Este nacionalismo patriotero esta muy asociado a lo que nosotros conocemos como "orgullo argentino": un nacionalismo patológico que combina soberbia y paranoia. Cuántas veces hemos escuchado decir que los argentinos podríamos ser los mejores del mundo, pero los enemigos de afuera (o de adentro) nos lo impiden. Esta soberbia tiene origen en el orgullo de aquellos tiempos en los que Argentina era "el granero del mundo", cuando la economía crecía y competía con las más dinámicas a nivel mundial y las instituciones democráticas estaban fuertemente arraigadas.
En algún momento del siglo XX estas certezas comenzaron a convertirse en frustraciones y dieron origen a esa soberbia y paranoia.
El orgullo argentino sufrió el mayor de los cachetazos en la guerra de Malvinas. Y nos quedó, además de un nacionalismos patriotero, un nacionalismo un poco traumático.
Siempre había alguien, ajenos a nosotros, que era responsable de que nuestro destino de grandeza no se concretara: el imperialismo, el comunismo, el Fondo Monetario Internacional, los fondos buitres, la oligarquía rural, los grandes poderes mundiales y, en su momento, los ingleses personificados en la también nacionalista Margaret Thatcher.
El "ser nacional" creció en el siglo XX, acunado por el Ejército, la Iglesias (definiendo a Argentina como una "Nación Católica") y el peronismo que transformó sus "verdades" en Doctrina Nacional. Quien pudiera manipular este común sentido nacional manejaría un poder político enorme y tendría recurrentemente ese As bajo la manga: las papas queman pero la culpa es de otro.
Luego de la crisis del 2001 llegó ese alguien que supo usar este nacionalismo como una gran herramienta política: el kirchnerismo, con su práctica y discurso nacionalista echándole siempre la culpa al de afuera, hasta el día de hoy. Si no son las corporaciones locales, es la "oligarquía" rural, o la justicia, o el FMI, o la oposición o la pandemia. Todos "antiargentinos". Son todos estos quienes quieren vernos hundidos, quienes no quieren que volvamos a ser aquel país que competía mundialmente con otros Estados. No olvidemos, como dijo Bangash, que lo más aterrador es el patriotismo ciego.