Crónica de una Anmat irresponsable, una trasnacional que intentó aprovecharse y un ministro adicto a los spots
La clave de lo que haya ocurrido con Bayer Argentina se encuentra en la Anmat (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica), que depende del Ministerio de Salud de la Nación. En todos los ambientes vinculados a la industria de la salud (¿cómo que no es una industria? Pregunten cuánto es el presupuesto anual de la Fundación y Universidad Isalud, que fundó de la nada y controla el ministro Ginés González García. O bien, ¿Acaso el hoy reconfirmado ministro de Salud Pública, González García, no ha dicho que la Asociación Médica Argentina es un shopping de los laboratorios?); sí, en los corrillos de la industria se comentan las históricas deficiencias de la Anmat. Recuerdo hace un par de décadas el escándalo que ocurrió porque Roemmers había sacado al mercado una especialidad medicinal destinada a los pacientes con defiencias cardíacas antes que el blitánico Glaxo (todavía no existía GlaxoSmithKline), que era el dueño de la monodroga. Y, desde entonces, periódicamente se comenta esto o aquello acerca de la Anmat, con picos de conmoción en el 1er. lustro de los '90, cuando Pablo Challú, en nombre de Cilfa (Centro Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos) y de Eduardo Bauzá (por entonces secretario general de la Presidencia) era el superlobbysta de la industria de la salud en el país. La Anmat debería ser autárquica o autónoma, fuera de toda posibilidad de presión política. El día que la Anmat, el INdEC, el Banco Central, el Tribunal de Defensa de la Competencia, el Pami, los entes reguladores y el Comfer no sufran ninguna injerencia del gobierno de turno, el Estado Nacional comenzará a ofrecer otra calidad de prestaciones a los contribuyentes. ¿Quién puede convencerme que si una persona muy cercana a Eduardo Duhalde como lo es Hernán López Bernabó (del laboratorio Microsules-Bernabó), llama al Anmat, no persuadirá al funcionario de turno? El organigrama del Ministerio de Salud Pública afirma que del ministro depende la Secretaría de Políticas, Regulación y Relaciones Sanitarias; y de ésta depende la Anmat; o sea que quien autoriza las especialidades medicinales, los alimentos y los equipos que consume la población es un burócrata de 3ra. categoría. Entonces, ¿cómo creerle a Bayer Argentina cuando difunde su comunicado pretendiendo desmentir al The New York Times? ¿A quién creerle? ¿Al matutino más prestigioso de USA y uno de los más creíbles del mundo o a una filial argentina de un laboratorio multinacional, con toda la información previa existente sobre lo que acostumbran ser las filiales argentinas de esas compañías trasnacionales? Al The New York Times, sin duda... a menos que hubiese detrás de Bayer Argentina una repartición gubernamental argentina prestigiosa, respetada, contundente... pero no es el caso de la Anmat. # Antecedentes Lo que se afirma es que durante más de un año y medio, una subsidiaria de la compañía farmacéutica Bayer -Cutter Biological- siguió enviando a la Argentina y a varios países de Asia una medicina para la hemofilia que presentaba un alto riesgo de contagiar el virus del sida, mientras destinaba a USA y a Europa una nueva versión del producto que presentaba un riesgo mucho menor. Según reveló ayer The New York Times, la subsidiaria contaba desde febrero de 1984 con una versión mejorada del concentrado de Factor VIII, en la que el plasma que se usa como materia prima era procesado para inactivar el HIV. Aun así, durante un año siguió enviando la vieja versión del medicamento, que ayuda a prevenir las hemorragias a las que son propensos los hemofílicos, a Singapur, Indonesia, Japón y la Argentina. "Sólo en septiembre de 1985 los pacientes argentinos pudieron acceder a las nuevas versiones de concentrados de Factor VIII", dijo a quien lo llamara ayer Miguel Tezanos Pinto, asesor científico de la Fundación de la Hemofilia, de la Argentina. Hasta entonces, la ausencia en el país de versiones de Factor VIII termotratadas para inactivar al HIV tuvo consecuencias desastrosas: "De los aproximadamente 1500 pacientes hemofílicos registrados en ese momento, 211 se contaminaron a través de los concentrados de Factor VIII", señaló Tezanos Pinto. Bayer reaccionó tarde. La filial Argentina llamó desesperada a la casa matriz en Leverkusen, Alemania; luego de muchos cabildeos, la empresa sostuvo: "Debido a los procesos de registro de las autoridades locales, Bayer estaba imposibilitada de distribuir el producto tratado antes de que la aprobación fuera otorgada; sin embargo, tuvo que asegurar un abastecimiento ininterrumpido del producto para los pacientes." ¿Se dan cuenta? Bayer Alemania culpa a la Anmat argentina. En tanto, Luciano Viglione, gerente de Relaciones Institucionales de Bayer para el Cono Sur, explicó que las acusaciones realizadas contra Cutter no afectan a Bayer Argentina. O sea que eligió alambrar su territorio, no sea que existan consecuencias penales... desde el caso IBM - Banco Nación, todo ejecutivo de una trasnacional sabe que cuando hay dificultades, la casa matriz no banca... Para peor no es el 1er. incidente que enfrenta Bayer. En 2001, debió retirar del mercado Lipobay, un medicamento utilizado para el tratamiento de la hipercolesterolemia, luego de que se reportara la muerte de varios pacientes en tratamiento con esta droga. # ¿Y dónde está el ministro? Ginés González García es un ministro extrovertido, mediático, permanente acompañante de Hilda González de Duhalde y amigo de Alicia Kirchner, que pertenece a la misma rosca de sanitaristas justicialistas que en los '70 hasta llegó a integrar Alberto Mazza, el lamentable ministro de Salud que tuvo Carlos Menem durante gran parte de su mandato (Mazza abandonó a los sanitaristas para montar un negocio de medicina prepaga). Se esperaba una reacción veloz de Ginés González García, por la dimensión del escándalo y por la gravedad de la dolencia. La Argentina figura –con 100.000 dosis de fármaco potencialmente letal– en la triste lista de países del 3er. Mundo a los que la subsidiaria de la Bayer, vendió, por lo menos entre febrero de 1984 y julio de 1985, concentrados antihemofílicos contaminados con el virus del sida, que ya habían sido retirados del mercado en USA. La hemofila es una afección congénita que afecta a uno de cada 10.000 varones; quienes la padecen carecen de uno de los elementos que permiten la coagulación de la sangre (el Factor VIII), por lo que ante una lesión sufren hemorragias potencialmente mortales. El concentrado de este factor, que se obtiene a partir del plasma de donantes, permite restablecer transitoriamente la coagulación. A principios de los '80, en los albores de la epidemia del sida, este producto resultó ser la peor de las medicinas. Al no contarse con métodos para detectar el virus, era imposible determinar si el plasma estaba contaminado con el HIV. "En la Argentina (y en el resto del mundo) se dio una situación paradójica, que era que las personas que podían acceder al tratamiento con estos concentrados antihemofílicos comenzaron a infectarse con el HIV, mientras que los que no accedían al tratamiento o debían utilizar medicamentos alternativos menos efectivos eran los únicos que no se contagiaban", comentó Tezanos Pintos. Por esos días, los mejor tratados para su hemofilia eran los que mayor riesgo de vida tenían por el sida, y viceversa. ¿Por qué tardó más de un año en llegar a la Argentina y a los citados países de Asia la nueva versión del concentrado de Factor VIII? Según los periodistas de The New York Times ocurrió poque "Al continuar vendiendo la vieja versión de esta medicina, los ejecutivos de Cutter estaban tratando de evitar quedarse con grandes cantidades de este producto en sus depósitos que estaba volviéndose invendible en los Estados Unidos y en Europa". Tal es así que, a fines de 1984, cuando un distribuidor de medicamentos de Hong Kong se mostró interesado ante la subsidiaria de Bayer por la nueva versión del producto, Cutter dijo que primero "acabara los stocks" de la vieja versión antes de pasarse a su producto "más seguro", reveló el citado diario. En 1985, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, un organismo serio del que debería incorporar algo la Anmat) de los Estados Unidos amonestó a Cutter y a otras tres compañías norteamericanas que actuaron en forma similar. "Es inaceptable vender estos productos a otros países", se puede leer en un documento firmado por el doctor Harry M. Meyer, entonces a cargo de productos sanguíneos de la FDA, que pidió que el tema fuera "resuelto silenciosamente, sin alertar al Congreso, a la comunidad médica y al público". Durante toda la jornada el Ministerio de Salud se mantuvo al margen del problema; Ginés González García habló de Néstor Kirchner, de lo que fue la gestión de Eduardo Duhalde, de cómo deberían ser los programas sanitarios en el futuro, pero sobre la emergencia cotidiana, nada. Sí, es verdad que González García nada tuvo que ver con lo ocurrido pero hoy es la autoridad pública y quien debería reformar la Anmat para que el universo de consumidores de medicamentos duerma tranquilo en el futuro. ¿O Ud. pondría las manos en el fuego de que hoy no puede estar ocurriendo algo similar? Sí, quizá si se trataba de un genérico, la especialidad del ministro, otra hubiese sido su respuesta. ------------- (*) Especial para Urgente24.
