Por ahora, esta baja en las exportaciones quedaría compensada -en parte- por un precio, superior al proyectado originalmente. De modo que se prevé un precio promedio anual de US$ 515 la tonelada.
En este marco, hay 2 riesgos potenciales de aquí a fin de año:
i) que la producción de soja caiga por debajo de 40 millones de toneladas;
ii) que el precio caiga por debajo de US$ 515 la tonelada.
En lo que respecta al precio, la cotización promedio anual de la soja seguiría siendo buena mientras el dólar no se aprecie significativamente de aquí a fin de año.
El riesgo se centraría en la crisis mundial que podría provocar un fuerte vuelo a la calidad (como con Lehman 2008); o que la Reserva Federal de USA “diera vuelta” su política monetaria y comenzara a subir su tasa de referencia.
En ambos casos, la moneda norteamericana se apreciaría en detrimento del precio de la soja.
Para lo que queda de 2012, la probabilidad que la Reserva Federal suba su tasa de referencia es baja, básicamente porque aún no hay presiones inflacionarias en la economía norteamericana. De hecho, en abril pasado la inflación minorista fue nula.
Por consiguiente, al menos por este año sería poco probable que el dólar se apreciara como resultado de la política monetaria norteamericana. Es decir, por este lado el precio de la soja “no corre peligro”.
Sin embargo, el hecho que la Reserva Federal no suba su tasa de referencia, no descarta la posibilidad de que el dólar se aprecie y, en consecuencia, la soja baje.
Puntualmente, en los últimos 30 días el dólar se apreció 17%. Paralelamente, su poder adquisitivo es 22% más alto que un año atrás, aunque se encuentra un 10% por debajo del máximo post crisis de Lehman. Esta reciente apreciación del dólar habría sido consecuencia de la falta de una solución definitiva a la crisis europea.
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La incertidumbre en los mercados internacionales hace que la divisa norteamericana funcione como “refugio de valor”, aumentando la demanda de dólares en el mundo.
En pocas palabras, la actual apreciación del dólar enciende una luz amarilla para la cotización de la soja. Si esta apreciación reciente del dólar no se profundizara, el piso de la soja continuaría siendo elevado, contribuyendo a que el escenario internacional sigue jugando a favor de nuestro país en el corto y mediano plazo.
Por el contrario, si el dólar siguiera ganando valor, el precio de la soja bajaría, reduciendo la contribución positiva del mundo a nuestra economía.
En consecuencia, habría que seguir de cerca la evolución del dólar en el escenario internacional y los movimientos de tasa de la Reserva Federal, porque son cruciales para determinar la cotización de la soja de aquí en adelante.
Considerando una producción de 40 millones de toneladas, por cada US$ 10 que cayera el precio de la soja se perderían en promedio US$ 520 millones de exportaciones, $ 783 millones de ingresos al fisco por retenciones; lo que haría que las provincias recibirían $235 millones menos de fondo solidario para obra pública.
Por el lado de las cantidades, el riesgo macroeconómico es que el volumen finalmente exportado termine siendo menor al esperado (40 millones de toneladas).
Esto podría suceder como consecuencia de la sequía del verano y de la actual inundación en la provincia de Buenos Aires.
Además de las cantidades producidas, las exportaciones también podrían caer por debajo de los 40 millones de toneladas si los exportadores acopiaran más y exportaran menos, ante una caída del precio internacional o cambios de reglas en materia impositiva, cambiaria o en el proceso de liquidación de exportaciones.
Con una soja a US$ 515 promedio en 2012 (escenario base), por cada millón de toneladas que se deje de exportar, nuestra economía perdería en promedio US$ 535 millones, el Tesoro Nacional percibiría $782 millones menos de retenciones y las provincias recibirían $235 menos de Fondo Solidario para obra pública.
En definitiva, el efecto macroeconómico de una caída de 10 dólares en el precio de la soja es similar al efecto de una pérdida de 1 millón de toneladas de cosecha y ascendería algo más de 500 millones de exportaciones. Si se compara el volumen de la cosecha actual con el que se proyectaba que iba a haber el año pasado, las pérdidas en materia de exportaciones ascendería a un poco más de US$ 3.500 millones.
Esta pérdida aumentaría en aproximadamente US$ 500 millones adicionales por cada US$ 10 que caiga el precio promedio de la tonelada en el escenario internacional.
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Visto de otro lado, para compensar el efecto negativo de una tonelada de soja perdida es necesario que el precio suba US$ 10. O la caída del precio en US$ 10 duplica el efecto negativo de la pérdida de una tonelada de exportación de soja.
Efecto Brasil
Brasil es el principal socio comercial de Argentina, porque estructuralmente representa la mitad de nuestro comercio exterior. Entre 2003 (49.5%) y 2011 (50.5%) la suma de exportaciones e importaciones con Brasil se mantuvo en torno al 50%.
Sin embargo, es importante resaltar que en los últimos 9 años las exportaciones a Brasil fueron ganando peso relativo dentro de las exportaciones totales, mientras que las importaciones desde Brasil fueron perdiendo importancia relativa en relación a las compras totales provenientes del extranjero.
El ritmo de crecimiento de Brasil es trascendental para la macroeconomía argentina, ya que cuanto más alto sea su nivel de actividad económica mayor será su demanda de exportaciones argentinas y menor será la probabilidad de que haya una avalancha de productos brasileros a nuestro mercado.
Se podría decir que el nivel de actividad en el mercado doméstico brasilero también funciona como una protección efectiva para nuestro sector industrial sustituidor de importaciones.
En un escenario optimista, proyectamos que el nivel de actividad económica de Brasil tendría forma de “U” y su crecimiento difícilmente alcanzaría un 3.0% anual en 2012, lo cual sería apenas superior a la expansión del año pasado y sensiblemente menor al promedio de los últimos años.
Es más, lo peor del nivel de actividad de Brasil todavía no habría pasado, porque el piso se encontraría recién en el segundo trimestre de este año y el ritmo de expansión económica, en el escenario más positivo, recién se aceleraría moderadamente hacia el tercer y cuarto trimestre.
El menor nivel de actividad brasilero sería una de las dos principales causas del menor dinamismo de la industria y del PBI en Argentina. La industria es el sector económico que más sufre la desaceleración brasilera.
Como el sector industrial es quien sufre más fuertemente las trabas a las importaciones y la intervención cambiaria, su nivel de actividad es el que más se desacelera en términos relativos.
Cabe destacar que en el primer trimestre 2012 el sector industrial habría crecido a un ritmo de 1.5% interanual, que es menos de la mitad de la expansión de la economía en su conjunto, que según números oficiales, habría crecido al 4.1% en el mismo período. Teniendo en cuenta este escenario, la tasa de crecimiento del producto para la Argentina se ubicaría en torno al 2.8% en 2012.