El Presidente enfrentó la parada, con escenario cuidado, fondo verde y bien parquizado, banderas argentinas, y Larreta y Kicillof guardando distanciamiento social. Bien ahí.
El tono presidencial fue correcto, cálido dentro de lo que la ocasión permite y evitando en todo momento atribuir responsabilidades por la disparada de casos a los ciudadanos. Vale recordar que veníamos del desdichado “querían salir a correr, querían salir a pasear, ahí tienen las consecuencias”.
Pero en el mayor acierto de la narrativa del Presidente, tal vez radique el huevo de su serpiente. No importa, hoy era tiempo de asumir riesgos. ¿Por qué?
Hubiera sido un error imperdonable que Fernández le dijera a los Argentinos que éste era el último esfuerzo que solicitaba a una sociedad diezmada. Todo el tiempo él hizo incapié en que la enfermedad no tiene cura, desde el primer minuto remarcó que la gente está cansada, que el esfuerzo tuvo sentido y comparó el número de muertos con muchos otros países.
Y ahí pudo 'sacar pecho': Argentina tiene 25 muertos por millón de habitantes. Chile sin ir más lejos 250 por millón, 10 veces más. Perdón, pero en la era del dataísmo, todo se vuelve comparable.
Tal vez el único desacierto fue la frase “la única cura hasta ahora es la cuarentena”. Y la verdad es que no, el abyecto bicho desgraciadamente no tiene cura, hasta que aparezca la vacuna. La cuarentena sólo nos aísla para no enfermar.
Por último la alocución tuvo momentos aperturistas,
## “no soy un necio, sé escuchar”,
## “les pido que nos ayuden”,
## “no bajemos los brazos”,
## “somos un gran país”.
Recordando sus tiempos duhaldistas, faltó “estamos condenados al éxito”.
Diseccionando a los oradores de este trio tan mentado, Kicillof estuvo en su línea, pero a su favor jugó que fue breve y conciso.
Y Larreta coló algunos ejes propios de un político de su tiempo, de este tiempo. Habló del “éxito del Plan Detectar en la Villa 31”, festejó que desde el domingo pasado ya no se registran casos en ese barrio y todo el tiempo desplegó sutilezas que hacían pensar en un camino venturoso contra el taimado virus. Ilusionismos del marketing, tan en boga en muchos dirigentes.
Queda para el devenir de los acontecimientos un conjunto de interrogantes, que un servidor los escribe en forma aleatoria:
## ¿Ésta nueva fase regresiva de la cuarentena, será de cumplimiento masivo, como lo fue, la del comienzo?
## ¿Se encuentra el horno preparado para que las fuerzas de orden público secuestren vehículos, si sus conductores no circulan con el permiso correspondiente?
Recordemos que en la primera cuarentena se secuestraron 10.000 unidades.
## Si al finalizar este nuevo periodo, esto es el 17/07, los resultados no son los esperados, ¿hay espacio para una nueva prórroga?
## Sabiendo que el Covid-19 no tiene cura y ante la experiencia empírica de que el virus tiene rebote en forma de focos, tal como pasa ahora en Europa, ¿no es momento de plantearle a la sociedad, que hay que convivir con el virus, por un buen tiempo?
## ¿Y si tenemos que convivir con el virus, no habría que aceptar que el sistema sanitario argentino, a pesar de todo lo hecho en estos cien días, no tiene la robustez de los sistemas del primer mundo y por lo tanto habrá más muertes?
Se acentuó considerablemente que la causas de la circulación virósica estaban asociadas a la apertura comercial porteña.
## ¿Se toma conciencia de lo que pasa hoy en González Catán o en la ruta 197?
## ¿Y ese paisaje que muestra el rostro más tenaz de las necesidades, es cuarentenable?
Sólo preguntas y pocas respuestas, porque en política 2 + 2 no es 4.