La realidad es que el 80% de las ofertas de empleo son para menores de 45, lo cual implica una discriminación ex ante sean o no profesionales, que se confirma cuando hay un primer llenado digital de datos, y los descartan sin llegar siquiera a una entrevista personal.
El prejuicio contra las canas, como si representaran lo caduco, es motivo de una reflexión desde la Organización Internacional del Trabajo que considera a los trabajadores senior un factor dinamizante de la economía debido a su mayor experiencia, que puede ayudarlos a juzgar de manera más acertada si, por ejemplo, una tecnología beneficiará o no los procesos de trabajo.
La asincronía entre las características y formación de los recursos humanos y la demanda de tareas excede edades. En La Rural se celebran todos los años la Expo Empleo, en la que se anotan más de 80 mil jóvenes de entre 15 y 35 años que estén en una búsqueda laboral activa y se postulan para vacantes ofrecidas por las compañías, sea porque quieran tener su primer empleo, cambiar el que ya tienen por uno mejor o capacitarse profesionalmente.
La mayoría suele quedar afuera, pero porque no coinciden los requisitos demandados por los empleadores con las características de los currículums que presentan los aspirantes. Un tema que es mucho más estructural, porque tiene que ver con la disociación entre las políticas educativas y las salidas laborales de las carreras.
Otra anomalía de un cada vez más estrecho por la recesión en nuestro país es que las mujeres de entre 16 y 59 años participan 19 puntos menos que los varones, y “enfrentan mayores obstáculos para acceder a empleos de calidad, sostener sus trayectorias laborales y ocupar puestos de decisión”, según detectó CIPPEC.
Sin embargo, las damas avanzaron sobre la hegemonía de los caballeros en la década del '90, no tanto para seguir la reivindicación de derechos vinculada a la igualdad de género a la que apunta el capítulo 5 de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible de la Organización de las Naciones Unidas, sino principalmente para compensar los ingresos de los hogares ante una disminución del nivel y calidad del empleo de muchos varones, cuando no por el abandono.
Demagogias con el género
El trato laboral desde entonces no ha sido todo lo equitativo que proclaman los discursos. Mientras la mitad de las que trabajan lo hacen a tiempo parcial en comparación a lo que ocurre con el 25% de los hombres clasificados como semiocupados, son muchas las que consiguen conchabo, con remuneraciones más bajas, participan en áreas menos dinámicas y orillan la inactividad.
En el caso de las más educadas, a pesar de estar mejor calificadas que los varones –con mayores niveles educativos en promedio–, siguen subrepresentadas en puestos de jefatura y dirección. Ocupan un 34% de los cargos de dirección en el sector privado y un 31% de los puestos de alta dirección en el sector público.
Basta con repasar los staffs de las jefaturas de departamento hacia arriba para verificar la ausencia de nombres femeninos
E inclusive, en Argentina, la brecha salarial, medida por hora trabajada para un mismo puesto en un mismo sector se sitúa entre el 22% y el 35%.
Para promover cambios en tales rigideces enquistadas en las organizaciones se vienen llevando a cabo permanentes acciones para fomentar la equidad laboral de género y concientizar sobre los condicionamientos que existen a partir de las normas patriarcales de género y los estereotipos asociados, y cómo estos influyen en el desarrollo de las personas en el mercado de trabajo.
U otras, como el Plan Azurduy, que lanzó en 2018 la Fundación Eidos, junto a las empresas Wolox, Accenture, Gire, Grupo Núcleo, Red Hat, Uber, Coder House, Microsoft, Danone y Argencon, directamente vinculadas a capacitaciones que apuntan a empoderar a madres de entre 18 a 30 años con conocimientos de tecnología, a fin de acortar la brecha de género en la industria del software: cerca del 50% de las egresadas consiguieron trabajo como tester en empresas del sector.
Es cierto que también constituyen una cantera a medida de las empresas de matriz tecnológica, que arrastran déficits de 500 mil puestos de trabajo sin ocupar por falta de profesionales capacitados.
La inclusión femenina en compañías dedicadas a la informática todavía está en pañales, ya que se reduce a un promedio de entre el 10% y el 20% de la plantilla total.
Aun así, el 26% de las mujeres jóvenes continúan desempleadas y el porcentaje crece si sólo se considera a las que son madres.
El trabajo a distancia, o homework, es una solución no sólo para alternarlo con la crianza de los niños, sino que zanja las dificultades que entraña la incorporación de la mujer en los ámbitos laborales debido a que aún persiste una cultura machista que viene de arrastre.
Una encuesta elaborada por Bumeran en el marco del Día internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer detectó que el 75,3% afirmó haber sido testigo o vivido algún tipo de violencia o desigualdad de género en el ámbito de su trabajo.
En la mayor parte de los casos se trató de hostigamientos psicológicos, como amenaza, acoso, humillación, deshonra, manipulación o aislamiento, si bien:
** para el 35,8% se trató de desigualdad económica (brecha salarial de género - desigualdad salarial ante igual tarea - , entre otros),
** para el 24,9% fue violencia simbólica (estereotipos que reproduzcan desigualdad o discriminación, entre otros),
** para el 11,1% fue sexual (cualquier acción que implique vulneración del hecho de ser mujer, de decidir voluntariamente acerca de su vida sexual o reproductiva),
** para el 5,4% fue física (cualquier forma de maltrato o agresión que afecte el cuerpo de la mujer).
Sin embargo, la mayoría indica no denunciar estos hechos por miedo a perder su trabajo.
Es que en el 69,7% de esos casos, quien perpetró esta situación resultó ser su jefe directo, 14,7% señaló al jefe de su jefe, 13,6% a un compañero y, finalmente, 1,97% a un proveedor.
Claro que la contracara de este grado de exposición de la mujer por sus atributos es que también funcionan al revés y, en otros casos, su aprovechamiento da acceso a privilegios que el talento laboral en sí no facilitaría.