'Efecto invernadero': Algo está cambiando (aunque muy lentamente)
MADRID (
Gore predica con ella la necesidad de una acción medioambiental inmediata como garantía de supervivencia. Es en este país donde el debate está desde hace meses, y por primera vez, en la calle, en los foros ciudadanos y en Wall Street. Corren vientos de cambio.
David Downie es director de la Mesa Redonda Global para el Cambio Climático del Instituto de la Tierra en la Universidad de Columbia. Para este profesor, el cambio de percepción, sensibilidad y línea de acción se ha dado poco a poco y a ello han contribuido las últimas anomalías climáticas, la película de Gore "y el hecho de que hay una seguridad científica cada vez mayor. También ayuda el hecho de que exista hoy una tecnología que puede reducir las emisiones de CO2 a un coste razonable, especialmente si se compara al coste de no actuar".
Dice Downie que el argumento de que era demasiado caro controlar las emisiones "nunca ha sido verdad y ahora lo es menos que nunca".
Dan Bakal, director de Ceres, una red de inversores y organizaciones medioambientales, explica que aunque no se ha comprobado que el huracán Katrina fuera consecuencia del calentamiento global, "sí dejó claro lo pernicioso que será un cambio de temperatura en el agua y una mayor incidencia de estos fenómenos".
Estos dos expertos, entre otros, consideran que el mayor cambio de percepción ha llegado con las últimas elecciones y la toma del control de la agenda legislativa por los demócratas, más sensible a este problema.
George Bush no lo es. Su Administración ha tratado de silenciar y cosechar dudas en el debate durante toda su Presidencia y sólo ahora se apunta tímidamente a alguna iniciativa, aunque más por motivos de seguridad nacional y por depender menos del crudo de Oriente Próximo y Venezuela. A falta de una acción desde Washington, quienes han actuado son los Estados, entre ellos California, gobernada por republicanos.
Downie explica que las empresas "que han sido siempre opuestas a las legislaciones de este tipo ahora hacen lobby por leyes específicas". Prefieren participar en la legislación que quedarse fuera y además desean que sea "federal y no que haya distintas iniciativas en cada Estado que dificulten su implementación".
Algunas compañías apoyan incluso que haya límites en las emisiones de gases. En el mundo de la empresa y la inversión el cambio de perspectiva está siendo acelerado. Goldman Sachs fue de los primeros que contempló la actuación medioambiental como criterio inversor, Calpers y otros inversores llevan años presionando a favor de políticas corporativas más verdes y no sólo en eléctricas o petroleras. Son políticas costosas pero parece que ahora el coste compensa y es asumible.
En Silicon Valley lo nuevo son las energías renovables y en el año 2006 se invirtieron en investigación en esta área 2.400 millones de dólares, el doble que en 2005. El desarrollo del etanol, con un futuro tan cuestionable como imparable, convierte a los campos del Midwest en las hectáreas más caras del país y el maíz en oro.
En Europa la revolución verde llegó antes. En 1997 la UE ratificó Kioto y aunque su cumplimiento está lejos de ser un éxito, hace unos días los jefes de Estado y Gobierno aprobaron medidas que superan las de este protocolo que caduca en 2012.
La UE ha acordado rebajar la emisión de los gases de efecto invernadero un 20% desde los niveles de 1990 en los próximos 13 años. Se han fijados objetivos de cuotas para energías renovables y que éstas supongan el 20% de la oferta, además, en 2020 el 10% de los coches deben rodar con biocombustibles.
La UE no ha acordado cómo poner en marcha estos compromisos pero su liderazgo puede ser importante para que se tomen medidas decisivas cuando se tenga que renovar Kioto, en 2012 o antes. Es importante porque esta vez EE UU y China, que también está dando pasos para reducir su contaminación, pueden unirse al nuevo pacto global que podría empezar a gestarse en Copenhague en 2009.
¿Es demasiado tarde? La demanda de energía crecerá un 50% en los próximos 30 años y habría que reducir el uso de los combustibles fósiles para no ahondar en el problema del calentamiento. ¿Son poco ambiciosos los objetivos de reducción de gases?
Con los objetivos de reducción de gases y las fechas fijadas en los acuerdos actuales lo que los científicos buscan no es volver a una situación previa a 1950 sino evitar que se pasen ciertos umbrales de emisiones que tengan consecuencias dramáticas. Con estos objetivos podrían evitarse.
"Si los US$ 70.000 millones invertidos en energías renovables se hubieran invertido, no ahora sino hace 10 años, estaríamos mejor", reconoce Bakal.
"Tenemos que usar más energías alternativas y ser más eficientes en el consumo de combustibles fósiles", dice Downie, quien recuerda que la Edad de Piedra "no acabó porque se acabaran las piedras y de la misma manera ahora no dejaremos de usar combustibles fósiles porque no hemos acabado con ellos, los utilizaremos pero evitando emisiones. Hay tecnología para hacerlo". Es cara, pero menos que la subida del nivel del mar en todo el planeta.