Se encuentran, además, involucrados, otros dos hombres fuertes de Venezuela. Tendrá que salir Chávez, a respaldarlos, en su emisión televisiva de agravio libre.
Por ejemplo el Ministro del Interior, Ramón Rodríguez Chacín. Es un marino retirado que suele encargarse de las "operaciones especiales", en cooperación paulatinamente creciente con las FARC.
O Hugo Carvajal, alias El Pollo, del servicio de inteligencia bolivariano. Al "Pollo" Carvajal lo sindican, acaso para ponderarlo, como el Montesinos de Chávez. Por aquel perverso espía peruano que solía filmar a los colaboracionistas de Fujimori, mientras los coimeaba.
Carvajal mantiene los contactos más aceitados con los jerárquicos de las FARC. En especial con Germán Briceño, alias Grennoble. El Pollo emerge como un envidiable experto en las cuestiones ideológicamente revolucionarias del momento. El narcolavado, sin ir más lejos. Aunque matizó su epopeya revolucionaria con el método filosófico de la tortura, entendido como el afán por el conocimiento, pero llevado hasta las últimas consecuencias de la degradación. Torturas, para completarla, aplicadas a dos militares colombianos. Aunque, según fuentes, en suelo venezolano.
De todos modos, con la información clasificada que emana de las computadoras, a Colombia aún no le alcanza para reparar las vacilaciones iniciales de su diplomacia. O la discutible decisión del Presidente Uribe, en apresurarse a denunciar a Chávez, en la Corte Penal Internacional, donde pesa el criterio del prócer argentino Moreno Ocampo.
Las baterías argumentales que sustentan las posiciones de Colombia deben remitirse, preferiblemente, a las Naciones Unidas, organización infinitamente más cara que la OEA, pero también más utilitaria y, en ocasiones, hasta seria. En Naciones Unidas seguramente Colombia va a ensanchar la considerable base de aliados que tiene como punto de partida. Fundamentalmente, los Estados Unidos, aunque también a Colombia la acompaña España, y México. Centroamérica casi entera, con la excepción de Nicaragua.
Para ser exactos, Colombia debería apoyarse, según evaluación de Consultora Oximoron, en la Resolución 1373, del Consejo de Seguridad. Resolución que amonesta, categóricamente y con severidad, a los países incorrectos que brinden algún tipo de apoyo, moralmente económico, a los grupos terroristas. Aunque la gran mayoría de los países de América Latina, por influencias de las supersticiones que no cesan, aún no avalan, para las FARC, la calificación de terroristas.
Durante el fin de semana, en Santo Domingo, Colombia debe sortear la demagógica cantilena pacifista. Y podrá contener mayores auspicios, si es que avanza, en Naciones Unidas, con la insistencia de sus fundamentadas reivindicaciones. Mientras tanto, los países diluidos como la Argentina, devaluados por su condición de rehenes, y por las imposturas incidentales de sus gobiernos, tendrán que enfrentarse al acoso de la situación límite. Con el riesgo de quedar enroscados entre los pliegues incondicionales del terrorismo.
"Colombia es Israel", supo sentenciar Chávez. Ingenio innegable. Por el apoyo privilegiado de los Estados Unidos, hacia Colombia, con 700 millones de dólares anuales. Sobre todo Chávez compara a Colombia con Israel por los ajusticiamientos selectivos de los enemigos, situados más allá de sus fronteras. El antecedente principal de transgresiones semejantes puede hurgarse entre las oscuridades del secuestro de Adolf Eichmann, en 1960, en Buenos Aires, para trasladarlo a Israel durante el período trunco, hoy venerado, de Frondizi.
Si Colombia es Israel, y se insiste en la línea, comparativamente alegórica, del pensamiento chavista, se convierte en una incógnita definir, en el sur del continente, a los equiparables a los palestinos. Sin recurrir al esfuerzo de la imaginación, y sin mayor rigor, las FARC podrán reflejarse en el Hizbollah.
Pero Chávez debería evitar, en adelante, las alegorías fáciles. Para no ser identificado por "los imperialistas" como Saddam Hussein. Por favor, eso nunca. Invadirlo a Chávez valdría, acaso, aún menos la pena que invadirlo al pobre Saddam, un vulgar asesino de ramos generales. Porque Chávez, a este paso, se autoderroca. Se conspira encima, y solo.
Desde que perdió el referendum de diciembre, Chávez viene en falsa escuadra. La última baladronada puede resultarle letal. Mientras tanto, le crece el doble aguijón. Rosales, el desafiante gobernador de Zulía. Y el general Baduel. Ante el hastío irreparable de su sociedad.
La Argentina oficial abandona, en un arrebato vigoroso, el estado indefenso de la consternación. Para invocar, a través de la Presidente Delegada, un genérico pacifismo. Vulnerablemente insustancial. Paz y amor. "Canta conmigo canta, hermano americano. Libera tu esperanza. Con un grito en la voz".
La Argentina, con su diplomacia a la deriva, paga -al contado- el precio de haberse convertido en el rehén geopolítico de Chávez.
Se impone entonces escuchar las voces de la sociedad civil.
Habrá que desmarcarse de los "desastres seriales del gobierno trivial". Para generar una movida. Una corriente de simpatía, de calurosa solidaridad, hacia Colombia. Menos que una iniciativa, el Portal lanza -así tenga destino de vacío- la idea.