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Incluso mencionó que la reducción del trabajo en negro -que dijo que llega al 32,4 por ciento de la fuerza laboral-, debería ser uno de objetivos sobre los que convocó a trabajar al sindicalismo. Pedidos, pero ningún ofrecimiento concreto.
En la cabecera de la larga mesa donde se sentaron los invitados, y junto a Cristina, escuchaba Carlos Tomada, el ministro de Trabajo que aceptó la impugnación del congreso del 12 de julio para las elecciones en la CGT, tal como habían pedido los antimoyanistas, y dejó el conflicto "en manos de las asociaciones gremiales".
A pesar de que el Gobierno ha operado para dividir a la CGT así como logró hacerlo antes con la CTA, y con la misma herramienta de no aprobar los comicios que consagraban a un opositor al kirchnerismo, Cristina dijo que le hubiera gustado que "estuvieran todos" los dirigentes sindicales en la reunión que mantuvo con los sectores opositores a Hugo Moyano, y se expresó a favor de "una CGT unida".
La jefa de Estado dijo que no le "gustan los anti nada", al referirse al calificativo de los sindicalistas opositores a Moyano, y expresó: "los que faltan me gustaría que estuvieran".
Dijo que cree "profundamente en la unidad del movimiento obrero", sin embargo, a la reunión en la Casa Rosada sólo fueron invitados los sindicalistas opositores a Moyano, que en ese momento asumía su nuevo mandato en la CGT en la sede de Azopardo.
"Me gustaría decirles que ustedes defienden los intereses de los trabajadores registrados y yo tengo que representar a los cuarenta millones de argentinos. Lo importante es que ninguno se enoje por los roles que tenemos que cumplir", les dijo Cristina a los antimoyanistas.
La jefa de Gobierno afirmó que estaba "agradecida a todos por los ingentes esfuerzos y gestiones que hicieron para que estuvieran todos".
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Insistió en elogiar la actividad de los presentes para "construir la unidad" del sindicalismo, la que "no debe estar subordinada a una, dos o treinta personas".
"Todos venimos de distintas historias, pero nos une el objetivo común del lograr el crecimiento con justicia social", agregó la jefa del Estado en otro momento.
La Presidenta admitió que hay sectores de la economía "con problemas" y aludió a frigoríficos y textiles, aunque dijo que el gobierno desarrolla " políticas anticíclicas" para revertir la situación.
Cristina Fernández mencionó que el trabajo en negro llega a al 32,4 por ciento de la fuerza laboral, que en 2003 era del 50 por ciento y convocó al sindicalismo a que se fije como objetivo la reducción de estos niveles de informalidad.
En el encuentro con la presidenta estuvieron presentes alrededor de cincuenta sindicalistas, entre ellos, Ricardo Pignanelli, José Luis Lingeri, Armando Cavalieri, Omar Viviani, Oscar Lescano, Jorge Lobais, Roberto Fernández, Mario Caligaris, Juan Belén, Carlos Ríos, Omar Maturano y Víctor Santamaría.
Quien quedó en una suerte de 'limbo sindical' fue el gastronómico Luis Barrionuevo. De tirar huevos podridos cuando Ella fue a Catamarca en 2003, se puso de la vereda de enfrente a Moyano y nunca logró congeniar tampoco con los opositores al camionero. Ahora que los antimoyanistas en masa oficializaron su acercamieto a la Rosada ha quedado solo.
En tanto, Aníbal Fernández adelantó que "a partir del 3 de octubre habrá una sola CGT legal" en referencia al congreso convocado para ese día por los gremios opositores a Moyano.