El chimpancé, que llegó al santuario en 1960, amaba pintar con sus dedos y ver fútbol americano, y se calmaba escuchando música cristiana, dijo al diario Tampa Tribune Debbie Cobb, director del Santuary Suncoast Primate.
"Podía saber cuando yo tenía un día bueno o un día malo. Siempre trataba de hacerme reír si yo estaba teniendo un día malo. Estaba muy a tono con los sentimientos humanos", comentó Cobb al periódico.
Ron Priest, un voluntario que trabaja en el santuario, dijo al Tribune que Chita se destacaba porque podía ponerse de pie, con la espalda erguida, como un humano, además de tener otros talentos.
"Cuando no le gustaba alguien o algo que pasaba, agarraba algo de sus excrementos y se los arrojaba. Podía lanzarlo hasta unos 30 pies (unos nueve metros) a través de las barras" de su jaula, recordó Priest.
La adaptación en español del nombre del chimpancé era 'Chita', por lo que se consideraba que se trataba de una mona. Sin embargo, el apodo americano original es 'Cheetah' y se trata de un mono. De hecho, su personaje original es masculino.