El kirchnerismo 1ro, y el cristinismo después, ha intentado por todos los medios posibles construir un relato que borre ese antecedente de una historia que se pretende épica. A pesar del fracaso, las usinas ideológicas del kirchnercristinismo lo siguen intentando.
Allí, Brienza realiza una
exaltación de Unidos y Organizados, el colectivo que agrupa a las distintas expresiones del
cristinismo, y lo califica como
"un aparato político estrictamente kirchnerista". Él destaca a La Cámpora, agrupación que republica la nota en
su sitio web, pero
que ha perdido cartel dentro del nuevo sello U y O.
Pero lo notable es la intención de Brienza de intentar despegar al Gobierno Nacional de las conductas y manejos de los gobernadores peronistas, y no tanto, que adhieren al cristinismo y que han sido beneficiados a la hora del reparto presupuestario justamente por su buena relación con la Casa Rosada.
No obstante, el "politólogo, periodista, miembro de grado del Instituto de Revisionismo Histórico Iberoamericano Manuel Dorrego", critica duramente a lo que considera "poco más que una liga de gobernadores" que compara con la "experiencia roquista de los años 80 del siglo XIX".
"Salvo algunos pocos ejemplos, el resto de los gobernadores ha decidido alambrar su territorio y llevar adelante una política de acercamiento presupuestario y alejamiento ideológico y político. Uno puede recorrer las provincias y sorprenderse preguntándose "¿Qué tiene que ver la política nacional kirchnerista con lo que estoy viendo en esta provincia o en este municipio?", pregunta Brienza, casi en un tono ingenuo.
Más adelante, el "politólogo, periodista, miembro de grado del Instituto de Revisionismo Histórico Iberoamericano Manuel Dorrego", considera que el gobierno kirchnerista o cristinista "ha intentado romper esa lógica de alambrados provinciales, estableciendo líneas directas con los intendentes a través de los planes sociales y la obra pública".
Cabe preguntar si realmente el cristinismo ha tenido la voluntad de romper o modificar sus alianzas con los gobernadores peronistas más o menos conservadores, siendo que éstos han sido parte del sustento de poder del Gobierno Nacional a cambio de los suculentos fondos para que sus distritos puedan llevar con menor presión el karma del déficit fiscal.
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Néstor Kirchner no concebía una estructura de dominio que no incluyera al peronismo. En 2003 puso al jujeño Eduardo Fellner a trabajar en la campaña presidencial con el fin de aceitar las relaciones con el justicialismo. Fue el mismo Kirchner quien impulsó a Gildo Insfrán a modificar la Constitución de Formosa que le permitiera la reelección indefinida. Eso sin mencionar que fue Kirchner el 1er gobernador que habilitó ese sistema de perpetuidad en el poder.
También impulsó en ese sentido al misionero Carlos Rovira. Claro que en ese caso, la coalición liderada por el obispo Joaquín Piña lo pudo evitar. Kirchner también tuvo como un cercano asesor a Juan Carlos 'Chueco' Mazzón, histórico operador del peronismo. Con él, Kirchner se encargó de tener a tiro a cualquier dirigente peronista del país.
Como último dato, fue el mismo Néstor Kirchner quien se coronó como presidente del Partido Justicialista, luego de tenerlo intervenido durante unos cuantos años.
Cristina Fernández muestra algunas diferencias, pero en líneas generales sigue teniendo a esa "liga de gobernadores" como aliada. La Presidente sigue apoyando a Insfrán, Alperovich, Fellner y otros. Solamente les bajó el pulgar a aquellos que de alguna forma representan una amenaza a la continuidad del “modelo” y con él, del relato. Daniel Scioli y el cordobés José Manuel de la Sota aspiran a sucederla. Y Daniel Peralta carga con la cruz de gobernar la provincia en la que los Kirchner tienen domicilio.
La Presidente se ha encargado más que nada en romper con otras alianzas creadas por su esposo y antecesor. Los empresarios K, como la familia Eskenazi, el banquero Jorge Brito y el energético Marcelo Mindlin y los dirigentes cegetistas, con Hugo Moyano a la cabeza, al mismo tiempo que la CGT 'Balcarce' no logra la sintonía ideal con la Casa Rosada, son algunos de los ejemplos más notorios. Con algún matiz también se puede hablar del Grupo Clarín, aunque en tiempos de Néstor en vida la guerra ya había comenzado.
Pero con los gobernadores peronistas no. Esa sociedad por conveniencia se mantiene. Ni siquiera ha intentado un acercamiento al socialista Antonio Bonfatti en Santa Fe. Más bien todo lo contrario. Incluso el traspié del jefe de la policía santafecina fue aprovechado por el cristinismo para vapulearlo.
Sin embargo, Brienza propone en su columna que Unidos y Organizados de “la batalla cultural” por terminar con las prácticas más reprochables de estos gobernadores conservadores, a los que Néstor Kirchner perteneció sin ninguna culpa durante, sí, la década del 90 y un poco más.
También los ve posibilitados de ejercer un “Control de calidad ideológica en los diferentes territorios”, una expresión que causó bastante inquietud en más de uno que lo relacionó con el “ rifle sanitario”. “Por ejemplo, tratar que los gobernadores respeten la decisión de seguir adelante con los juicios por delitos de lesa humanidad”, explicaría Brienza después, en la red social Twitter, ante una consulta sobre sus dichos.
Los gobernadores peronistas, con las excepciones mencionadas, son parte del armado del Frente para la Victoria. Parte de la estructura de poder. A 2 años de la muerte de Néstor Kirchner, la alianza no parece mostrar fisuras y se vuelve más que necesaria a un año de las elecciones y en tiempos de debate re-reelecionista. Mal que le pese a Brienza y a Unidos y Organizados.