El documental es un viaje espiritual en el que los Isaacson se descubrirán a sí mismos como individuos, como pareja, como familia. Un viaje en el que aceptarán el autismo de Rowan y asistirán a sus progresos gracias al contacto con los animales. Un viaje entre la aventura y la intimidad; un guiño "a las miles de familia que se enfrentan con creatividad y coraje en la batalla diaria contra esta epidemia misteriosa y desgarradora que es el autismo".
Aunque como Rupert se apresura a aclarar, no se puede decir que el viaje haya curado su autismo. Sí ha cambiado a Rowan, han desaparecido sus rabietas, su propensión a aislarse del mundo y a rechazar todo contacto humano; ha vuelto su sonrisa, han mejorado las manifestaciones psíquicas y psicológicas de la enfermedad, pero como dice su padre, el autismo sigue ahí.
Su vuelta de Mongolia ha dado lugar no sólo a la película, sino también a un libro ('The Horse Boy') y a una fundación que aloja un pequeño centro de equitación en Texas, dirigido a niños como Rowan, con autismo y otras necesidades especiales.