"Se hablan tres veces por semana, es una relación normal, aunque son distintas personalidades", detallaba el dirigente gremial respecto a su padre y la jefa de Estado.
A principios de este año, el ex "compañero" de Cristina en el Ejecutivo, Julio Cobos, daba su visión: el líder de la CGT Hugo Moyano "transitó un camino de compartir el poder" hasta quebrar el vínculo: "Se empezó a romper esa relación que fue inclusive hasta los últimos días de existencia de (Néstor) Kirchner. Ahí ya la relación estaba mal, yo diría rota o suspendida, como lo llama el líder de la CGT".
Bien lo definió hablando de su propio camino junto a los Kirchner: "Uno puede sugerir ideas pero muy difícil que las tomen. Hay que tener una visión muy parecida a ellos y el que piense distinto la relación se ve afectada", cerró.
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Moyano es un dirigente sindical que en los años noventa estuvo en el sector del sindicalismo peronista que se mantuvo enfrentado con Carlos Menem, a diferencia de otros, como es el caso de la mayoría de los dirigentes que hoy están en el sector denominado Los Gordos, quienes estuvieron entonces con el menemismo.
En las elecciones de 2003 Moyano apoyó a Rodríguez Saa y no al candidato de Eduarde Duhalde, que era entonces Néstor Kirchner. La relación del dirigente camionero con el Presidente de transición no era buena.
Pero más que reparos frente a Kirchner, Moyano los tenía frente a Duhalde. Tanto así que, cuando se sella en 2004 la alianza entre Kirchner y Moyano, Duhalde se convirtió en un enemigo común de ambos.
Esta alianza fue para Moyano la forma de acceder a los beneficios que da el poder. Y para Kirchner fue contar con un aliado sindical clave, dada la influencia que camioneros tenía en los gremios del transporte y a partir de ello, su capacidad de operar en la calle.
La elección de un triunvirato para conducir la CGT, cuya conducción compartían en ese momento Moyano y Los Gordos, fue apoyada por Kirchner que, tras resistencias iniciales, asume que necesita del sindicalismo para poder gobernar, algo que no mucho tiempo después asumiría también respecto al peronismo en su conjunto.
En realidad, el acuerdo de Kirchner con Moyano fue el primer paso del retorno del entonces Presidente al peronismo tradicional.
Ideológicamente, el populismo del dirigente camionero resulta más afín al kirchnerismo que el pragmatismo de Los Gordos, y en este contexto se explica que finalmente Kichner haya optado por él cuando decidió apoyarlo como único secretario general de la CGT, tres años después.
El acercamiento del kirchnerismo a la CTA entre 2003 y 2004 corresponde con el momento en el cual Kirchner alentaba el proyecto de la transversalidad, que quería sustituir al peronismo por una nueva coalición de centro-izquierda. La central sindical combativa era la versión sindical de este proyecto, que veía entonces a gobernadores y sindicalistas peronistas como una imagen desgastada del pasado.
Con el retorno de Kirchner al peronismo, que comienza por Moyano, pierde sentido para el kirchnerismo la alianza con la CTA y de acuerdo a ello, también la política para reconocerle personería gremial.
En la elección legislativa de 2005, cuando Duhalde es derrotado, Moyano apoya a Kirchner, quien lleva en su lista bonaerense a Héctor Recalde, que así entra en la Cámara de Diputados.
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Entre 2004 y 2010, camioneros fue el gremio testigo para fijar la pauta salarial general. En los hechos, este gremio acordaba un aumento porcentual del básico, que era el número que se hacía público y estaba en la tapa de los diarios, pero al mismo tiempo se otorgaban incrementos no remunerativos, viáticos y otros ingresos, con lo cual el aumento real (que no se publicitaba) era más alto.
Contra ello, Moyano fue recibiendo apoyos del Ministerio de Trabajo en los conflictos de encuadramiento que le permitieron ir ampliando su sindicato, cuyo proyecto es representar a todo el sector de logística.
Al mismo tiempo, los subsecretarios de Transporte de las distintas áreas bajo la órbita del ministro Julio de Vido eran dirigentes sindicales o ex dirigentes de los gremios del transporte. Pero esa realidad también cambió hoy.
Entre 2009 y 2010 la alianza se traslada al campo político, cuando Kirchner impone a Moyano como Vicepresidente Segundo del PJ nacional y como Presidente del PJ bonaerense.
Esa alianza fue la que Cristina Fernández comenzó a desmontar tras la muerte de su esposo, cuya intención ya se había puesto de manifiesto en el cruce entre ella y Moyano en el acto del 17 de octubre en River, días antes de la muerte del ex Presidente, cuyo velorio estuvo marcado por la indiferencia de Cristina al camionero.
La amenaza del paro nacional a mediados de marzo del año pasado, en respuesta a una investigación judicial suiza sobre sus negocios, que la Cancillería había permitido cursar, fue otro de los desencadenantes del distanciamiento.
Después su hijo, Pablo Moyano, desconoció el acuerdo de su padre de aceptar una subida salarial para ese año del 24% y exigió un aumento mayor, amenazando incluso con una huelga general y bloqueando las refinerías en Buenos Aires, hasta obtener ese aumento solicitado. Algo que se extendió hasta ahora.
Sin embargo, para entonces, Hugo Moyano aspiraba también a obtener varios lugares importantes dentro de las listas electorales de octubre con candidatura vicepresidencial incluida para su mano derecha Héctor Recalde: "los trabajadores no estamos solamente para depositar el voto cuando es la hora de votar, estamos también para reclamar algún cargo si es necesario…vamos en el octavo año de incrementos salariales…Vamos camino decididamente a lograr el fifty-fifty que nos habló el general (Perón)".
La tensión era un hecho, pero todavía habían algunos momentos para reafirmar la "alianza": el 1º de abril la Presidente había anunciado la subida del mínimo no imponible de Ganancias, lo que venía siendo reclamado desde hace tiempo por la CGT.
Luego Moyano llenó la Avenida 9 de Julio, donde pidió a Cristina -que no acudió al acto – que aceptara la reelección y le garantizó su apoyo: "le pedimos a la Presidente que se presente a la reelección. Con lo que hay enfrente no le va a costar mucho".
La intención del camionero era convertirse en imprescindible para el sindicalismo en tiempos electorales. Pero luego, la Presidente avanzó contra él llamando su atención de forma pública en dos ocasiones y de forma muy dura: primero, le pidió "racionalidad" en los conflictos laborales: "preferiría que en lugar de apoyarme tanto pidiéndome para que sea Presidente, me apoyen de una manera más contundente tratando de que las cosas puedan solucionarse sin necesidad de presiones, sin amenazas, o de hechos que crean demasiada conflictividad"; luego, anunció que no respaldaría el proyecto de ley del diputado moyanista Héctor Recalde sobre reparto de ganancias de las empresas: "una ley es algo general, lo general no puede ser aplicado a todos".
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La respuestas de la CGT fue inmiscuirse en el terreno político, no sindical cuando la central se inclinó por respaldar a Sergio Massa como candidato a gobernador de Buenos Aires en vez de a Daniel Scioli.
Luego, llegó la andanada más fuerte cuando Cristina dijo: "yo no estoy muerta por volver a ser presidenta, muchachos…Ya di todo lo que tenía que dar, a mí no me van a correr…Estoy haciendo un inmenso esfuerzo personal y hasta físico para seguir adelante. Si hay algunos que creen que puede ser mejor otro modelo o creen que tienen tanto poder para torcer voluntades, para que este modelo sea desprestigiado, quiero decirles que conmigo no van a contar…No voy a permitir que surja otro fenómeno que es el de la extorsión".
Mientras, claro, Cristina hacía campaña. Y entonces el apoyo de Moyano le restaba más de lo que le sumaba, mientras el camionero confiaba en que la mandataria no rompería totalmente con su figura.
Patricia Bullrich lo había anticipado: "Desde la muerte de Néstor Kirchner la hendija que separa a Cristina Kirchner de Moyano se ahondó a una velocidad impensada. La relación de mutua dependencia que los une es a la vez frágil, pesada y peligrosa. Inevitable. Las próximas horas dirán si la grieta sigue siendo grieta o si se vuelve precipicio".
Pues, en los meses siguientes dicha alianza primero se enfrió, luego se rompió, Moyano pasó primero a ser un adversario y luego un enemigo político, como lo es hoy.
La Casa Rosada opera para que Moyano no pueda ser reelecto en julio como único secretario general de la CGT y el dirigente camionero ya no ocupa la vicepresidencia del PJ nacional ni la Presidencia del bonaerense.