Hubo un leve ascenso, aunque menor al de la mayoría de los países de la región.
La estructura exportadora legada para este año se reflejaría en la siguiente torta:
** 38% agroindustria;
** 33% manufacturas industriales:
** 23% commodities;
** 6% combustibles y energía.
Habría que hacer la salvedad de que el rubro de los bienes primarios fue el que recibió de lleno el impacto climático y, de este modo, sería el que más desarrollo tiene por delante.
La incertidumbre que genera el proceso electoral y la volatilidad cambiaria golpea a la actividad económica, que languidece al son de las pizarras.
El Producto Bruto Interno no registra signos vitales por el lado del consumo ni tampoco de la dupla inversión-exportaciones que forma parte del vademécum del Fondo Monetario Internacional.
En el reporte elaborado por el presidente del capítulo argentino de ISPI (International Society for Performance Improvement), investigador y profesor del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), miembro consultor del CARI y director de DNI Consultores, Marcelo Elizondo, queda claramente expuesto que, pese a la política de Mauricio Macri de insertar las finanzas y el comercio del país al mundo, los resultados no acompañaron a las intenciones.
Dependencia concentrada
El sesgo del platillo exportador de la balanza acentuó la dependencia hacia:
** la preeminencia agropecuaria;
** el destino a países emergentes, a partir de las dificultades de entrar en economías muy exigentes;
** la relevancia de Brasil en el Mercosur, sobre todo lo que tenga origen industrial;
** la colocación facilista de bienes prescindiendo de cualquier dificultad geográfica o económica.
Los datos ratifican la poca dedicación que en la práctica el gobierno le dispensó a las transacciones de bienes y servicios con el exterior, más entusiasmado en los primeros dos años con el timbreo en los centros financieros internacionales.
Así fue como las exportaciones dirigidas a países emergentes sumaron en 2018 casi 70% del total: US$43.069 millones, mientras el 30% restante se dirigió a los desarrollados, que recibieron US$18.551 millones.
El 60% de las exportaciones fue absorbido por 15 de los casi 200 potenciales destinos, de los cuales 9 son emergentes: Brasil, China, Vietnam, Argelia, India, Indonesia, Paraguay, Uruguay y Perú; y 6 califican como desarrollados: USA, Holanda, España, Canadá, Suiza, Italia.
Ordenado por regiones o continentes, Sudamérica atrajo el 31% y Asia el 25%, con la sub región Asia Pacífico, con el 18,5%, que, de este modo, superaron al Mercosur y a la Unión Europea.
La revelación fue África, adonde se dirigió el mayor tránsito de mercaderías, excepto Brasil.
Precisamente, el socio comercial por lejos de mayor lugar relevancia acumuló 3 meses consecutivos de superávit comercial en el intercambio de bienes.
En esta oportunidad el saldo fue de +US$36,0 millones, menor que los presentados en los meses previos, de US$261 millones en noviembre y US$114 millones en diciembre de 2018, respectivamente.
En igual mes de 2018, el saldo había sido deficitario en -US$715 millones, de acuerdo con los datos publicados por el MDIC brasileño.
Medidos per cápita, tampoco le dan bien los números a los niveles de exportaciones argentinas: con algo menos de US$1.400, se encuentran muy lejos del liderazgo chileno en la materia, que detenta US$4.363 por habitante.
México marcha a continuación con US$3.600, Uruguay registra más de US$2.600, Paraguay más de US$2.000 y Perú está algo por encima de los US$1.400.
Ecuador, que también acaba de ponerse en manos del FMI, se encuentra a la par que Argentina en exportaciones por habitante, detrás del lote latinoamericanas con menos vocación fenicia, como Brasil, Venezuela, Colombia y Bolivia.
Sin embargo, desde una perspectiva económica y productiva, la desproporción entre Argentina y el resto del mundo en cuanto a la relación entre las exportaciones por trabajador ocupado (US$3348) nos sitúa 39% debajo de la cuerda global (más de 5500).
Chile (casi US$9000) y México (más de US$8000) son los más comprometidos con un sesgo for export, Uruguay está parejo, mientras el porcentaje en Panamá, Costa Rica y Paraguay arroja menos espacio.