizado por la directiva de su creación Los Grobo Agropecuaria, que genera preocupación entre los acreedores.
Se trató de un nuevo default del sector que activó alarmas, ya que Los Grobo, la empresa que desarrolló Grobocopatel, no saldó un pagaré bursátil de US$ 100.000, que venció el 26/12 (...).
Allegados a Gustavo Grobocopatel salieron a aclarar que él desde hace 8 años es un socio minoritario (5%) y está “fuera de la operación” de la empresa.
En tanto, representantes del fondo Victoria Capital Partners (VCP), un grupo inversor de capitales mayoritariamente estadounidenses y canadienses, explicaron que la refinanciación para el agro entró en crisis a partir del 28/11, luego de que Red Surcos, la otra gran empresa agropecuaria afectada, entró en default por no poder refinanciar pagarés bursátiles.
Esto activó una mayor desconfianza en un escenario ya de por sí golpeado por la baja de precios de los granos, costos dolarizados y retenciones, que redujeron drásticamente los márgenes de rentabilidad de toda la cadena agropecuaria.
Representantes de Los Grobo indicaron que durante diciembre fue complicándose cada vez más la renovación de vencimientos de corto plazo.
Por ello, prefirieron defaultear hasta la próxima cosecha, cuando volverán a ingresar fondos propios del agro, sin depender de financiamiento ajeno al sector.
Desde Victoria Capital señalaron que tanto los negocios de Los Grobo -abocada a la siembra y, cada vez más, a la comercialización de granos- como el de su controlada Agrofina –venta de insumos- son "sanos” y adjudicaron el default a una “iliquidez financiera transitoria”.
Pero la drástica medida genera preocupación sobre la operatoria de los “pagarés bursátiles”, una herramienta más sencilla que las Obligaciones Negociables (ON), reguladas por organismos de control como la Comisión Nacional de Valores (CNV).
En un escenario complicado, la CNV denunció públicamente a Red Surcos por la presunta comisión del delito de engaños a inversores. (...)
Especialistas advierten que el mercado financiero está expresando, desde hace 1 mes, que “la macroeconomía argentina no está diseñada para que el campo sea rentable en este momento difícil y están redirigiendo la plata con la que antes financiaban al agro hacia otras inversiones”.
El menor respaldo del sector agropecuario, que viene de años con malos resultados y ahora va camino a una cosecha abundante en volumen pero poco rentable, provocó esta crisis, mientras crece el temor de que esta crisis genere un efecto dominó que derive en más cesaciones de pago. (...)".
Interesante volver a leer: ¿Qué quiere decir “la macroeconomía argentina no está diseñada para que el campo sea rentable en este momento difícil y están redirigiendo la plata con la que antes financiaban al agro hacia otras inversiones”? ¿En nombre del carry trade se renuncia a producir en el país agrícola? ¿Se ha decidido abandonar el mercado global e importar los alimentos? ¿Cuál es la tontería en elucubración?
soja economia
Representantes de Los Grobo indicaron que durante diciembre fue complicándose cada vez más la renovación de vencimientos de corto plazo.
La polémica
En este contexto, muy interesante el debate que planteó la web Valor Soja: "¿Lo de Surcos y Agrofina es producto de una mala gestión empresaria o se trata de un riesgo sistémico general presente en sector?":
"(...) ¿Se trata de dos casos aislados, producto de gestiones poco profesionales, o de un fenómeno sistémico que, como tal, seguirá expandiéndose en los próximos meses?
La pregunta está lejos de tratarse de una curiosidad intelectual porque estamos hablando de un sector proveedor de la principal “máquina” generadora de divisas de la economía argentina, que es la producción agrícola.
Para el consultor económico y financiero Salvador Di Stefano, la explicación de los 2 defaults es necesario buscarla en la propia gestión de las empresas comandadas por las familias Calvo y Grobocopatel.
“El gobierno tiene que bajar retenciones, pero las empresas en problemas se fundaron en planes de negocios equivocados, pésimos supuestos macroeconómicos y pésima gestión. Cuidado: no confundir culpables”, afirmó.
Gonzalo Herrán, empresario agropecuario experto en Finanzas, cree que los casos son un reflejo de un cambio estructural en el mercado de fitosanitarios. “Llegó el momento de la reconversión para comercio de insumos agro. Sobrevivirán sólo los más grandes y eficientes, que den servicio al productor y estén integrados con otros negocios de acopio, corretaje, logística, etcétera. El resto irá a plataformas de comercio electrónico y no quedará venta de insumos chica/local”, aseguró.
En ese sentido, el último balance trimestral presentado por Agrofina ante la Comisión Nacional de Valores (CNV) muestra que la empresa estaba con un stock considerable de mercadería e insumos con respecto a la situación vigente 1 año atrás.
Antonio Aracre, ex presidente de la filial argentina de Syngenta, cree que el problema reside en la falta de competitividad del sector agrícola que repercute en el resto de los eslabones sectoriales. “Es un mercado complejo, estacional con mucho riesgo y en algunos casos con management algo improvisado. Con este precio de la soja y el actual nivel de retenciones, (el negocio) no tiene futuro”, afirmó.
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“Las causas son varias, hoy la realidad es que sí tenemos problemas para cobrar en parte de la cadena productiva agraria y en un sector de servicios petroleros. Una parte de la cadena comercial mayorista de mercancías e insumos también”.
En la misma línea opinó el economista Gabriel Caamaño, quien manifestó que los productores “pueden ser menos sofisticados financieramente de los que muchos quieren, pero de su negocio saben; si el margen no les da, van a optimizar el gasto en insumos y los planteos durante la campaña, buscando minimizar el quebranto. No va a esperar a fundirse y después ver”.
Este año, debido a factores cambiaros, financieros, climáticos y agronómicos, la venta de agroinsumos se retrasó de manera significativa, lo que comprometió el flujo de fondos tanto de fabricantes como de distribuidores.
Los empresarios agropecuarios, que el año pasado acopiaban de manera temprana fitosanitarios y fertilizantes para aprovechar los beneficios de los créditos con tasas de interés reales negativas y cubrirse de una devaluación, este año operaron de manera inversa.
Ese fenómeno perjudicial para el sector nacional de fitosanitarios se potenció con la apreciación cambiaria, la cual, combinada con una regularización del comercio exterior argentino, representa una amenaza para las empresas que formulan productos en el país, ya que, en muchos casos, no pueden competir con los agroquímicos y principios activos provenientes de China.
“Muchas empresas formulan localmente herbicidas (importan el principio activo). El negocio era contar con una protección del 35% para importar fitosanitarios formulados. (El ministro de Economía Luis) Caputo bajó esos aranceles (aunque siguen altos). Durante el gobierno de Mauricio Macri no pudimos bajarlos por la presión de los ‘formuladores’. Hoy explica esto parte de lo que pasa en el sector”, remarcó Santiago del Solar, empresario agropecuario y ex jefe de Gabinete del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación.
Para el analista financiero Claudio Andrés Spinelli la razón de las cesaciones de pago –que también se presentaron en el sector petrolero– reside en una política económica orientada a normalizar la macroeconomía, pero sin advertir las consecuencias microeconómicas que tales acciones, combinadas con una excesiva presión tributaria, tienen en las empresas.
“Las causas son varias, hoy la realidad es que sí tenemos problemas para cobrar en parte de la cadena productiva agraria y en un sector de servicios petroleros. Una parte de la cadena comercial mayorista de mercancías e insumos también”, comentó.
Spinelli cree que no se trata de casos aislados porque son muchas las compañías en problemas por los altos impuestos y la extinción de créditos a tasas de interés accesibles. “Desapareció el crédito barato como los de estímulo a inversiones productivas; encima, con un dólar ‘rifado’ para beneficiar al capital externo especulativo e importadores. Levanten retenciones o liberen el tipo de cambio porque esta todo dado para que un evento externo lo obligue al gobierno hacerlo”, expresó. (…)".
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