Algunos lo han visto en una casa rodante en Louisiana; en Osaka, Japón, tomando cursos de danza del vientre; en la República Checa conduciendo un tranvía, o comprando zapatos de gamuza azul en Gran Bretaña.
Pero el testimonio que más se repite en innumerables sitios consagrados a las apariciones de Elvis se refiere a encuentros en cadenas de comida rápida en todos los rincones del planeta, desde Sydney hasta Los Angeles, pasando por Bruselas y Kalamazoo.
No hay pruebas ciertas, pese a una recompensa de 3 millones de dólares ofrecida a quien pueda aportar elementos concretos de que Elvis aún vive.
Los adeptos a la teoría del complot defienden versiones de todo tipo para explicar que Elvis habría simulado su propia muerte. Algunos afirman, por ejemplo, que la leyenda del rock se beneficiaría del programa de protección de testigos y trabajaría para la agencia estadounidense de lucha contra la droga (DEA, por sus siglas en inglés). Por eso, tendría que viajar por todo el mundo, lo que explicaría todas estas visiones.
Tampoco faltan quienes plantean la hipótesis de un secuestro extraterrestre o quienes dan rienda suelta a su imaginación: un fanático británico está firmemente convencido que tras una experiencia de clonación, existen en realidad miles de Elvis. Explica que uno de ellos le contó que cada clon podía ser el Rey durante un día, pero que debido a un retraso de los clones del 15 y 16 de agosto de 1977, el clon del 14 de agosto quiso quedarse más tiempo y sufrió un fin trágico. Los miles de clones restantes se reconvirtieron entonces como sosias.
Y hay un último indicio. El nombre de Elvis es el anagrama de "Lives": él vive.