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Para agendar: los nuevos líderes de Latinoamérica

Un sondeo realizado en Santiago de Chile, por el semanario Qué Pasa, entre 36 expertos de 10 países muestra quiénes serán los líderes de la región en los próximos años. Hay figuras conocidas y consolidadas, otras que prometen y algunas que recién comienzan a aparecer. No hay nadie de la Argentina.
Por Kathrine Liepins y Daniela Santelices (*) Las mujeres lo adoran. Es soltero, buenmozo, inteligente y poderoso. En sus encuentros con sus seguidoras debe posar para fotos, firmar autógrafos y regalar abrazos. En una ocasión demoró más de una hora en llegar al escenario para dar su discurso. Todas lo querían saludar y demostrarle su admiración. Aécio Neves es gobernador electo de Minas Gerais y su éxito lo proyecta como uno de los personajes claves de la política latinoamericana. Figuras emergentes como Neves prometen renovar la clase política que en el último tiempo ha sido blanco de serios cuestionamientos por corrupción, mal manejo de crisis económicas y falta de credibilidad. Qué Pasa realizó un sondeo entre 36 expertos y editores de medios de comunicación de diez países latinoamericanos para determinar quiénes son los futuros líderes de la región. El resultado del estudio concluyó que la mayoría de los políticos con perspectivas son profesionales consolidados, con estudios en el extranjero y con contactos en organismos internacionales. Sobresalen del resto por su credibilidad y capacidad de mando. "Aparecen como un posible cambio y hay esperanzas en ellos", afirma el analista boliviano Jorge Lazarte. Entre los 11 personajes seleccionados destacan tres clasificaciones: los consagrados, las promesas y los jóvenes. Los primeros poseen un nutrido currículum y una fuerte base de apoyo. Son personeros que han ostentado importantes cargos públicos o que han obtenido resultados electorales contundentes. Sus caras son las protagonistas del debate nacional y en los próximos años podrían llegar a la presidencia. La categoría de las promesas incluye a figuras más nuevas con menos experiencia política, que han hecho una rápida carrera y tienen grandes proyecciones. Muchos de ellos ya se ven como candidatos a la jefatura de Estado gracias a que han podido mostrar sus aptitudes desde algún cargo público. El tercer grupo lo componen hombres menores de 40 años que han tenido un desempeño exitoso. Aunque recién empiezan a ser parte clave de la política nacional desde sus cargos públicos, todavía les falta consolidar su trayectoria y ampliar su base de apoyo para convertirse en grandes figuras. A pesar de que el sondeo se realizó en todos los países de Sudamérica y México -a excepción de Chile-, no siempre se pudo determinar la existencia de futuros líderes en algunas naciones. Es que parte de la crisis política y económica por la que atraviesan algunos Estados de la región se debe precisamente a la ausencia de nuevas figuras que refresquen la política y logren captar a un electorado decepcionado por la clase dirigente tradicional. Este es el caso de la Argentina, donde la aguda crisis institucional y el fuerte desprestigio de los políticos impiden el surgimiento de personajes que representen una esperanza de cambio. "Para que haya carrera política, es necesaria la normalidad política", dice el analista trasandino Julio Burdman. "No hay construcción de liderazgos a nivel nacional, ni ofertas socialmente acreditables", añade desde Buenos Aires el experto Jorge Giacobbe. En Uruguay tampoco ha habido un recambio, porque los dirigentes tradicionales han ahogado el nacimiento de propuestas distintas. "Hay un problema de edades y la renovación es muy lenta", explica el analista montevideano Oscar Botinelli. Algo parecido vive Ecuador, que es otro de los países que carece de caras nuevas que prometan. "Lo que hay es la repetición de los políticos, es una especie de rotación", señala el escuatoriano Luis Eladio Proaño. Los consagrados El intelectual: Nicanor Duarte Frutos (Paraguay). A los 18 años se inició como militante del gobernante Partido Colorado de Paraguay. A los 38, ya era miembro de su directiva. A los 42, fue el compañero de fórmula del asesinado ex vicepresidente Luis María Argaña. Y hoy, a los 46, Nicanor Duarte Frutos, abogado, periodista y master en ciencia política, lidera el partido y se perfila como su carta más segura para las elecciones del 2003. A su corta edad, Duarte Frutos se ha consagrado como una de las figuras más prominentes de Paraguay. Su popularidad bordea el 38 % y ésta se atribuye a su trayectoria. Pero también a que encarna una atractiva mezcla de frescura y tradición inexistente en el país. Por ejemplo, Duarte es de los pocos colorados que no provienen del entorno del ex dictador Alfredo Stroessner (1954-1989), que cuenta con una sólida base intelectual y cuya gestión pública destaca por su eficiencia. Duarte fue titular de Educación de Juan Carlos Wasmosy (1993-1998) y del presidente Luis González Macchi y por ello la cara de la elogiada reforma educativa paraguaya. No obstante eso, el ex columnista del diario Ultima Hora no ha abandonado los postulados tradicionales de su partido. Sigue oponiéndose a las privatizaciones y a reformar el Estado. La conservadora: Lourdes Flores Nano (Perú). Estuvo cerca de ser la primera presidenta de Perú. Pero el 8 de abril de 2001, Lourdes Flores, la candidata de Unidad Nacional, no pasó a la segunda vuelta electoral. A pesar de esto, esta abogada, master y doctora en Derecho de 42 años, no se dio por vencida. Aprovechó el liderazgo que por meses ejerció en la derecha peruana y se consolidó como una efectiva oposición al gobierno de Alejandro Toledo. "Sus opiniones tienen mucho peso", dice el analista Eduardo Castillo. "Flores es la representante de la derecha, los empresarios y los católicos". Si bien su popularidad sigue detrás de la del ex presidente Alan García, los expertos aseguran que Flores tiene un sillón asegurado en la política peruana. Ya fue asesora del Ministerio de Justicia, regidora de la Municipalidad de Lima y diputada por el Partido Popular Cristiano a comienzos de los '90. Nadie duda que vuelva a intentar la presidencia o un escaño en el Congreso. El revolucionario: Evo Morales (Bolivia). Se inició como defensor de los cultivos de coca de la región de El Chapare. Pero su discurso antierradicación, antiprivatizaciones, anti Estados Unidos, pudo más. En una década, Evo Morales, aymara de 42 años, saltó de ser un representante local en Cochabamba (1993) a convertirse en el fundador de su propio partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), hoy la segunda fuerza del país. Luego fue elegido diputado nacional con la mayor votación de Bolivia y en junio estuvo a punto de convertirse en el Presidente de la Nación. De ir cuarto en las encuestas, Morales se transformó en uno de los favoritos y obtuvo el segundo lugar, tras Gonzalo Sánchez de Lozada. Su rápido crecimiento electoral lo consolidó como una figura de oposición y de alta proyección en la política boliviana. Ahora le resta demostrar que su partido es más "que un sindicato y convencer que sus propuestas radicales sí son viables", dice el analista boliviano Carlos Toranzo. El tecnocrata: Jorge Quiroga (Bolivia). Jorge Quiroga (42) arribó a la política boliviana comienzos de los 90 como parte de una estrategia. Era un joven ingeniero, con un master en administración, un pasado apolítico y buena llegada con los organismos financieros. A ojos del ex presidente Hugo Banzer, Quiroga era la pieza perfecta para irradiar modernidad. Por eso lo convirtió en subsecretario de inversión durante la administración de Jaime Paz Zamora y en su compañero de fórmula en las elecciones de 1997. Pero Quiroga logró demostrar que era más que la pieza de un engranaje. Durante su vicepresidencia (1997-2001), su tono juvenil lo transformó en el político más popular del país. Su prueba de fuego se produjo entre agosto de 2001 y 2002, cuando asumió la Jefatura de Estado en reemplazo del moribundo Banzer. En ese período, Quiroga logró evitar un colapso mayor de la alicaída economía, aquietar los conflictos sociales y consagrarse como líder. Las promesas El sobrio: Santiago Creel (México). Se caracteriza por sus ojos azules, trato amable y por anteponer a todo el cumplimiento de la ley. Es Santiago Creel, el ministro del Interior del presidente Vicente Fox, un abogado de 48 años que entró tarde a la política mexicana, pero que ya se perfila como el seguro sucesor de Fox en el oficialista Partido Acción Nacional (PAN). Después de desempeñarse por años como consejero ciudadano del Instituto Federal Electoral (IFE), Creel se convirtió en diputado y presidente de la Comisión de Gobierno y Puntos Constitucionales en 1997. Dos años después se inscribió en el PAN y con eso comenzó su ascenso. En el 2000 postuló fallidamente a la Jefatura de Gobierno de Ciudad de México. Al año siguiente, Fox lo convirtió en su ministro de Interior. Desde ese lugar, Creel ha visto repuntar su popularidad (50 %). Ha contado con el apoyo del mandatario -que resalta cada cierto tiempo su figura- y ha desarrollado un estilo conciliador con el PRD y el PRI. A través de su estilo contemporizador, Creel busca, según los analistas, forjar una base de apoyo para el 2006. El temido: Andrés Lopez Obrador (México). A ratos es sereno y a ratos, irascible. "Uno es como es y ya", dice Andrés Manuel López Obrador, 49 años, el Jefe de Gobierno de Ciudad de México y el segundo político más importante del país. Con 50 % de popularidad, López se perfila como el candidato más seguro a la presidencia de 2006 por el Partido de la Revolución Democrática (centroizquierda). La razón es simple. No sólo ocupa uno de los cargos de mayor proyección de México, sino que ha cumplido sus promesas, como aumentar el gasto social. Con eso se ganó a los mexicanos, pero también demostró que su temido discurso contra la corrupción no es una fantasía. López perdió en dos oportunidades la gobernación de Tabasco en los '90 por "oscuros manejos" y desde entonces se ha propuesto alejar a los poderes fácticos del país. Su buena gestión como presidente nacional del PRD (el partido pasó de 1,9 millón de votos en 1991 a 6 millones en 1997) lo convirtió en el máximo jefe de la capital. Pero para llegar a la presidencia debe mantener alta su popularidad y lograr que su partido -tercera fuerza del país- se convierta en uno de los favoritos. Las promesas El independiente: Enrique Mendoza (Venezuela). Si las elecciones presidenciales se realizaran hoy en Venezuela, el ganador sería Enrique Mendoza (57), el gobernador del estado de Miranda y un férreo opositor al presidente Hugo Chávez. Vestido siempre con ropa deportiva, este ex concejal, alcalde y diputado del partido Copei, se convirtió en un independiente con alta credibilidad que ha conectado de manera espectacular con los sectores populares, a pesar de provenir de un grupo más acomodado. "Mendoza habla como ellos", dice el analista Luis Vicente León. "Se visualiza como la opción número para las futuras elecciones presidenciales". El mas sexy: Aecio Neves (Brasil). Es considerado el político con mayor proyección de Brasil. Tanto así que casi no hay dudas de que será el próximo candidato del oficialista partido PSDB a las elecciones del 2006. El propio mandatario Fernando Henrique Cardoso ha sugerido que es su sucesor natural. Incluso se ha dicho que era su Plan B en caso de que el poco carismático José Serra no compitiera. Nieto del fallecido presidente Tancredo Neves, Aécio (42), economista, ha tenido una carrera veloz. Ha sido electo en cuatro oportunidades diputado federal por Minas Gerais. En febrero se convirtió en el presidente más joven de la Cámara Baja y acaba de ganar en primera vuelta la gobernación de Minas Gerais. El urbanista: Enrique Peñalosa (Colombia). Economista e historiador, Enrique Peñalosa es uno de los hombres más populares de Colombia. Su éxito lo debe a su elogiada gestión como alcalde de Bogotá, (1998-2000) en la que puso en marcha el primer sistema de transporte masivo de la ciudad (Transmilenio), construyó calles, ciclorrutas y un millar de parques. Gracias a esto, Peñalosa se ganó la fama de eficiente y honesto. Obtuvo la admiración de todos los sectores al punto de que en las pasadas elecciones recibió ofertas de distintos partidos. Pero Peñalosa, liberal de corazón pero no de partido, prefirió reservar su opinión, sin negar su interés por la presidencia el 2006. Los jóvenes El justiciero Julio Borges (Venezuela). Su vocación siempre ha sido reformar el sistema judicial de Venezuela. Por eso a los 22 años fundó la ONG Primero Justicia, que brinda asistencia legal gratuita a los más pobres. Y luego aceptó la conducción de un programa de televisión en el cual hace de juez en causas del público. Pero Julio Borges, abogado de 32 años, quiso ir más lejos. Aprovechando las críticas al gobierno de Chávez, transformó su movimiento en un partido en el 2000. Gracias a su exposición pública y a su discurso pro democracia, se convirtió en el primer parlamentario de su colectividad, que ya posee 22 concejales, 2 alcaldes y 5 diputados. Y hoy es uno de los favoritos para suceder a Chávez, después de Enrique Mendoza. Los analistas dicen que Borges es uno de los frutos de esta crisis política. Pero uno que por su juventud y corta trayectoria, deberá demostrar que puede administrar a todo un país. El emprendedor: Lazaro Cardenas Batel (México). Su abuelo fue el ex presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940). Y su padre, el ex candidato presidencial Cuauhtémoc Cárdenas. Pero Lázaro Cárdenas Batel tiene una característica especial: ha volado alto con su propio esfuerzo. A sus escasos 38 años, este etnohistoriador ya ha participado como fundador de una fuerza política (el Partido de la Revolución Democrática, PRD, en 1989), se ha desempeñado como diputado y como senador federal. Su última aventura ha sido la gobernación de Michoacán, estado que dirige desde este año. Pero llegar ahí no ha sido fácil. Si bien su apellido pesa, ha debido romper por sí mismo las resistencias de antiguos sectores priístas de Michoacán. Saliéndose de la línea de su abuelo, se mostró a favor de la entrada de capitales privados en las compañías estatales y se ganó a los empresarios. Recorrió pueblos enteros y se hizo popular. Según los analistas, Cárdenas ha demostrado una buena gestión como administrador estatal, tanto así que no se descarta que sea una carta presidencial del PRD en el futuro.

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