Claudia Abdala gobernó Santiago del Estero entre 2013 y 2017, cuando su marido fue reelecto gobernador.
Y entre 2013 y 2015, Gerardo Zamora fue el presidente provisional del Senado.
Ambos pudieron poner en práctica la estrategia que siempre soñó Néstor Kirchner: turnarse en el poder con su esposa.
Zamora es premiado así por su lealtad a Cristina. Fue uno de los primeros gobernadores que apoyó a Néstor y a ella. Y luego fue el primer ‘albertista’ cuando Cristina postuló al exjefe de gabinete para la presidencia de la Nación.
Y otro recuerdo: Zamora se acercó a Néstor en la etapa de la "transversalidad", cuando el santiagueño ganó en las elecciones de 2005 rompiendo con la hegemonía de los Juárez y gracias a los oficios de Alberto Fernández desde la Jefatura de Gabinete.
Es un caso similar al de Gildo Insfrán, que también fue uno de los primeros y más leales kirchneristas. A Gildo lo reconocieron a través de la designación de José Mayans para que dirija el bloque parlamentario unificado entre legisladores del peronismo que responde a los gobernadores y los cristinistas que lidera hasta hoy Marcelo Fuentes. Ese también fue otro gesto hacia los gobernadores que no querían perder su autonomía en el Congreso respecto de los K.
Los gobernadores rechazaban la comandancia de Anabel Fernández Sagasti, senadora mendocina perteneciente a La Cámpora y quien recientemente perdió las elecciones para la gobernación de su provincia. También rechazaban que Oscar Parrilli, senador por Neuquén. Ambos están fuertemente vinculados al ultracristinismo y responden ciegamente a la vicepresidenta electa.
Desde la óptica de Alberto Fernández, Santiago del Estero aportó a su triunfo de manera contundente: la fórmula presidencial que encabezó se impuso por el 75% de los votos.
Pero también debe advertir que los movimientos de Cristina diluyen la autonomía de los gobernadores en la unificación de bloques, sobre quienes pensaba recostarse en el Congreso después de haber hecho una campaña mostrándolos como el reaseguro de su Presidencia.