David Ferrer está firmando una temporada excepcional con 5 títulos en su haber y siendo el jugador con más partidos disputados (72). Él quiere poner un broche excepcional dando a España una nueva Copa Davis. Es una competición que saborea de manera especial y por la que entrega hasta la última gota del combustible.
David llegó a Gijón procedente de Nueva York y sin apenas descanso se puso a las órdenes de Alex Corretja. El azar quiso que fuera él quien abriera la eliminatoria con un triunfo ante Sam Querrey; y quien la cerrara doblegando a Isner.
Él cansó al estadounidense haciéndole desplazarse a lo largo y ancho de la pista. Tomó ventaja antes del primer descanso y llegó a ponerse con 3-1 a favor, pero Isner reaccionó puliendo su derecha y pudo voltear la situación -llegó a tener bola para el 3-5 y servicio-. La manga se decidió en el tie-break, donde el estadounidense apeló a su repertorio de saques para tomar ventaja.
A Ferrer le costó digerir el mazazo y sudó para sacar adelante un juego inicial en el que salvó una bola de break.
Luego, fue él quien tomó la batuta, firmó 2 breaks (3-0, 5-1) y se dejó llevar para equilibrar cómodamente la balanza.
El inicio del 3er. set estuvo marcado por la comodidad y gran velocidad con la que se resolvían los juegos al servicio. Hasta que llegó el 7mo., donde Ferrer hizo una exhibición que acabaron por minar la moral de Isner. Punto de inflexión del partido, ya que Johnny, como le llaman los españoles, vio el duelo como una montaña incapaz de escalar.
La pendiente aumentó más con el break de Ferrer en el 3er. juego del 4to. acto. Con la garra, entrega, talento y calidad que tiene como seña de identidad, él puso el broche al set, partido y envite.
El duelo ante la República Checa será a domicilio, entre el 16 y 18 de noviembre.