- En el 2022 el gasto previsional fue de 7,6% del PBI y la inflación del 95% anual.
- En el 2023 se proyecta que el gasto previsional baje a 7,2% del PBI con una inflación del 136% anual.
- En el 2024 se proyecta que la inflación baje a 70% anual y en los cálculos del Ministerio de Economía el gasto previsional se recupera al 7,6% del PBI.
Estos datos muestran que uno de los principales desafíos del próximo gobierno, si quiere bajar la inflación, es evitar que el gasto previsional desestabilice las cuentas públicas.
Este problema se alertó en anteriores informes de IDESA. Los cálculos del Ministerio de Economía confirman que para bajar el gasto público en un 1% del PBI y la inflación al 70% anual, habría que ajustar el resto de las partidas presupuestarias en 1,4% del PBI, compensando así la suba del gasto previsional.
Para ello, el Presupuesto 2024 plantea un ajuste del gasto en personal de 0,8% del PBI. Esto resulta muy contradictorio con el masivo incremento en el plantel de empleados públicos que se viene dando en el 2023.
Una estrategia alternativa es que el próximo gobierno cristalice la licuación de jubilaciones que hizo el actual gobierno, cambiando la fórmula de movilidad.
La aceleración de la inflación, que comenzó en el 2018, produjo una caída del 45% en términos reales del haber promedio y del 25% en los haberes mínimos reforzados con los bonos, comparando diciembre 2017 con noviembre 2023. Se trata de una enorme licuación de haberes jubilatorios que muestra que el descalabro fiscal es mucho peor de lo que las cuentas oficiales muestran.
Querer manipular la movilidad para mantener esta licuación en el futuro, además de ser ética y socialmente reprochable, es fiscalmente inconsistente ya que genera el terreno fértil para una nueva ola de juicios previsionales. Querer manipular la movilidad para mantener esta licuación en el futuro, además de ser ética y socialmente reprochable, es fiscalmente inconsistente ya que genera el terreno fértil para una nueva ola de juicios previsionales.
Hay que aceptar que manipular la movilidad para mantener la licuación no es un ahorro, sino un alivio transitorio financiado con deuda previsional (que la contabilidad pública no registra como tal).
Estos antecedentes alertan sobre el desenfoque de prioridades en la agenda de temas para los debates presidenciales. Por un lado, se prevé abordar la educación. Sin bien mejorar el sistema educativo es estratégico, esta es una responsabilidad exclusivamente de las provincias. Por lo tanto, su debate a nivel de candidatos presidenciales tiene escasa relevancia, llevando seguramente a confusiones y meras expresiones de deseos.
Por otro lado, no se contempla tiempo para que los candidatos expliquen cuáles son sus propuestas en materia previsional, tema decisivo y crucial para normalizar la macroeconomía.
La sociedad demanda bajar la inflación. Esto no legitima a que, para lograrlo, se perpetúe la licuación de jubilaciones que se viene acumulando en los últimos años.
La única manera de compatibilizar ambos objetivos es con un ordenamiento integral del sistema previsional. Para ello, se necesitan ideas innovadoras y audacia política que, lamentablemente, por un error de diseño, no serán abordadas en los debates presidenciales.
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