Ahora bien, ¿de qué trata la amenaza o advertencia de Alberto Fernández? Muy raro todo porque él acaba de autorizar el viaje a Roma, Italia, del ministro Martín Guzmán para encontrarse con Kristalina Georgieva por 2da. vez en 2 semanas, en teoría para avanzar en una negociación con el FMI, que no puede concretarse porque la Argentina se resiste a explicar cuáles son sus intenciones y en qué consiste su plan.
Entonces, en forma simultánea, Alberto Fernández cuestiona al FMI pero envía a su ministro de Economía a hablar con el FMI. Y él cree que sus palabras no impactarán en la cotización de los bonos argentinos y de las acciones de empresas privadas argentina que cotizan en mercados internacionales. Hay una destrucción de riqueza por el Presidente.
Es decir que quien debería defender a los argentinos, los perjudica, tanto a tenedores de bonos que emite la Argentina para financiarse, como a empresas privadas que crean empleo genuino, no empleo trucho como el que crea el Estado. Y el Presidente de la Nación lo hace porque no resiste la presión del ala izquierda del FdT, liderada por la agrupación La Cámpora, que decidió insistir en el no pago al FMI como eje de su discurso preelectoral. Antes que Alberto Fernández, también se manifestó crítico del FMI el ministro Guzmán, ¿cómo espera él que lo reciba Georgieva? ¿Acaso es tan tonto que cree que ella no se entera? ¿Y el Departamento del Tesoro estadounidense, a quien Sergio Massa le solicitó colaboración para con la Argentina?
Mínimo, mínimo: esquizofrenia, y provoca que la Argentina resulte aún menos creíble para la comunidad internacional con la que debe interactuar. El Gobierno del Frente de Todos puede pelearse con el FMI si es lo que prefiere pero la sensación es que no sabe qué hacer. Y eso es lo más grave de todo.