Pero los problemas reaparecieron pronto. Los franceses apretaron las tuercas con el saque de Zeballos y consiguieron el quiebre -el primero al marplatense en el partido- cuando un cruce de Nalbandian en la red salió mal y la volea se fue demasiado larga.
Era un golpe duro, teniendo en cuenta que los argentinos no habían logrado un solo break en todo el partido. Algo de la famosa magia de la Copa Davis apareció en el estadio cuando Benneteau sacó para cerrar el set.
Ahí llegó el esperado quiebre y el estadio empezó a vibrar, casi literalmente, cuando entre saltos se cantaba que "El que no salta/ es un francés". Los visitantes bajaron mucho su nivel y ya con el saque de Llodra parecieron desconocidos.
Cinco games al hilo quedaron para Argentina, que con el servicio de Zeballos llegó al 7-5. Todo era tan complicado como podía adivinarse antes del partido. Pero el sueño estaba más vivo que nunca.
Si algo faltaba para consolidar el vuelco anímico del partido era un nuevo quiebre. Fue en el quinto game, con un Zeballos sublime que se bancó todo en la red y en el último punto definió con un smash cruzado. Esa victoria que antes del partido parecía tan difícil estaba muy cerca de ocurrir.
Del otro lado, los franceses habían perdido totalmente la brújula, como desalentados por una historia tan afuera de lo previsto. Y en el primer match point, una devolución de derecha paralela de Nalbandian encontró el espacio vacío que había dejado Llodra.
La dupla argentina, vale decir, juega en Copa Davis por tercera vez, tras sus triunfos ante Alemania (Kamke-Kas) en la primera ronda de 2013 y frente a Suecia (Soderling-Lindstedt) en 2010.