¿Qué tiene que ver todo eso con la democracia, que debería permitir que todo aquel que tenga el deseo de presentar una lista, pueda presentarla si cumple con las normas vigentes?
Algunos periodistas dijeron que Fulano o Mengana había demostrado su poder impidiendo la presentación de tal o cual lista.
En varios medios de comunicación, que no entienden que la única garantía de la vigencia de la libertad de expresión es que la democracia sea verdadera, se afirmó que era necesario consultar a un referente nacional acerca de la posibilidad o no de presentar una candidatura local. Así el Sistema se muere pero porque lo están asesinando.
Llama la atención que no exista una condena social a la dictadura de la unanimidad. Un cuestionamiento al temor al disenso, al ocultamiento de la diferencia, y que el deseo de participar sea considerado un atentado contra la tolerancia.
Es una democracia inmadura, evidentemente. Sigue siendo una democracia en transición.
El debate
Cristina Fernández de Kirchner dijo que esperaba que en estas PASO se pueda debatir con seriedad cuando las versiones indican que ella acababa de limitar el debate impidiendo o condicionando la presentación de decenas de listas en todo el territorio nacional.
Su esposo Néstor también era aficionado a definir desde su escritorio las precandidaturas en todo el país porque su obsesión era el poder, y él no podía permitir que la democracia pusiera en riesgo su poder.
Horacio Rodríguez Larreta, según colaboradores suyos, consideró fundamental que Jorge Macri y Patricia Bullrich retirasen sus ambiciones de participar, y no pudo impedir la presentación de una 3ra. lista en Juntos por el Cambio en Ciudad de Buenos Aires, situación que fue considerado un revés.
En ese espacio, Mauricio Macri siempre aborreció las elecciones internas. Los afiliados jamás eligieron al presidente del PRO, por dar un ejemplo. Y Gabriela Michetti pagó carísimo haber desafiado una vez la orden de no presentar lista alternativa. Si Macri hubiera alentado a María Eugenia Vidal a presentar una lista y competir por la candidatura presidencial en 2019, quizás no estaría hoy temiendo ir preso.
Si el Sistema no tolera la competencia, nunca habrá un debate en serio, no se conocerán ni la agenda ni las opiniones verdaderas de los ciudadanos. Dejen que esto siga ocurriendo algunos años más y los enemigos de la democracia tendrán su derrota servida en bandeja.
Tampoco es cierto que con una lista única prevalezca la unidad porque se trata de una desunión disfrazada de consenso.
Algunos sostienen que asegurar las listas únicas garantiza que no ocurran fragmentaciones o rupturas dentro de cada frente o alianza.
Sin embargo, si las fuerzas partidarias no pueden concurrir a una elección para dirimir sus liderazgos y luego mantener su convivencia, carece de sentido que permanezcan unidos porque cuando tengan que gestionar el Estado será un fracaso permanente, y eso sí que perjudicará a los electores.
Es cierto que el temor a la competencia está en el ADN de los líderes argentinos.
No sólo impiden la competencia en sus fuerzas partidarias sino que si llegan a gobernar no creen en la competencia como columna vertebral del funcionamiento de la sociedad y de la propia economía. El dirigismo al que casi todos adhieren comienza negando la competencia interna.
Por lo tanto, nada hay para festejar. El culto al Gran Dedo sigue prevaleciendo en el altar de la política argentina. Nunca puede terminar bien.