En primer término, un distrito medio del Gran Buenos Aires requiere de un ejército de fiscales para cubrir todas las mesas. El promedio son al menos 1.000 personas. Salvo el oficialismo y la principal oposición, nadie los tiene.
Desde ese momento, la ventajas son considerables. El rol de ellos no se acota a la hora de abrir las urnas después de las 08:00, sino durante todo el día.
Tareas tales como la reposición de boletas es clave ya que suelen “robarse” las mismas entre los sectores políticos en pugna.
Ya en 2003, Elisa Carrió lo vivió en carne propia cuando sus papeletas desaparecieron en pocos minutos de todos los cuartos oscuros del conurbano. Ella no tenía los fiscales necesarios.
El problema es más profundo que dudar de la transmisión de los datos.
Otros casos son aún más sorprendentes. Se ha llegado, con información de quienes habían sido citados como autoridades de mesa, a “invitarlos” a retirarse de la escuela de votación antes del arranque del comicio. Se sabe que ante la ausencia de los responsables, debe tomar ese lugar la persona que se encuentre primero en la fila para votar.
¿Casualidad? No. Ese designado por lo general es un puntero de los intendentes locales. La ventaja es enorme en ese sentido.
Por ello, el problema no es solo cómo se transmite el dato sino cómo se elabora el mismo a la hora del conteo.
O, también, cuando cierran las mesas los más “pesados” suelen correr a los fiscales de las otras fuerzas. Por las buenas o, si es necesario, por las malas.
El entramado de lo que se cocina el día de los comicios no suele ser suficiente para torcer la voluntad del pueblo si ello es muy marcado. Pero en elecciones parejas todas las maniobras de ese estilo pueden ser decisivas.
En cuanto a la carga de los datos, lo más probable es que en las PASO, los números del conurbano sean los últimos en llegar. Ello es por una simple razón: en la provincia de Buenos Aires se votan 5 categorías, Presidente, Diputados, Gobernador, Legisladores provinciales e intendentes.
Además, en varios casos hay interna por los cargos locales con lo cual el conteo va a ser más engorroso y largo.
A diferencia de lo que sucede en otras provincias donde solo se votan Presidente y legisladores nacionales. Allí el conteo será más veloz.
Un ejemplo concreto que puede favorecer al oficialismo: los datos de Córdoba se cargarán antes que los del Gran Buenos Aires.
El caso de Carrió desmiente la teoría de quienes sostienen que el escrutinio provisorio no define nada y que la carga de los datos no tiene influencia.
En el 2015, cuando se perfilaba el triunfo de María Eugenia Vidal en Buenos Aires subió al escenario y le pidió a los fiscales que se queden en las escuelas más allá de los datos que se hacían públicos. Ella buscaba como objetivo que nadie abandonara el conteo. Sobre todo en el conurbano.
Por estas horas, cuando la publicación de las encuestas ya no puede realizarse, los sondeos se multiplican en los celulares de los dirigentes. Y allí se ven análisis de todo tipo.
Hay una coincidencia en todos ellos. Se perfila como la fuerza más votada el Frente de Todos con diferencias muy amplias en el conurbano. Sobre todo en la 3ra. Sección Electoral.
El oficialismo apuesta a achicar en la zona norte y, sobre todo, en el interior. Los datos sobre las realidades locales no se han modificado mucho.
Los intendentes de Juntos por el Cambio están arriba cuando la medición es en términos individuales. Por ello, muchos están aplicando el reparto de boletas con otros candidaturas presidenciales. La necesidad tiene cara de hereje.
Todos pueden mostrar muchas obras públicas, pero temen el 'voto castigo' por la crisis de la economía, que se siente, y mucho, en sus distritos. La idea es cerrar el domingo siendo los candidatos más votados. Con un agregado: mostrar que ellos son los que tienen los votos. Luego vendrá otra historia.