Los dos países defienden un cierto grado de protección a sus industrias. La propuesta inicial, cuando las negociaciones comenzaron en Ginebra, permitía al Mercosur proteger 10% de sus aranceles a la importación (que corresponden, aunque en forma imperfecto, a productos manufacturados) y 10% del volumen comercial.
Cuando se llegó a 14% en ambos rubros, el canciller brasileño Celso Amorim aceptó. La Argentina quería 16% y reclamó.
Pero la queja quedó en nada por el hecho de que la negociación fracasó de todos modos y no fue culpa de Brasil ni de la Argentina, sino de USA e India.
Además, Brasil acepta el concepto que Cristina Fernández esgrime para justificar la posición de la Argentina, que consiste en la necesidad de recuperar a la industria de su país, devastada por la crisis de fines de los años '90 y comienzo del siglo 21.
Concepto, además, que la Presidenta repitió en la entrevista que concedió el sábado: "La Argentina, con un desarrollo industrial substancialmente inferior, diferente del que tiene Brasil, quedaba en una posición muy difícil".
El canciller brasileño Celso Amorim coincide con la tesis, pero él dice que Brasil ofrecía acomodarse a las necesidades argentinas de recuperación industrial, para lo que dice haber obtenido el aval del empresariado brasileño, usualmente quejoso en relación a las concesiones (supuestas o reales) que el gobierno de Lula hace o hizo a la Argentina.
Los negociadores argentinos se quejaron también de no ser consultados por Brasil anteces de que aceptara la propuesta del director general de la Organización Mundial de Comercio, Pascal Lamy.
Amorim rebate que hubo intensas consultas previas pero que, de hecho, "a veces no hay tiempo para consultar a los socios". Fue lo que ocurrió en Ginebra: Amorim dice que entendió la propuesta de Lamy como "una cuerda estirada lo máximo posible". No había, entonces, según su visión, margen para acomodar al 16% de protección pretendida por la Argentina y tampoco para decir No, bajo riesgo de fracasar la negociación en ese momento. Si el fracaso ocurrió días después, es otra historia.
La cena en el Palacio Pereda no sirvió solamente para cicatrizar la herida, de todos modos leve, en la relación bilateral. Sirvió también para mirar hacia adelante y pensar en las negociaciones que el Mercosur tiene que encaminar ahora que la Ronda de Doha o murió o está condenada a hibernar.
Para Marco Aurelio, el foco debe ser la negociación Mercosur/Unión Europea. "Es un año propicio", dijo el asesor de Lula, al recordar que, el año pasado, Brasil y la Unión Europea firmaron un memorando de entendimiento para una sociedad estratégica entre ellos. "Brasil debe aprovechar el hecho de que ejerce la presidencia de turno del Mercosur, en el 2do. semestre de este año, para avanzar en esa negociación", dijo.
La otra gran negociación, con USA, parece una apuesta inútil. "Retomar la negociación antes de que se establezca un nuevo gobierno (que asumirá en enero) es una pérdida de tiempo". Del lado argentino, hasta Alfredo Chiaradia, secretario de Comercio (N. de la R.: de Negociaciones Económicas Internacionales) y, como tal, principal negociador de la Argentina en Doha -fue quien más reclamó a Brasil- propone mirar hacia adelante y no para atrás. "Queremos trabajar juntos (Brasil y la Argentina) en todo, tener posiciones comunes como tenemos en las negociaciones con la Unión Europea o en otros acuerdos", le dijo al diario La Nación".