La situación es compleja, dinámica, y muy preocupante para los intereses de la sociedad en su conjunto.
Los jóvenes de la bolsa de trabajo estatal La Cámpora no están a la altura de las circunstancias ni de las expectativas de Cristina. Carecen de capacidad de gestión del Estado y como reserva estratégica del Frente para la Victoria, son un fiasco cuando no una estafa.
Muy interesantes 3 columnas dominicales de las que se eligieron algunos fragmentos:
"Un funcionario con despacho en la Casa Rosada reflexionaba, el viernes, en los siguientes términos: "Si todo esto ocurriera a esta altura del año que viene, perdemos las elecciones". (...)
Decidido, por imperio de las circunstancias, a administrar la crisis, antes que a avanzar en la aplicación de medidas que eran claramente antisociales, el gobierno tomó otras decisiones: no habrá quita de subsidios a las empresas del transporte, de manera de mantener el boleto social tal como ha ocurrido hasta ahora.
Hay en marcha un plan reservado, del que es responsable la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, en consonancia con el nuevo secretario de Seguridad, el ex mayor del Ejército Sergio Berni, para negociar con los grupos piqueteros que se oponen al gobierno y darles los planes que piden o aumentos en las asignaciones que reciben vía subsidios del Estado, más allá de que, en la superficie, ese cometido no se va a notar. (...)
La tragedia de Once ha provocado a Cristina Fernández una caída en las encuestas de imagen, tanto a nivel nacional como en el distrito porteño. Es cierto que los sondeos que se publicarán en los próximos días demostrarán que Macri también resultó golpeado y con pérdida de imagen. La Presidenta pasó, en menos de un mes, en materia de imagen positiva en la ciudad autónoma, del 45% al 28%.
Otro fenómeno de estos días es que también Daniel Scioli ha perdido puntos de imagen positiva, ante el recrudecimiento de la inseguridad y casos de extrema violencia, como el que sufrió el periodista Baby Echecopar. Se estaría dando, en todos los casos, un escenario nuevo: los 3 principales candidatos a Presidentes en 2015 (lo son Cristina, Macri y Scioli, aunque nada se haya oficializado) han perdido consideración en anchas franjas de la sociedad, cada uno presa de sus propios errores y de sus respectivos dramas locales. (...)
Las preocupaciones que se notan en la Casa Rosada tienen su razón de ser, si se mira un dato: no sólo las encuestas privadas, sino las que elabora semanalmente la Secretaría de Inteligencia, registran una caída en materia de popularidad de la jefa de Estado. El último sondeo conocido sostiene que, desde que empezaron los tropiezos, a comienzos de año, su imagen cayó 12 puntos y se ubica actualmente en el 47% de las preferencias populares. Poco, si se recuerda que, hace apenas 3 meses, a fines de diciembre, todavía conservaba un 70% de adhesiones, tras su espectacular victoria de octubre.
Para completar el cuadro, otro fenómeno, si se quiere novedoso, se ha instalado en la escena. Por primera vez en mucho tiempo, los ciudadanos consultados han colocado la inflación y su temor por el alza de los precios entre sus principales preocupaciones, apenas por debajo de la inseguridad. (...)
En el gobierno, dicen que Cristina Fernández cree que su gabinete se ha desgastado y que algunos ministros y secretarios han perdido el fuego sagrado y el fanatismo que caracteriza a esos jóvenes ávidos de ascenso y poder. De hecho, De Vido sabe que, desde hace un tiempo, no puede arrancar ninguna reunión importante sin antes convocar a Axel Kicillof para que escuche. Y tal vez supervise. Florencio Randazzo y Julio Alak son dos que están en la mira. (...)
También resolvió que Alicia Kirchner preservará el apellido y será candidata en la provincia de Buenos Aires en 2013. Y (N. de la R.: Cristina) aceptó medir a su hijo en Santa Cruz con la misma idea. Parece, asimismo, decidida a soltarle la mano a Amado Boudou. (...)".
"José Manuel Soria es el ministro de Industria de España. El es quien le indicó al titular de Repsol-YPF, Antonio Brufau, casi como un mandato del Estado, que debía viajar a la Argentina para presidir la reunión de directorio de la petrolera de la semana pasada y presentar un plan razonable que no incluyera el pago de dividendos en efectivo para no irritar al león. Le dijo que se quedara tranquilo, porque el gobierno español tenía la llave para conseguir que el avance del gobierno de Cristina Fernández sobre la compañía no llegue a mayores.
Del Rey para abajo, todos saben en Madrid que la Presidenta de la Nación no quiere por nada del mundo que la dejen afuera del Grupo de los 20 "por la utilidad de estar allí" y que tocar a fondo a la petrolera española le iba significar a la Argentina tarjeta roja en el club de naciones al que llegó de la mano de Carlos Menem. A Cristina le sienta bien la pompa, más allá de que ella dice que gracias a estar en esa mesa pudo desactivar "la política que intentaba la baja de los precios de las commodities, como la soja".
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En verdad, los encomillados anteriores no pertenecen a la Presidenta, sino a un funcionario kirchnerista, José Sbatella, quien justificó hace tres meses de esa manera, ante los intelectuales de Carta Abierta, el por qué de la Ley Antiterrorista que había que sacar sí o sí, a pedido del GAFI. Esas revelaciones, hechas para justificar hacia adentro del kirchnerismo una ley represiva, dejaron ahora al gobierno, en la pelea con YPF, en posición de debilidad. En todo caso, el jefe de la Unidad de Información Financiera (UIF) fue un adelantado en la catarata de metidas de pata que durante los últimos días expusieron algunas primeras espadas del oficialismo, con revelaciones, autodesmentidas y contradicciones, junto a algunas hipocresías, propias de principiantes nerviosos que titubean ante las inconsistencias del relato o se allanan a la manipulación estadística, como hizo el canciller Héctor Timerman hablando de las importaciones del año pasado, sin mencionar cómo han caído este año.
Cuando habló Sbatella en una de las tenidas sabatinas de la Biblioteca Nacional, ventiló en público una necesidad estratégica que la Presidenta estima vital para el país y eso ahora es aprovechado al dedillo por España. Si a esto se le suma que este país, pese a sus graves dificultades actuales, aspira a sentarse en uno de los sillones del G20, está claro por qué la tensión entre ambos gobiernos escaló más allá de una simple pelea societaria por el monto de las inversiones de la petrolera. No resulta extraño, entonces, que con tan importantes avales, Brufau haya llegado agrandado el miércoles al edificio vidriado de Puerto Madero, acompañado por un ejército de abogados para enfrentar en tono de alta tensión al representante del Estado, Roberto Baratta, quien asistió junto al viceministro de Economía, Axel Kiciloff y al secretario de Energía, Daniel Cameron en calidad de asesores.
Mientras los funcionarios locales suponían que los españoles iban a proponer pagar dividendos en efectivo y girar las utilidades al exterior, lo que se iba a rechazar y a denunciar mediáticamente como un expolio digno de los tiempos de la Corona, la propuesta sorpresa que hizo el catalán fue la de aumentar el capital social de YPF y mantener en el país la totalidad de las ganancias del ejercicio 2011 y el remanente no girado del ejercicio anterior, un total de $ 5.800 millones. Brufau argumentó que tal capitalización atendía a "la alta sensibilidad ante la situación actual, las necesidades de inversión y los compromisos de la compañía".
Desconcertado y sin plan B a mano, el trío gubernamental apenas atinó a solicitar un cuarto intermedio para hacer consultas telefónicas y volvió con un planteo que abarcaba rechazar la propuesta de distribución de las ganancias en acciones y pedir que con ese dinero se conforme un Fondo Especial de Inversiones. Según fuentes de la reunión, por el lado de la distribución en acciones, Kicillof se enredó malamente, "confundiendo" el papel que éstas cumplen en relación a la salida de divisas e incluyó una teoría sobre algún propósito escondido en la propuesta de Repsol para hacerse de fondos en el exterior. "No dio la impresión de que hubiera sido tan buen alumno cuando estudiaba economía. Estaba blanco, probablemente nervioso", dijo un ejecutivo de la empresa. A la salida, el viceministro pareció ajustar algo sus declaraciones y señaló razonablemente que la distribución en acciones "tiene efectos sobre el valor bursátil de la compañía. Hasta podría tratarse de una maniobra especulativa, porque una distribución de dividendos en acciones genera cambios en el valor de dichas acciones", especuló. (...)".
"Cristina Fernández imaginó construir su segundo mandato bajo el método de la cirugía con anestesia, vale decir, hacer un cambio indoloro -sin que se notara- en muchas de las políticas impulsadas por Néstor Kirchner.
Incluso pensaba hacerlas en nombre y bajo el mito protector de su marido. No es, como dicen algunos, que ella se propusiera negarlo, sino que llegó a la conclusión de que dos grandes instrumentos que habían sido útiles antes, ya no lo eran: los subsidios y los testaferros.
Los subsidios, entendidos como una forma de redistribución social mediante el congelamiento de las tarifas de servicios públicos a cambio de no invertir un peso en ellos, ya no servían más, si alguna vez sirvieron.
Para colmo, los testaferros, vale decir, los concesionarios de los servicios públicos que se beneficiaron con esos subsidios que les permitieron apoderarse de las empresas no por sus méritos sino en nombre del poder político, una vez muerto Kirchner ya no tenían quien los controlara. Entonces quisieron dejar de ser testaferros para ver si devenían dueños de lo que el Estado les había dado para que se hicieran ricos pero no para que se hicieran dueños, porque dueño, como se sabe, hay -o había- uno solo.
Sacarse de encima los subsidios y los testaferros fue el gran programa que Cristina intentó concretar: Si los subsidios sirvieron para que nuestros capitalistas amigos les sacaran las empresas a los capitalistas enemigos, ahora la mayoría de los capitalistas amigos se pasan al enemigo, por lo cual para terminar con ellos hay que terminar con los subsidios, fue la idea que más la sedujo.
Para eso, alguien le susurró a su oído (un oído más que propenso a aceptar eso que se le susurraba) hay que desmantelar la conspiración que los amigos devenidos enemigos inevitablemente provocarán cuando se les tocarán sus intereses.
Y allí entran las dos estrellas del nuevo proyecto: Guillermo Moreno y Axel Kicillof. El primero al servicio de la táctica, el segundo de la estrategia.
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Moreno se encargaría de asediar a los traidores al modelo, como esos Eskenazi o Brito que Néstor infiltró en las petroleras o las finanzas pero que terminaron pasándose al enemigo.
Kicillof se ocuparía de ir diseñando las alternativas a esos capitalistas amigos más amigos del capitalismo que del proyecto nacional y popular. Alternativas que ya no podrían pasar por reemplazar los testaferros desleales por otros más leales, porque la experiencia indicaba que no hay testaferro leal.
Se debería pensar en un nuevo Estado que asumiera las funciones delegadas a los infieles: en vez de banqueros amigos, convertir al Banco Central en un nuevo Banco de Desarrollo que terminara con los Brito, pero no para que vinieran los Heller (al que se lo ve como un aliado táctico pero no como un nuevo Brito, que es lo que él sueña), sino para que el gobierno acabara con el manejo “neoliberal” de los recursos del Central y recuperara la soberanía financiera, con Cristina ama y señora del BCRA.
Del mismo modo se obraría con Eskenazi, el hombre que Néstor infiltró en YPF para controlar a los gallegos de Repsol, pero del cual ahora los cristinistas dicen que no sólo no puso un peso para entrar a la empresa, sino que cuando obtuvo su primer dividendo fue el primero en sacarlo del país.
Todo estaba listo entonces para la guerra por el petróleo con la cual Cristina se podría sacar a dos enemigos de encima: al concesionario neoliberal español puesto por Menem y al nacional-popular devenido neoliberal una vez muerto Néstor.
Con el Banco Central poniendo las reservas al “servicio de la producción” se lograría la liberación financiera y con YPF recuperada se comenzaría la liberación energética, aunque fuera necesario “liberarse” de las políticas y de los socios que el mismo Néstor construyera. La profundización del modelo es así, los amigos tácticos de ayer son los enemigos estratégicos de hoy.
Y en eso andan, con estas pruebas piloto en el banco y la petrolera, para después aplicarlas en todos lados y hacer la revolución.
Moreno, convirtiendo al país en un gran almacén con él como único dueño que controla uno a uno a todos los proveedores para que no se queden con el vuelto o le cobren sobreprecio o se lleven la guita afuera.
Kicillof, pensando el nuevo Estado, mejor dicho llenando el viejo con las huestes camporistas para ir despejando de a poco el terreno de enemigos y retardatarios.
Ambos comparten con Cristina la idea de que el gran problema de la Argentina son los conspiradores que (desde adentro del movimiento o desde fuera de él, desde adentro del país o desde fuera de él) quieren desestabilizar al gobierno que toca sus intereses, por lo cual si Moreno los controla y Kicillof va preparando el trasvasamiento generacional, lo demás vendrá por añadidura.
La diferencia con Cristina es que Moreno está muy en lo micro y Kicillof en lo supermacro, pero la que tiene que conducir todo es ella sola. Ellos dos ya le han señalado quiénes son los malos, pero nadie le indica dónde están los buenos, sobre todo al verificar (en particular luego de fallecido Néstor) cuantos buenos se hicieron malos.
Además, Moreno y Kicillof tienen clarísimo qué es lo que anda mal, pero parecen tener bastante menos en claro cómo hacer para que anden bien. O al menos Cristina tiene ciertas dudas.
Tanto que, salvo Máximo y eventualmente la cuñada Alicia, cada día se encierra más porque cada día confía en menos gente. Aunque, para dar un ejemplo, más que dudar de Boudou debería dudar de sí misma por haberlo elegido, pero a ella no le gusta dudar en nada. A Zannini lo quiere pero lo ve como un abogado sin visión política. Moreno vuela demasiado bajo y Kicillof demasiado alto, mientras que el resto sólo aplaude, lo cual es lindo para el ego pero no para cuando los papas queman.
En fin, Cristina hoy muestra la imagen de alguien que parece saber qué cosas no le sirven más, pero no tiene demasiada idea de cómo cambiarlas o con quién hacerlo. Sabe que la política basada en subsidios no sirve más, pero no sabe cómo sacarlos. Sabe que la economía basada en cajas se va quedando cada vez con menos cajas, pero le tiene horror pánico a la escasez porque ella siempre fue hija de la abundancia. (...)".