Anticipando el arribo de 'las vacas flacas' (apuntes para el poskirchnerismo)
CIUDAD DE BUENOS AIRES (
Exante). La excesiva liquidez internacional ha dado sin lugar a dudas un tremendo espaldarazo a las economías emergentes en los últimos cinco años. La extraordinaria debilidad que mostró el dólar junto al vigoroso crecimiento que experimentaron las economías del este de Asia conformó un marco sin precedentes para dinamizar los mercados de
materias primas, y, consecuentemente, sus precios medidos en dólares se dispararon.
En promedio, estos cotizaron entre 2002 y la actualidad un 9% por encima del promedio 1990-2001. Ante este propicio contexto internacional, las economías latinoamericanas, en general, lograron mejorar sus cuentas externas y fortalecieron su situación fiscal, consolidándose en la región un proceso de saludable crecimiento, con relativa solidez en las variables macroeconómicas fundamentales.
Ese proceso se iba gestando en el mundo mientras que Argentina se sumergía en la más profunda crisis de su historia, que desembocó en la devaluación del peso a comienzos de 2002. Rápidamente a partir de entonces vimos cómo la actividad económica logró recuperarse y, en solamente 3 años, alcanzar la marca máxima histórica correspondiente a 1998.
> El tipo de cambio real logró mantenerse en niveles muy elevados y
prácticamente estables desde fines de 2002.
> Los salarios reales se recuperan muy lentamente, en particular, los del sector público que aun están muy por debajo de los niveles previos a la devaluación.
> La inflación (y las expectativas inflacionarias) se perfilan a valores de un dígito, al igual que la tasa de desempleo.
> La recaudación tributaria muestra un extraordinario desempeño y las necesidades de financiamiento del sector público nacional no presentan mayores motivos de preocupación.
> El riesgo país está en sus mínimos históricos.
> Los depósitos volvieron lentamente a los bancos, etc.
Ahora bien, la pregunta del millón es hasta cuándo se podrá seguir disfrutando de esta panacea.
Lo cierto es que, en el ámbito externo, a partir de mediados de 2004, los brotes inflacionarios justificaron la decisión de los bancos centrales de las principales potencias, liderados por la Reserva Federal de Estados Unidos, de comenzar un sostenido proceso de contracción de la liquidez cuyos efectos todavía no se han transmitido plenamente sobre las economías globales.
En cualquier ámbito académico se debate hoy acerca de los efectos y dimensiones que podrían llegar a tener estos ajustes, de la probabilidad de un "aterrizaje suave". La reversión del ciclo es inevitable, el dólar tenderá a apreciarse en el mundo, las tasas de crecimiento se moderarán, pero
> ¿En qué magnitud?
> ¿Cuánto tiempo llevará?
> ¿Cuánto costará en términos de actividad económica?
> ¿Cuán fuerte será la presión a la baja que sufrirán los precios de los commodities?
Los países emergentes, principalmente aquellos fuertemente dependientes de las fluctuaciones de estos precios no quedarán inmunes.
Por un lado, los precios de sus exportaciones tenderán a caer, se debilitarán sus cuentas externas y sus términos de intercambio, con mayor o menor impacto sobre los tipos de cambio y el nivel de actividad.
Consecuentemente, las cuentas fiscales también se verían negativamente afectadas.
La contracción de la liquidez mermará la entrada de capitales en estas economías.
La magnitud de esos efectos en cada país dependerá de la capacidad de gestión de cada uno de sus gobiernos en el manejo de la crisis, pero, fundamentalmente, de cómo se han ido preparando para enfrentar estas épocas de "vacas flacas".
La teoría macroeconómica es categórica en exaltar los beneficios del desarrollo sustentable, evitándose por todos los medios posibles oscilaciones bruscas en la actividad económica, con sus altísimos costos en términos sociales.
En ese sentido, las políticas fiscales y monetarias juegan un rol central como mecanismo de estabilización.
En nuestro país, en lo que respecta al Banco Central, la política de acumulación de reservas que viene defendiendo la autoridad monetaria desde hace un largo tiempo corre en esa dirección.
Ahora cabe preguntarse qué se hizo en materia fiscal, ¿Con qué recursos cuenta el ya prácticamente olvidado Fondo Anticíclico?
La realidad nos dice que, si bien la holgura fiscal a nivel nacional está asegurada en el corto plazo, algunos indicios señalan que podrían generarse situaciones muy comprometidas si no se toman las medidas adecuadas en tiempo y forma.
El comportamiento del gasto es claramente procíclico y fuertemente discrecional en tanto que los ingresos tienen un fuerte componente distorsivo.
Los números son contundentes: Las retenciones a las exportaciones representaron aproximadamente un 12% del total de recursos tributarios obtenidos por el sector público nacional entre 2002 y 2005, unos US$ 7.900 millones, superando al superávit fiscal logrado durante todo ese período ($ 18.331 millones).
En 2005, los US$ 4.165 millones que se cobraron por retenciones fueron determinantes. Representaron nada menos que el 63% del superávit primario (excluidos los intereses de la deuda), en tanto que el excedente fiscal global fue menor: US$ 3.182 millones.
Cerca del 48% de esos ingresos por retenciones provinieron de la exportación de commodities (combustibles, semillas, oleaginosas y cereales), de allí se desprende la vulnerabilidad de nuestra solvencia fiscal ante una situación externa adversa.
Dado que gran parte de los excedentes fiscales se gastaron, sería útil indagar acerca de la calidad de ese gasto para imaginar sus consecuencias a futuro,
> ¿Se notarán mejoras en términos de eficiencia y calidad en la provisión de bienes públicos?
> ¿Ha promovido el Estado la innovación tecnológica, la capacitación laboral y el desarrollo social?
> ¿Se ha desarrollado algún plan de inversión en áreas estratégicas?
Lamento no tener una respuesta afirmativa.
Un caso ejemplar de política fiscal contracíclica es la que aplica Chile. Esta economía es la primera productora mundial de cobre, por lo que su dependencia con los vaivenes de su precio internacional es altísima.
Hace ya dos décadas, el país cuenta con una especie de cuenta de ahorro, el llamado Fondo de Compensación del Cobre (FCC), que se activa a favor del Fisco cuando el precio del cobre está por encima de cierto valor en dólares establecido como referencia y, en caso de baja abrupta del precio del cobre, el Fondo gira o deposita una diferencia establecida por ley a favor de la empresa productora del metal, la estatal Codelco.
El manejo operativo de esta cuenta de ahorro está a cargo del Banco Central y del Ministerio de Hacienda. Este último establece el "precio base" en función de las estimaciones de los especialistas.
Trimestralmente este precio base se compara con el precio que efectivamente se registró en el mercado externo, representado en este caso por el valor unitario (FOB) de las exportaciones de cobre propio realizadas por Codelco, y se determina el flujo del FCC.
Este mecanismo se originó en 1985 a partir de un préstamo que le otorgó el Banco Mundial al gobierno, el cual ascendió a tan sólo US$ 250 millones.
El altísimo precio al que cotizó el cobre en los últimos años le ha permitido al Fisco chileno acumular cuantiosos recursos. La firma estatal Codelco pagó al Fisco US$ 8.882 millones entre 2001 y 2005, en tanto que al finalizar el 1er. semestre de este año acumuló otros US$ 1.500 millones.
Además de este ahorro, hay que considerar una considerable
rentabilidad financiera derivada de la colocación de esos fondos en los mercados externos de capitales.
Así, el FCC, también conocido como Fondo de Estabilización, permitió al Fisco ahorrar recursos extraordinarios para mantener sus gastos bajo control de manera de enfrentar con ellos eventuales shocks adversos, con el objeto de resguardar la economía y presupuesto nacional de las fluctuaciones económicas internacionales.
¿Cómo se usan esos fondos? Ya en el gobierno de Lagos se dispuso establecer una política de estabilización del precio de los combustibles, producto del impulso que tomó el precio del petróleo crudo y los diferenciales de refinación.
Otra aplicación del FCC se pondrá en práctica próximamente, con la creación de dos nuevos fondos: uno de largo plazo tendiente a asegurar el pago de futuras pensiones mínimas y asistenciales y el otro de estabilización económica y social, que garantiza la persistencia en el tiempo de la "regla de superávit estructural" como mecanismo de resguardo.
Ésta última garantiza que en un período de cinco años móvil se logre un superávit fiscal promedio equivalente a 1% del PIB, meta ampliamente superada en los últimos años, y destina un 0,5% del PIB cuando se excede el superávit del 1%, a capitalizar el Banco Central y otro porcentaje similar al nuevo Fondo de Reserva de Pensiones.
Para 2007, estimaciones oficiales dan cuenta de que el excedente fiscal alcanzará el 7,6% del PIB (aproximadamente US$ 11.000 millones) y que en el cuatrienio 2004-2007 se acumularían excedentes por un 18,8% del PIB (unos US$ 27.000 millones).
Si bien el país trasandino tiene varias materias pendientes, principalmente en el área social como mejorar la distribución del ingreso y los niveles de pobreza, es irrefutable su desempeño a la luz de sus fundamentals y todo indica que va en el camino correcto.
Su política fiscal no ha jugado un papel menor en todo ello y es, junto a su prolijidad en materia monetaria, un resguardo primordial para enfrentar cualquier tormenta.