Se entiende el 'enamoramiento' por el congelamiento tarifario. Durante el gobierno de Mauricio Macri la actualización de los precios de los servicios estuvo entre las principales causantes del deterioro del poder adquisitivo de los salarios.
Un informe de la Universidad de Avellaneda difundido hace 1 año preveía que la electricidad acumularía a finales de 2019 una suba de 3.624% desde el inicio del mandato macrista, seguido por el gas (2.401%) y el agua corriente (1.025%). Tras el estrepitoso fracaso en las elecciones primarias, Macri decidió congelar todo aumento para recomponer algo del humor social. No le alcanzó y fue derrotado en las generales de octubre por Alberto Fernández.
Pero la conformidad con el congelamiento tarifario no es gratuita. El costo de mantener baratas las tarifas requiere de enormes erogaciones del fisco destinadas a financiar la diferencia entre los que cuesta producir y distribuir los servicios y el precio final que paga el consumidor subsidiado.
Durante los mandatos kirchneristas fue muy poco lo que se tocó en esa materia para no estimular el malhumor social. El resultado es conocido: un rojo fiscal abultado, la pérdida de autobastecimiento energético y una bomba de tiempo para los consumidores, que de la noche a la mañana -tras el recambio de gobierno- comenzaron a recibir facturas con elevadísimos valores que, sin embargo, se parecían más a los precios reales.
Por ello, el congelamiento tarifario es un arma de doble filo. La emergencia económica aprobada en el Congreso a instancias del Ejecutivo autoriza meter al freezer por 180 días los precios de los servicios públicos. ¿Autorizará el Gobierno al cabo de ese lapso aumentos si las encuestas siguen mostrando este 'enamoramiento' con las tarifas planchadas?
El escenario no es muy cómodo. Alberto Fernández camina por un camino estrecho. De acuerdo a la misma encuesta de Circuito, las expectativas sobre la economía personal en los próximos meses se revirtieron en enero en comparación con octubre. Sin embargo, la diferencia entre quienes creen que su situación puede mejorar (36,6%) y quienes perciben que puede empeorar (31,9%) es de apenas 4,7 puntos, en un sondeo que tiene un error muestral de +/-2,3%. Por su parte, un contundente 25,7% sostiene que su situación no variará de aquí a unos meses.
Por otro lado, agrega la encuesta, el Presidente -a un mes de iniciada su gestión- acumula una imagen positiva del 52,8% contra una negativa 27,7%. Cifras nada desdeñables, aunque inferiores a los 70 puntos de aprobación que tenían cada uno por su lado Cristina Fernández y Mauricio Macri en los primeros 30 días de gestión.
Se confirma que no hay "luna de miel" con el nuevo Presidente.