A los hermanos Cirigliano (bah, en verdad a Claudio porque su hermano Mario quedó 'tocado' desde la escandalosa caída de la aseguradora LUA y se encarga de la 'cabecera de playa' en el autotransporte de pasajeros en USA) intenta mantenerle sus muchos negocios con el Estado. Ella ni siquiera les quitó la concesión de la línea Sarmiento sino que prorroga una intervención de corto alcance que ha mantenido en funciones a todos los ejecutivos de Trenes de Buenos Aires/Grupo Plaza.
Cristina pactó con el auditor general Javier Fernández que, vía Darío Richarte, intente un 'blindaje judicial' del vicepresidente de la Nación.
No será fácil porque la conducta comercial de Boudou parece haber sido desprolija, hombre de dejar 'cabos sueltos' por aquí y allá aun cuando intenten 'borrar las huellas', dicen quienes lo investigan. Luego, los periodistas que husmean en Mar del Plata parece que se harán un festín con el pasado del hombre de confianza de Cristina, el presidente del Senado de la Nación. Y faltan las investigaciones en el exterior acerca de The Old Fund y los otros 'sellos de goma' vinculados a la adquisición del taller de la ex Ciccone Calcográfica.
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En definitiva, hay Boudou en los medios de comunicación y la Justicia federal para rato. La pregunta cuál será el límite de tolerancia de Cristina Fernández. ¿A cuántos puntos de imagen positiva más se encuentra ella dispuesta a renunciar, en nombre de Boudou?
Cada vez que el kirchnerismo estuvo frente a un funcionario de su administración fuertemente cuestionado por denuncias de corrupción, que lo volvían ya indefendible y hasta pernicioso frente a la opinión pública, eligieron 'eyectarlo'.
Pero hay antecedentes en la Administración Kirchner que le inspiran confianza a Boudou:
> A Felisa Miceli le encontraron un paquete con dinero en su baño privado del Palacio de Hacienda, que ella aceptó que era suyo, y sigue en libertad. Inclusive prestó servicios a Hebe de Bonafini en la Fundación Madres de Plaza de Mayo aunque no pudo impedir el descalabro que explotó con la disputa entre la anciana díscola y su ex protegido, Sergio Schoklender.
> A Ricardo Jaime le han encontrado activos que no puede explicar, abundan las sospechas por el origen del financiamiento de su calidad de vida que parece la de un millonario, pero habita con calma en Puerto Madero, con nueva vida sentimental, sostienen.
Otros casos son los del último Secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi (aunque en este caso fue tras la Tragedia de Once), quien fue despedido del Gobierno con aplausos y loas de Julio De Vido y quizás haya sido el funcionario que mejor despedida recibió por parte del Gobierno kirchnerista, a pesar de que pocos días antres habían muerto 51 personas. Y por último Claudio Uberti, Néstor Ulloa y Fulvio Madaro (Caso Skanska). Es más: el jefe de Gabinete de Ministros de la Nación, Juan Manuel Abal Medina (h), vaticinó para Boudou una exculpación como la de esos funcionarios involucrados en ese escándalo de obra pública.
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Es cierto pero hay un denominador comun entre Jaime, Miceli y Skansa:
todos tuvieron que renunciar. No hubo condena judicial aún pero el precio fue dar un paso al costado. No es un dato menor.
Pero a diferencia de todos los antes mencionados, Amado Boudou es el Vicepresidente de la Nación y fue elegido por Cristina, en una decisión exclusivamente suya. Además Cristina arrastra el recuerdo de Julio Cobos, y dejar caer al vice sería repetir la historia de los problemas entre los presidentes y sus compañeros de fórmula.
Y eso que todavía la lupa sobre Boudou no llegó a la triangulación que protagonizó la ex Ciccone con la impresión de boletas para el comicio nacional 2011, un negocio complicado: quien gana la licitación para la impresión, solamente intermedia, no imprime.
Ni hablar de un contrato con la Casa de Moneda de Brasil para imprimir papel moneda durante varios años, y que se interrumpe para que Ciccone pueda ser contratado por la Casa de Moneda argentina, que no puede cumplir con las necesidades del Estado.
En verdad, los antecedentes condenan a Ciccone: desde el salvataje financiero solicitado a Alfredo Yabrán en los años '90 hasta las denuncias por supuestas irregularidades en la impresión de patacones y otras monedas provinciales, y en papel moneda de países tercermundistas. Todo siempre negado por Nicolás, uno de los hermanos Ciccone.
Mientras tanto sigue sin haber explicaciones oficiales del Gobierno ni de Boudou sobre el caso, excepto entrevistas que dio el Vice en medios amigos del oficialismo, donde encima se contradijo en varias oportunidades y terminó reconociendo que intercedió por Ciccone en su pedido de quiebra.
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Además de estar aislado en el mundo cristinista (Cristina lo ignora, Máximo no lo quiere y el resto de los funcionarios, excepto Echegaray y Mariotto, prefieren no hablar de sus problemas) Boudou tiene que sufrir los dardos de Mercedes Marcó del Pont, su rival de las épocas en que era ministro de Economía.
La titular del Central reconoció que la ex Ciccone al final imprimirá billetes, a pesar de que el viernes pasado hubo un allanamiento a la planta, sin que se sepa aún quienes son sus dueños y cómo consiguieron el dinero para la quiebra. Es más, la semana pasada el abogado Ricardo Monner Sans denunció que la ex Ciccone todavía le debe al Estado 1 millón de pesos y por eso volvió a pedir la quiebra.
Pero Marcó del Pont también hizo otro reconocimiento que mancha al Vice. La diputada del Udeso, Graciela Ocaña denunció que hubo un ‘vaciamiento’ de la Casa de la Moneda que hizo ahora “necesaria la contratación de Ciccone” y que incluso esto lo reconoce la titular del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, quien al opinar sobre la situación de la Casa de la Moneda durante una entrevista aseguró: “no tiene el equipamiento necesario”.
Esta es la realidad incierta de Amado Boudou, un 'obediente' que le está costando muy caro a Cristina.