Por otra parte, cada país provee al FMI de cuotas, entiéndase por esto como contribuciones que hacen los países miembros a la institución, y de acuerdo a esas contribuciones se establecen los montos permitidos a los que pueden acceder en caso de tomar deuda. Es decir, hay una proporción entre lo que aportan y en lo que pueden endeudarse. El crédito que tomo Argentina excede dicha cuota, por lo cual, si bien es posible excederse, tal exceso no es gratuito. La institución penaliza de alguna manera a través de la tasa de interés a aquellos países que toman deuda por encima de lo que aportan, este incremento de la tasa de interés ronda en un 2% por sobre la tasa "normal" que se ha de pagar a la institución por sus créditos. Luego, si el país deudor financia esta deuda en un plazo mayor a los 4 años, se suma a esa tasa un 1% extra.
El kirchnerismo no solamente pide un plazo de repago que excede el permitido por el FMI, también le exige a la institución que condone este interés extra que debe de pagar por la deuda contraída. Lo más probable es que el gobierno en sus negociaciones acabe por dar el brazo a torcer, y acepte un plazo máximo de 10 años, más algún tipo de quita de los interés punitorios por tomar deuda más allá de la cuota establecida.
El acuerdo con el FMI no solucionará la crisis económica del país
En el corto plazo firmar con el FMI es fundamental, ya que el país cuenta con los dólares suficientes para pasar el verano pero no de manera holgada. Llegado el mes de marzo, los dólares serán escasos y Argentina no podrá continuar con el pago de sus obligaciones, lo cual hará que entre en default nuevamente.
Por otra parte, firmar el acuerdo con el FMI no es condición suficiente para que la economía logre sanar los males que la aquejan, ya que la serie de reformar que deberá de realizar el país a nivel estructural son lo único que podrán hacer crecer la economía de manera genuina, y ello conlleva una retracción del estado. El sector privado se ve notablemente agobiado por la presión fiscal, la cual se encuentra entre las más altas del mundo, y ello ha de agregarse el sin fin de regulaciones que se deben cumplir para empezar el proceso productivo y mantenerse en regla. En el actual contexto deficitario que tiene Argentina, es imposible concebir una baja de impuestos para el sector privado sin una baja más que significativa del gasto público, que logre quitarle el peso de encima a los productores y además apunte al equilibrio fiscal para no general efectos no deseados en la economía como lo pueden ser la inflación, más toma de deuda o presiones sobre el tipo de cambio que empujen a las autoridades a continuar con restricciones al libre acceso al dólar.