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Estimule su cerebro: Conozca los beneficios del sexo grupal
La fantasía juega un papel muy importante en la vida sexual de la mayoría de las personas, ya que es una forma de ensayo sexual que nos orienta por senderos tanto familiares como por vías nuevas e imaginarias. Y además estimula el cerebro. Conozca cuáles son los estimulantes que prefieren hombres y mujeres y los beneficios que trae mantener sexo grupal.
17 de agosto de 2006 - 09:00
Todos respondemos a las fantasías porque el órgano más importante del placer es el cerebro. Éste, como asiento de las emociones, puede ser responsable de encender o apagar nuestra sexualidad.
* Estimulantes sexuales
En ocasiones, cuando el deseo decae y disminuye la frecuencia de la actividad sexual, muchas personas intentan echar mano de elementos ajenos para aumentar el deseo sexual: los estimulantes sexuales o afrodisíacos. Otras veces se trata de simple curiosidad, de un interés por añadir novedades a la práctica sexual cotidiana.
Desde antaño han propuesto numerosos productos con supuestas facultades afrodisíacas. El clorhidrato de yohimbina y el polvo de cantárida son muy famosos, y, sobre todo respecto al primero, existen varias leyendas urbanas sobre su uso en fiestas para desinhibir sexualmente a las mujeres.
Ninguno de las dos sustancias son estimulantes sexuales. Sí que producen cierta vascularización genital e irritación uretral, lo que produce una comezón que puede confundirse con los ardores sexuales. Pero poco más. Un problema importante es que en dosis no muy altas, son productos tóxicos que pueden llevar a la muerte por envenenamiento a quien los ingiere.
* Otros no estimulantes muy populares
Otros productos han surgido en la mente popular como afrodisíacos por una cierta analogía supersticiosa. Así, el polvo de cuerno de rinoceronte, lo único que tiene de afrodisíaco es la imagen erguida, grande y rígida de esa parte del animal, que recuerda a un pene en erección. Nada más.
Los alimentos tipo ostras (cuyo olor y textura puede recordar a algo que no voy a decir aquí), gambas (con otra clase de evocación), condimentos como el azafrán o la canela (con efectos tónicos generales ciertos), sólo sirven como afrodisíacos si ponemos mucha fe en ello.
Pero es que si creemos firmemente que un azucarillo disuelto en un vaso de agua nos va a estimular sexualmente, lo hará. Porque el verdadero estimulante sexual está en la imaginación.
En realidad no existen sustancias capaces de estimular el apetito sexual, salvo una hormona, la testosterona.
Se ha comprobado que tanto a los hombres como a las mujeres, cantidades variables de esa hormona provocan un pico de excitación sexual que baja cuando ceden las concentraciones de testosterona en el plasma.
El problema de la testosterona es que su consumo regular tiene efectos secundarios importantes, pues aparte de incrementar el vello en la mujer, hacer su voz más grave y aumentar el tamaño del clítoris, puede facilitar la aparición de algún tipo de cáncer, como en los hombres.
* Con mucha imaginación
Sin embargo, imaginación tenemos todos (unos más que otros), no es peligrosa, carece de efectos secundarios y resulta gratis. De modo que cuando queramos más estimulo sexual debemos acudir a ella.
Porque es ella la que hará estimulante cualquier cosa que queramos que lo sea. Y su estímulo ocasiona un verdadero aumento del deseo sexual en un momento dado. Así, las fantasías sexuales, propias y compartidas, harán que nuestra pareja y nosotros mismos nos pongamos a cien.
* Y los sentidos
También los sentidos son vías regias para llegar a nuestra mente y estimular el deseo sexual. La evocación de olores, sabores, tactos que tengamos asociados a encuentros sexuales previos, pueden elevar nuestro deseo sexual si así nos lo proponemos.
Escuchar, leer o ver escenas eróticas o abiertamente pornográficas son un excelente estímulo sexual muy efectivo. A solas o compartiéndolo con nuestra pareja. Acudir a ver un espectáculo erótico puede ser uno de esos estimulantes. Contemplar una película pornográfica, también. Leer una novela erótica, igualmente. Y son muy efectivos.
Las escenas que más gustan ver, leer o escuchar a las mujeres son, por este orden:
- un hombre masturbándose,
- un hombre y una mujer teniendo relaciones sexuales (incluso si él se muestra algo brusco),
- sexo en grupo con más mujeres que hombres (sobre todo si hay mujeres que se relacionan entre sí),
- lo mismo pero con más hombres que mujeres y, finalmente, hombres manteniendo relaciones homosexuales.
Para los hombres, las escenas son casi las mismas:
- una mujer masturbándose,
- un hombre y una mujer manteniendo relaciones sexuales,
- dos mujeres teniendo relaciones sexuales, y sexo en grupo.
Así las fantasías sexuales son posibles en virtud de nuestro circuito cerebral, conformado de estructuras altamente evolucionadas.
Estas se inician desde la niñez o la adolescencia. Su papel consiste en ser inductoras o potenciadoras de la excitación sexual, como elementos que ayudan a salir de la rutina y como ensayos imaginarios de situaciones y conductas que muchas veces no están al alcance, o bien porque la sociedad no lo acepta o el propio código moral nos prohíbe llevarlas a la practica.
Es de sobra conocida la estrecha relación que existe entre el impulso sexual y las fantasías. Comúnmente las personas con pocos deseos eróticos son quienes menos fantasías sexuales tienen. No obstante, el hecho de que alguien imagine algo sexual, no presupone que necesariamente deba llevarla a cabo. Es más, a una gran mayoría de personas nunca se les ocurriría realizar un acto real de esas fantasías. Muchas veces, el traslado de la fantasía a la realidad es decepcionante, desagradable y pierde su valor erótico como fantasía.
Para decidir sobre la realizacion de una fantasía en los hechos, es conveniente revisar de manera profunda cómo ésta podría llegar a afectar e impactar la vida emocional, en lo personal y en la pareja.
En un estudio reciente se encontró que cerca del 80 % de hombres y mujeres acuden a fantasías sexuales para acrecentar su excitación. En cuanto al contenido de aquellas, los temas sobre los que fantasean damas y caballeros son muy parecidos: sexo en una playa solitaria, una pileta, en un bosque, entre otras. Quizá la diferencia estriba en que las mujeres realizan guiones un tanto más elaborados donde sus compañeros tienen una personalidad más definida, son tiernos, románticos y manifiestan una profunda emoción en la historia. Pero evidentemente, no hay límites.
Las fantasías, al igual, entran comúnmente en acción, sin mayor problema en la masturbación, en el autoerotismo, lo mismo que en la práctica sexual con la pareja. En el acto sexual es común que la mente viaje tan lejos como la imaginación quiera, pero estrechamente ligada a la experiencia de ese momento y motiva sensaciones agradables en la relación sexual en su conjunto.
