La respuesta del poder político ante la aparición en escena de González Day fue inmediata: el 'vocero' fue pasado a disponibilidad. Por las dudas, probablemente como mensaje a propios y ajenos a disponibilidad a otro oficial, que ya lo estaba en una suerte de “lo que abunda no daña”.
La ceremonia de cambio de mando, fue fría en lo formal, un ministro que en ningún momento pudo mirar a Paz a la cara mientras este pronunció sus palabras de despedida. Un discurso breve, sencillo pero una verdadera pieza de oratoria para quien supo leer entre líneas.
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Lo primero que agradeció Paz, fue la confianza de la Presidente y del Ministro “hasta el día de hoy” en su persona. Aquí Paz dejó claro que se iba por las suyas. En esa línea de pensamiento continuó expresando: “Me voy con la conciencia tranquila y serena”. Tal vez el desafío más grande de Paz fue hacer eso que la Presidente le prohíbe a sus funcionarios: Él renunció, no lo echaron.
Las paredes del salón Libertad del tercer piso del Edificio Libertad se colmaron de aplausos sostenidos largamente por parte de los más de 400 presentes al acto. Un almirante del área de personal sentenció: “Estamos asistiendo al nacimiento de un verdadero jefe el mismo día en que pasa a retiro”.
En los tres minutos que duraron sus palabras el jefe saliente además hizo público el compromiso que habría asumido el ministro Arturo Puricelli de garantizar, que el próximo cobro de sueldos por parte del personal será sin asimetrías que generen malestar.
La fragata no fue nombrada pero la sombra de sus velas desplegadas se proyectaba en el imaginario colectivo.
Finalmente, mientras el almirante Paz, ya despojado en el fondo y en las formas (se quitó la espada de mando segundos después de entregar el cargo) pudo hacer lo que hace un año Godoy no pudo y lo que ayer el ministro no se animó a hacer. Se quedo con sus ex subordinados hasta que el último invitado al acto se retiro. Se emocionó, sonrió, compartió recuerdos y -en especial- recibió una larga muestra de admiración y respeto.