A pesar de que Mónaco estaba haciendo un buen tenis, el chaparrón que le estaba cayendo encima era para maldecir a los demonios. Rafa, intratable sobre todo en los momentos clave de cada set, enlazó 17 juegos consecutivos para firmar dos roscos en el segundo y tercer set donde fue dominador de principio a fin.
Desde el fondo, subiendo a la cinta, en la transición defensa-ataque... estaba en todos los lados y devolvía todas las pelotas. Una lección de juego que pondrán un día en las escuelas de tenis.
Mientras Mónaco se mostraba desesperado ante el vendaval español, Nadal se mostraba tan concentrado como siempre, sabedor de lo importante que es economizar esfuerzos, tanto físicos como mentales, en un evento de tanta exigencia como un Grand Slam.
El español tuvo todo: fue efectivo con su saque (ganó el 69% de los puntos jugados con el primero), mostró una capacidad defensiva invulnerable, duplicó a Mónaco en tiros ganadores (26 a 13) y tuvo la mitad de su errores (13 a 25).
En la próxima ronda, Nadal será rival de su compatriota Nicolás Almagro, quien no tuvo complicaciones para dejar en el camino al serbio Janko Tipsarevic por 6-4, 6-4 y 6-4