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Milani al Senado, Jaime a Tribunales, las encuestas no levantan... ¡Qué dificil es ser K!

2013 no es un buen año para ser kirchnerista cristinista. Son tiempos bajos para el oficialismo, las contradicciones aparecen, y se multiplican, a diario, y la Presidente se recluye cada vez más sobre el grupo de los incondicionales, gente incapaz de ganar un comicio....
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Antes de los recortes dominicales, 4 conclusiones:
 
> Será un lunes 21/07 con la atención en el Senado: enormes discrepancias dentro del universo oficialista acerca de qué hacer con el general César Milani, un incondicional cuya presencia resulta incómoda para la Administración K, que atraviesa una emergencia considerable en las encuestas. No se trata solamente de reemplazar al jefe del Ejército sino también al responsable de un sistema de inteligencia que mucho apuntaló a Cristina Fernández de Kirchner. Además, ¿cuál es el premio a los leales? Lo conveniente sería que Milani pida su retiro y haga 'mutis por el foro' pero no es tan sencillo. Le garantizarían inmunidad pero ¿es suficiente recompensa? No hay consenso en el Frente para la Victoria.
 
> Precisamente el debate interno ya es cotidiano, por muchas cuestiones más importantes que Milani. En los días de dificultades, el futuro provoca ansiedad. Algunas decisiones, por si faltara algo, sin difíciles de explicar. Por ejemplo, el cambio de discurso explícito en el caso Chevron. No importa que desde la Casa Rosada y el Palacio de Hacienda se continúen deslizando consignas para los militantes. Realmente es difícil de fundamentar hacia adentro... imaginen hacia afuera.
 
> Acerca de las contradicciones: ya es un secreto a voces que la situación judicial de Ricardo Jaime fue 'mejorada' por una negociación, que, probablemente, comenzó en Carlos Zannini, continuó por Javier Fernández, y terminó en la Sala I de la Cámara Federa (Jorge Ballestero y Eduardo Freiler). ¿Qué llevó a interceder / presionar / negociar por Jaime? Y, de paso, ¿cómo explicar a los militantes que también hay que defender a Jaime, los Cirigliano, TBA... el mundo de Néstor?
 
> Sergio Massa fue subestimado por los colaboradores de Cristina Fernández de Kirchner. Cometido el error, ahora sólo queda edulcorar las encuestas -hasta la de cierta consultora para muchos insospechada a causa de la 'fama' que le brinda cierto diario tradicional- para que la Presidente no explote o se deprima intensamente. No hay cómo alcanzar a Massa. Tampoco hay cómo 'inventar' a Insaurralde (¿cómo se llama el precandidato? ¿Martín? ¿Ese no era Sabbatella? ¿O Lousteau? En verdad, Martín hay un solo y era el titán... Claro, Karadagian).
 
Ahora, los recortes.
 
Hugo E. Grimaldi, de la agencia Diarios y Noticias:
 
"Qué bravo se ha vuelto ser kirchnerista y qué difícil también se ha tornado no serlo. Esta doble descripción, que ha ido creciendo durante la semana, alcanza probablemente de modo único a los estamentos más politizados de ambas categorías, aunque no parece que le importe demasiado a los hombres y a las mujeres del común, quienes pelean la sopa de todos los días y no la supuesta gloria intelectual de quedarse con la razón ideológica. 
 
Sin embargo, en esos dos rubros casi elitistas de kas y antikás, en los que por cierto hay muchos periodistas enrolados, los primeros la tienen complicada porque no dejan de tragarse sapos de continuo, cada vez más robustos e indigeribles, como los casos del general César Milani, la irrupción de la estadounidense Chevron y el corrosivo protagonismo judicial del ex secretario de Transportes, Ricardo Jaime. 
 
En tanto, los otros, para hacerse un festín con el padecer de los primeros, han ido tirando aceleradamente por la borda muchos de los principios que sostuvieron, aun en aparente minoría frente al signo de los tiempos, sobre
 
> el carácter bidireccional de la guerra sucia de los '70 o
 
> sobre lo grave que podría resultar la reestatización de YPF. 
 
Si bien han sido patéticas las volteretas de muchos opositores en estas dos cuestiones sólo por relamerse ante las adversidades ajenas, el desconcierto kirchnerista ha resultado ser monumental. Es como si en estos últimos días, más con pudor que con vergüenza todavía, muchos oficialistas hubiesen descubierto que el relato era inconsistente o peor aún, que estaba siendo presentado adrede de modo incompleto. Esta confusión no sólo se dio entre los dirigentes de todos los niveles, más interesados en mantener el actual statu quo, que les permite la subsistencia o entre profesionales muy lúcidos que han sido captados para defender el proyecto, sino que también se verificó entre los militantes de pico y pala, aquellos que salen a hacerle al aguante a la Presidenta, subiéndose a cuanto micro desvencijado se flete para ir a cantar por la liberación. 
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No todas las personas son iguales y habrá que ver para cuántas de ellas lo que viene sucediendo como catarata se convierte en el fin de las utopías, pero seguramente algunas cosas se deben haber movido por estos días dentro de la cabeza y el corazón a muchos kirchneristas de ley, quienes fueron sometidos a fuego graneado de parte de su propia tropa: no lograban reponerse de una situación, cuando ya otra movida originada en el propio gobierno que sostienen volvía a dejarlos ideológicamente en off side. (...)".
 
 
Mariano Spezzapria en el diario El Día, de La Plata:
 
"(...) la opción de salida natural de la era kirchnerista en el poder debería ser una fuerza de centroderecha, que se oponga de plano al modelo implementado en la última década. Pero en nuestro país el sistema de partidos políticos es más laxo y las fronteras no se delinean con mojones estáticos.
 
Así, un dirigente que hace años viene construyendo una imagen contrapuesta al kirchnerismo, como lo es Mauricio Macri, debió plegarse a Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires con el solo objetivo de que las elecciones legislativas no se transformen en una pesadilla para su sueño presidencial. En el Frente Renovador provoca ruido la cercanía del PRO, pero el intendente de Tigre analiza que la nueva fuerza política irrumpió, en buena medida, como una respuesta ante “el fracaso de la oposición”.
 
Resulta evidente que a los argentinos no les sirve que sus dirigentes les relaten los problemas a los que se enfrentan en forma cotidiana -inseguridad, inflación, informalidad laboral, déficit habitacional, pobreza- como hizo la oposición más cerrada al Gobierno en los últimos años. Ni tampoco que les vendan que está todo bien, desde la aceitada maquinaria de publicidad estatal. Ahí surgió una brecha que Massa interpretó cuando se propuso transitar “por esa enorme avenida que va por el centro” de esos opuestos.
 
Para decirlo conceptualmente: buena parte de la explicación de que Massa figure primero en las encuestas de intención de voto en la provincia más importante del país, debe atribuirse a que desconoció el eje kirchnerismo-antikirchnerismo sobre el que giró la política argentina reciente. El joven intendente de Tigre se animó a dar ese paso, claro está, cuando comenzaron a multiplicarse los síntomas de desgaste del Gobierno, desde el momento en que se inició el segundo mandato de la Presidenta. (...)".
 
 
Eduardo van der Kooy en el diario porteño Clarín:
 
"(...) La designación del general César Milani como jefe del Ejército consolidó una grieta entre las organizaciones de derechos humanos que se venía insinuando a través de episodios anteriores. Entre ellos, la oscuridades que rodearon la sociedad de Hebe de Bonafini con los hermanos Schoklender (Sergio y Pablo). O la desatención y el apaleo, en varios casos, de las comunidades originarias que pugnan por sus tierras y sus derechos. Aquellas organizaciones sirvieron de amalgama al kirchnerismo-cristinismo para compactar a intelectuales, a movimientos sociales y a imprecisos, aunque políticamente rentables, sectores identificados con el progresismo.
 
No estaría claro por qué motivo la Presidente resolvió encumbrar a Milani. ¿Para manejar la inteligencia y evitar a la SI (Secretaría de Inteligencia) en la que no confía más? El general manejaba un formidable aparato como subjefe del Estado Mayor. Desde ese lugar alimentaba con información de espías a la Casa Rosada. Otra hipótesis sería la de haber buscado en una fuerza armada el apuntalamiento que escasea en el arco político y social.
 
¿Resistencia por las malas ante la eventualidad de un trance crítico?
 
Hay serias dudas, más allá de las complicidades con que armó su Estado Mayor, sobre el acompañamiento que, en ese caso, podría tener Milani del grueso del Ejército.
 
Aquella trepada del general ha causado hasta ahora más trastornos que otra cosa. Afloraron sospechas sobre su comportamiento en la dictadura. También presunciones acerca de sus simpatías con los ex carapintadas. Y muchas flojedades para explicar el abundante patrimonio. Memoriosos del Ejército recuerdan algo: Milani habría tenido participación directa y activa en la venta de inmuebles que la fuerza disponía para tareas de inteligencia. Fueron ingresos millonarios. Milani se presentó a declarar la semana pasada ante un juez de La Rioja para deslindar culpas sobre el testimonio de un ex detenido (Ramón Olivera) que lo acusó de su captura y de apremios posteriores. No hay en esa provincia ninguna causa abierta. También lo hizo en Tucumán, donde existe una causa archivada en su contra por la desaparición en los 70 de un soldado que oficiaba de ayudante suyo. Mucha coreografía.
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Su pliego de ascenso, por orden de Cristina, será abordado mañana (N. de la R.: por el lunes 22/07), pese a todo, en la Comisión de Acuerdos del Senado. De esa Comisión voló, en forma sorpresiva, Daniel Filmus. El senador ultra K pone en juego su banca porteña en octubre. El oficialismo dispone igual de una amplia mayoría. Cuando llegue al recinto, en plena campaña, las cosas podrían cambiar. El cristinismo tiene a mano una posibilidad: dilatar su tratamiento si el conteo de votos fuera desfavorable. Lo hizo durante mucho tiempo (desde septiembre del 2010 hasta diciembre del 2011) con Mercedes Marcó del Pont, luego que fue nombrada en la jefatura del Banco Central para sustituir a Martín Redrado.
 
El aparato cristinista s iempre encuentra algún artilugio para ir zafando, aunque cada vez le cueste más.
 
Carlos Zannini debió trabajar bastante para aliviar la situación del Gobierno y la de Jaime. El ex secretario de Transporte estuvo seis días prófugo y con un pedido de captura internacional por el dictado de detención del juez Claudio Bonadio. Esa decisión habría tenido, a juicio de entendidos, fundamentos caprichosos. ¿Por qué detenerlo, con presunción de fuga, por un caso de corrupción y no por la tragedia ferroviaria en Once, con 51 muertos, en la cual figura procesado? Pero el verdadero problema para el Gobierno es otro: Jaime representa un ícono de la corrupción extendida en esta década y su condición de prófugo – con indudable resguardo del poder– podía tornarse insoportable para el sensible humor público.
 
En 30 años de democracia no se registró un episodio similar.
 
El único que pareció advertirlo fue Florencio Randazzo. Tomó distancia del escándalo. El ministro de Interior y Transporte lidia con la calamitosa herencia que le dejaron Jaime, Juan Pablo Schiavi y Julio De Vido. (...)".
 
 
Eugenio Paillet en La Nueva Provincia, de Bahía Blanca:
 
"(...) El dato lo conocen muy pocos funcionarios del gobierno, y se pretende mantenerlo en ese nivel de secretismo. Pero se filtró algún comentario que sostiene que hay una razón, y muy fuerte, para que la presidenta le ordenara a Daniel Scioli que se pegue sin descanso a la ignota figura de Martin Insaurralde durante sus recorridas por el territorio bonaerense. La Presidenta, en esa estrategia, debería guardar un prudente segundo plano, y aparecer en ocasiones especiales. 
 
Pero nunca poner la cara lisa y llanamente en toda la campaña, como era la idea original que se manejó cuando, ante la falta de otros aspirantes, el derrape sin remedio de Alicia Kirchner y la negativa del gobernador a ser candidato testimonial, se resolvió lanzar al intendente de Lomas de Zamora para oponer en el ruedo un perfil parecido, al menos desde ciertos aspectos de la gestión, al de Sergio Massa. Esos observadores consumados de encuestas que habitan en los laboratorios kirchneristas habrían detectado que la presencia de Cristina en la provincia recibe el apoyo incondicional de los sectores propios, pero genera rechazos en el resto del peronismo, y en amplias franjas de la clase media, desde sectores bajos hasta los más acomodados. 
 
El registro no obedece tanto a los cordones del Gran Buenos Aires, donde el nivel de clientelismo que llevan adelante Alicia Kirchner y Julio de Vido es altísimo, y donde habita el "voto duro" del oficialismo, sino en el interior provincial. 
 
Nadie dice, ni mucho menos, que la presidenta pueda convertirse en "piantavotos" en la provincia. Ella mantiene un alto nivel de aceptación en materia de imagen, cercana al 50 por ciento. Pero al mismo tiempo los analistas reparan en que Scioli mide mucho mejor que ella, y tiene un valor agregado que han arrojado algunos estudios: el habitante bonaerense le otorga al gobernador un plus de consideración, aunque tal vez nunca lo votaría, porque lo considera una víctima de la presidenta y del gobierno central. 
 
No es ficción: se repite el escenario de julio de 2012, cuando la Presidenta se vio obligada a dar marcha atrás y ordenar que se enviaran a la provincia los fondos que había negado para pagar el medio aguinaldo, avisada por las encuestas, y por sus desesperados asesores, de que estaba convirtiendo al gobernador en una víctima de su látigo, mientras ella perdía en promedio diez puntos de imagen. Que Scioli haya aceptado el mandado con riesgo visible de su propio futuro político es harina de otro costal. Pero esas son las razones, y ese el malhumor que provocaría la habitual soberbia presidencial que aconsejarían ahora no exponerla tanto.
 
No hay indicios que permitan conocer que la Presidente haya bramado ante semejante cuadro que le fue expuesto. Aunque se observa a diario que su estilo es hacer gala subida a los palcos de un país de maravillas que parece existir sólo en su propia fantasía y en la de su corte de aplaudidores. En todo caso el relato debe preservarse a ultranza, y la procesión va por dentro. Es el sentimiento que anida en algunos integrantes del espacio frente a aquellos casos planteados y que jalonaron una serie de tropiezos notables que podrían tener su correlato en las encuestas de los próximos días. Como queda dicho, hay en el gobierno quienes con sordina expresan su consternación por la defensa contra viento y marea que se ordenó ejercer para sostener a Milani al frente del Ejército. 
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O la protección del máximo símbolo de la corrupción kirchnerista de estos diez años como Jaime. Y peor todavía el polémico acuerdo con Chevron para relanzar YPF, que no es para la empresa norteamericana otra cosa que un negocio casi obligado: decidió invertir aquí las ganancias que no puede remesar al exterior por las trabas del gobierno al que ahora se asocia. "Estamos quemando las naves demasiado rápido y todavía falta mucho tiempo para octubre", se lamentó un hombre que no ha roto el todo lanzas con el espacio al que pertenece desde los primeros meses de 2003. (...)".
 
 
Joaquín Morales Solá en el diario La Nación:
 
"El general César Milani forma parte de un plan demasiado importante de la Presidenta. Decidió gastar por ese militar más capital político que el necesario; en efecto, no era imprescindible el ascenso de Milani a teniente general para ser jefe del Ejército. La diferencia consiste en que Cristina Kirchner tiene facultades para nombrarlo por sí sola como titular de esa fuerza, pero necesita el acuerdo del Senado para ascenderlo de grado. Fue por todo: por la designación y por el ascenso. Tropezará mañana con un escándalo en el Senado, que debatirá en comisión el ascenso de Milani. (...)
 
Es cierto que los secretos que guarda el Gobierno son corrosivos. Alguien tiene que protegerlos. Nadie lo socorrió a Jaime por afecto o lealtad; el ex secretario de Transporte y amigo personal de Néstor Kirchner envió un mensaje fulminante. Contaría todo ante la Justicia si terminaba preso. El caso Bárcenas en España, que puso en jaque al gobierno de Rajoy sacando a luz secretos sobre dinero ilegal, fue oportuno. Jaime podía convertirse en el Bárcenas argentino. Se dio algunos lujos. Jaime, por ejemplo, estuvo siempre prófugo en la Capital, donde nunca denunció un domicilio ante la Justicia. La policía te encuentra si quiere y no te ve si no quiere, deslizó, irónico, un funcionario.
 
La Cámara Federal, que lo liberó de ir preso, argumentó que no se había probado la intención de Jaime de fugarse. ¿No se había probado? Ya se había fugado exitosamente. Las sentencias del juez Claudio Bonadio, que dispuso su prisión, y la de la Cámara federal, que lo liberó sin que haya estado preso nunca, tienen interpretaciones distintas para un reo cualquiera. El problema es que Jaime no es cualquiera. Tiene más de 20 causas muy avanzadas sobre delitos de corrupción. Están probadas y en camino del juicio oral sus prácticas de recibir dádivas de los hermanos Cirigliano, que el propio Jaime debía controlar y a quienes les transfería millonarios subsidios para el transporte. Un avión particular pagado por los Cirigliano lo trasladaba a Río de Janeiro y a Florianópolis en sus tiempos de secretario de Transporte.
 
Un hermano del futbolista Jorge Valdano, a quien Jaime le alquilaba un departamento, dijo ante la Justicia que iba a la empresa TBA, propiedad de los Cirigliano, a cobrar el alquiler en nombre del destacado deportista argentino que vive en España. En Córdoba, otra Cámara también lo salvó de la cárcel en pocas horas. Los funcionarios comenzaron luego a despegarse de Jaime. Puro discurso. La Cámara de Buenos Aires es célebre por su cercanía con el Gobierno. La presión debió ser enorme. Esos jueces saben que se enfrentaron definitivamente con la opinión pública en defensa de alguien que no merece tanto sacrificio. Milani, el viejo jefe del espionaje militar, es un perseguido. Jaime, el viejo sospechoso de corrupción, una víctima de jueces desmedidos. Nadie puede negarle al cristinismo la astucia de poder, todavía, acomodar los hechos a las palabras."

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