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Guardia de Hierro, los otros escuderos del General

En los 17 de octubre, habitualmente se recuerda la historia del peronismo. Una de las muchas organizaciones que promovió Juan Perón fue la que, probablemente, más 'cuadros' o dirigentes le ha dado al PJ contemporáneo. Compite con la Juventud Peronista que con Néstor Kirchner logró una suerte de 'revancha' al respecto. La 'Guardia de Hierro' era un nombre tan potente como enigmático y lo abordó Alejandro Tarruella, en un libro que, inevitablemente, termina siendo casi una biografía de Alejandro Álvarez, 'el Gallego', que no es el personaje manso y tranquilo que almuerza casi todos los días en el restaurante de Avenida Balbín; era diferente, y su propio ego condicionó el futuro de su organización. Por supuesto que, como siempre, el debate -inciado en la revista EDICIÓN i, está abierto para que Ud. opine.

POR CAROLA GALÁN Guardia de Hierro. De Perón a Kirchner Por Alejandro C. Tarruella Editorial Sudamericana 287 páginas El autor cuenta la génesis de la organización y el acercamiento a Perón por medio de un encuentro casi providencial entre Álvarez y el general. En una frase, define el espíritu de la formación diciendo que "Los guardianes se movían en el centro político con un riesgo permanente: ser demonizados a derecha e izquierda del peronismo". Primero comienza haciendo una semblanza de la era de la Revolución Libertadora, desde una visión claramente opuesta a ella. Luego, va adentrándose en la presidencia de Eduardo Lonardi para saltar a Arturo Frondizi y los conflictos sociales. El nacimiento de La Guardia de Hierro, que se fue gestando en los barrios como núcleo central, tuvo que ver mucho con el ser porteño, los cafés en La Perla del Once y barrios como Palermo y La Paternal. El crecimiento, se fue dando, según el autor de la siguiente manera: "El pequeño grupo de chicas y muchachos provenientes de círculos universitarios comenzó a realizar su pasaje del ámbito cerrado a los claustros al trajín de incorporar los vecinos de los barrios. Ese fue un punto de inflexión, un momento en el que hubo un mayor interés en conocer el modelo de los guardianes: una organización ordenada de tipo leninista bajo la mirada del estado mayor, a cargo de Belomo y la dirección política de Álvarez. Se tramaba el regreso de las nuevas generaciones que convivían con los militantes de la resistencia, en una experiencia común. Por eso, a la vuelta de Madrid, la discusión abandonó su precaria impresión sobre la lucha armada y el foco, y pasó a la organización de masas desde la retaguardia, pensando en un proyecto político que llegaba al 2000. Ése era el marco para poder concretar el regreso de Perón a la Argentina. Se pone interesante bajo el subtítulo "Ahí vienen los curas" en donde dice que "Julio Bárbaro estudiaba simultáneamente Agronomía y Ciencia Política y era uno de los tipos mas mediáticos del panorama estudiantil junto con Norberto Pajarito Grabois, el líder del Frente Estudiantil Nacional (FEN). Presidía el humanismo en El Salvador desde el ‘ 66, donde los jesuitas tenían al menos dos líneas: una, que iba en camino de la formación de los montoneros, a la que no era ajeno el jesuita Alberto Sily, y otra que lideraba Jorge Bergoglio, cura peronista cercano a Guardia, que llegó al Arzobispado luego de actuar a favor de muchos militantes en los años de la dictadura. En El Salvador también estudiaba Dante Caputo, que sería el primer canciller de Raúl Alfonsín, y a quien algunos recuerdan cercano a Juan Puigbó, ligado a Onganía. Con Bárbaro, con el humanismo, militaban Norberto Habegger y Oscar Di Gregorio, que provenían de la democracia cristiana, quienes con Dardo Cabo y Horacio Mendizábal formarían el grupo armado Descamisados. Ellos actuaban bajo el ala del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo. Antes de formar Descamisados, Horacio Mendizábal, que se convertiría en comandante de Montoneros, se acercó al Cabo al terminar la Mesa de Trasvasamento, una vez que Álvarez no logró convencerlo de sumarse. Algunos jóvenes nacionalistas católicos no querían saber nada con el peronismo ortodoxo y el liderazgo de Perón. Durante la dictadura de Onganía, como sucedió con integrantes de la Juventud Obrera Católica, pasaron a la lucha armada y con las ideas del foco alucinaban a la masa peronista. La Iglesia trabajaba en el escenario político completo, a la izquierda y a la derecha: querían complicar a Perón en todos los espacios para instalar el modelo político italiano de posguerra. Según ellos, la realidad pasaba por el tamiz de lo que algunos denominaban el lonardismo, la corriente que en el ´55 intentó crear una democracia cristiana para realizarla en el peronismo. Pero ese proyecto demandaba congelar a Perón y dejar al peronismo vacío de contenidos, sin liderazgo histórico. De ese modo, el fantasma del nacionalismo católico del ´55 parecía retornar con una novedad: ahora estaba a la izquierda de la sociedad. Perón decía que esa corriente estaba en manos de los colorados, por el color de los trajes de los obispos, los dueños del partido en la Iglesia. Y decía que era un gran movimiento histórico, que en la Argentina pretendía reemplazar al peronismo. Ésa era la DC, a la que el general calificaba como "la masonería blanca" porque entre sus cuadros había gente de la masonería." Más adelante cuenta el rol que jugó Bergoglio después del golpe del ´76 salvando a varios militantes de caer en poder de la Junta Militar. El autor hace una comparación entre Guardia de Hierro y Montoneros, mientras que "los primeros, ubicándose en la ortodoxia peronista y en torno a un cuadro de ideas que serían declaradas de derecha por los seguidores de Firmenich. La derecha en el peronismo, sin embargo, era el Comando de Organización, de Alberto Brito Lima y no Guardia de Hierro. En Guardia decían que Montoneros surgía para ocupar el rol protagónico del clásico espacio de izquierda sin tener un proyecto sólido de construcción de poder, que considerara la organización del pueblo para acompañar la vuelta del general. Para los guardianes había que partir del trabajo de base, en los barrios y entre la gente, para lograr una formación doctrinaria y operativa de sus cuadros. En ese camino, según la doctrina peronista, se precisaba incorporar a la comunidad, la sociedad civil, organizándola para actuar junto a los frentes gremiales y universitarios, en un proyecto de recuperación democrática de la república". En la segunda parte del libro, el autor sigue ahondando en el debate entre la Guardia de Hierro y los montoneros por el tema de la violencia. Los guardianes sostenían que ésta arruinaría los planes de Perón mientras que la organización Montoneros, exhibía un crecimiento cada vez mayor. Le dedica una parte importante a explicar el OUTG, las siglas para Organización Unica para el Trasvasamiento Generacional. Fue un histórico plenario en el que surgió de un acuerdo entre Alvarez y Grabois, y que resultó una suma de las voluntades de la Guardia. Tarruella cuenta que "a fines de 1971, por medio de Norberto Grabois y de Roldolfo Galimberti, Perón envió desde Madrid directivas para impulsar la unidad de la juventud. El acto del 9 de junio de 1972 se organizó bajo esa directiva. El general quería una convocatoria amplia, donde convergerían todos los sectores de la juventud sin proscripciones para generar una dirección única, centralizada, que actuara en la convocatoria a las elecciones presidenciales. Un mes después de ese acto, en julio de 1972, Lanusse daría a conocer la Ley Orgánica de Partidos Políticos, antesala del llamado a elecciones". Y más adelante relata que "El 9 de junio de 1972, la Federación Argentina de Box de la calle Castro Barros, casi avenida Rivadavia, fue invadida por miles de jóvenes peronistas en las últimas horas de la tarde. En las reuniones previas, se había discutido la unidad que planteaba Perón y no hubo acuerdo. Guardia de Hierro posicionó unos mil quinientos militantes (el total estuvo cercano a los 3.000 jóvenes), que temprano ocuparon en general las bandejas que rodeaban al palco; según algunos asistentes fue el grupo que más gente llevó. Allí se anunció la constitución de un Consejo Nacional de la Juventud a nivel nacional, con la mirada puesta en las elecciones. Pero la unidad estaría lejos, ya que la obra recuerda que en julio de 1972 Alvarez viajó a Madrid en compañía de tres referentes más de su grupo y Perón se resistió a recibirlos ya que estaba molesto porque los consideraba artífices de la idea de un grupo cerrado que dificultaba la unidad de los jóvenes peronistas, y que la figura de Alvarez un impedimento para la cohesión que él deseaba. Pero más tarde cambió de idea y pensó que sería bueno que ellos y los montoneros allí presentes, encabezados con Galimberti, elaboren un informe conjunto sobre la situación de la Argentina, algo que no sucedió. Imperdible el tramo en donde habla de las cátedras nacionales y el pensamiento de Amelia Podetti. Lo más jugoso dice que "Desde los años ´70, las cátedras nacionales irrumpieron con la potencia de una pasión dormida en los claustros universitarios. Rubén Bortnik, Alicia Argumedo, Horacio González, Ana Colotti, Gonzalo Cárdenas, Günar Olson, siguiendo ideas de Juan José Hernández Arregui y, en menor medida, de Jorge Abelardo Ramos, plantearon un nuevo tratamiento de la Historia. La reivindicación de los caudillos populares, Juan Manuel de Rosas y su unidad de ideas con San Martín, y el cuestionamiento de la historiografía liberal abrieron una polémica que abría la diversidad de propuestas de las cátedras en un nuevo relato sobre la historia argentina. Desde ahí, se intentaría explicar al peronismo con vistas a la etapa que se iniciaría con la recuperación de los resortes del Estado." Luego explica que la filósofa Amelia Podetti no era ajena a este movimiento, además de ser integrante de Guardia de Hierro. Ella, formaba parte de in movimiento del que eran partícipes muchos de los filósofos del momento. Ellos comenzaron a proponer una mirada de la Historia pero centrada en América, rompiendo con la tradición europeísta que había primado en las universidades hasta el momento. Yendo un paso más allá, el pensador marxista James Petras dice la globalización comenzó con el descubrimiento de América; algo que tiene que ver con la teoría de Podetti que señala que el mundo se hace universal con el descubrimiento de América, momento en el que la Tierra se hace realmente redonda. Su figura e ideas fueron vitales para la doctrina de la Guardia que, con el retorno de Perón a la Argentina habían dejado de estar a la izquierda del general para posicionarse en el centro. "Los guardianes marcaban distancia frente a otros actores políticos, se sentían peronistas, una herramienta al servicio de la conducción estratégica de Perón", subraya el autor. En la tercer parte del libro, ya se adentra en la disolución y el sistema de la post-guardia y llama a ese capítulo "El fin del principio" en donde da cuenta de varios hechos que presagiaban lo que vendría. Muerto el conductor, Á lvarez se decantó por el repliegue táctico que dio paso a la post-guardia. De un total de 15 mil cuadros, 12 mil quedaron fuera de la organización u "orga", como ellos mismos llamaban al grupo. "Las prioridades de esa etapa política fueron dos", sostiene el autor, explicando que "La primera era sostener el orden político apoyando la legitimidad del gobierno de Isabel Perón, cada vez más cerca de Massera. La segunda, una contradicción, era el repliegue de sus fuerzas para buscar un acuerdo con una de las alas de las Fuerzas Armadas antes de la ruptura institucional", de la que estaban plenamente convencidos, según va aclarando Alejandro Tarruella en los párrafos posteriores. También cuenta el llamado que recibió Álvarez por parte de Norma Kennedy en donde López Rega los invitaba a participar de su estrategia. Allí el líder de la GH le aclaró que apoyaban a Isabel pero no al brujo. También relata el episodio en el que, una vez producido el golpe, "El Gallego" fue detenido y luego liberado cuando un agente de inteligencia advirtió a sus captores que no era montonero, si no un integrante de la Guardia de Hierro por lo cual "no era guerrillero". Y así fue que lo liberaron. También cómo la Guardia se fue cerrando y convirtiendo en un pequeño club que se asemejaba más, por momentos, a una secta que a otra cosa. En la última parte habla de personajes más cercanos a la actualidad, desde los ´90 hasta el presente tales como Matilde Menéndez, "Chupete" Manzano, Alberto Flamarique, "Chacho" Alvarez y José Octavio Bordón. En 1984, Álvarez intentó nuclear a ex combatientes guerrilleros y de las Fuerzas Armadas que no habían participado en la represión haciendo un frente nacional para reivindicar a los héroes de Malvinas pero sin demasiado éxito. Cuenta además que, cuando Carlos Menem se enfrentó a Antonio Cafiero en la interna peronista con miras a la presidencia, lo apoyó. El gobierno de Fernando De la Rúa también tuvo en su seno a dos ex guardianes: Alberto Flamarique como ministro de Trabajo y partícipe del escándalo de las coimas en el Senado y Genaro Contartese, quien fue directivo del Banco de la Nación Argentina. Al final del libro, el autor hace un epílogo dedicado por completo a Alejandro Álvarez, argumentando algo que nadie puede negar: No es posible hacer una historia de GH sin hablar de Alvarez, quien según el autor "no cree en políticos. Se trata de un rasgo de su pensamiento armado con pilares de desconfianza tomados de lo conspirativo para mantenerse lejos del centro de la escena y evitar que los efectos de la realidad influyeran en su gente. En cambio, un observador de la ausencia como Álvarez es ajeno, sabe de la realidad y le teme, por eso la considera poco menos que un espacio de vicio". ------------------- Copyright by EDICIÓN i, 2005.

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