En tanto, en el Legislativo, hasta la fecha el Frente para la Victoria no consigue la mayoría especial imprescindible (2/3), pero no deja de buscarla.
Aunque no mencionó a la jefa de Estado, la jueza Argibay aseguró: "Me siento mal; me parece que los recambios son necesarios, que hay límites; que quien trata de eternizarse en el poder está demostrando una característica que no me gusta como personalidad, porque todos tenemos que reconocer nuestros límites".
Militantes de La Cámpora iniciaron en enero el reclamo de la re-reelección de Cristina en 2015, y el vicepresidente Amado Boudou propuso no demorar los cambios en la Constitución Nacional. Trascendió, en algunos medios, que el Frente para la Victoria en el poder sería asesorado por el también ministro de la Corte Suprema, Eugenio Zaffaroni.
Para Argibay, "en todos los cargos hay un desgaste importante y está bien poner límites. A lo mejor no se cambia de propuesta porque viene una persona del mismo partido. No se trata de decir que hay que alternarse los partidos de gobierno, pero sí creo es que las personas deben cambiar".
"Por su conocimiento del Derecho Penal, por su compromiso con los Derechos Humanos, Eugenio Raúl Zaffaroni es una figura que trasciende por lejos el ambiente judicial. “El Maradona de la justicia”, lo llegó a definir el relator de fútbol Víctor Hugo Morales.
El ministro de la Corte Suprema es uno de los principales impulsores de la reforma constitucional. Su propuesta es avanzar hacia una forma de gobierno parlamentaria, aunque sin atar el cambio a los intereses partidarios del momento.
En este punto Zaffaroni no elude la polémica. Y se anima a discutir, con la elegancia del caso, incluso con sus colegas de la Corte. Hace una semana, Ricardo Lorenzetti y Carmen Argibay dijeron que sería un error intentar una reforma. “No creo que sea tan necesaria”, señaló Lorenzetti. (...)
–En los últimos años se conquistaron nuevos derechos. ¿Cómo se puede “institucionalizarlos”, si no es a través de una reforma constitucional?
–No me preocupa tanto consagrar más derechos. Hay una tendencia, en particular del progresismo, a consagrar derechos, cuando lo más importante es cómo hacerlos realidad. Poco importa que la Constitución garantice todos los derechos, si el aparato institucional y la infraestructura socioeconómica del país son inadecuados para darles efectiva vigencia. De ese modo no se garantiza nada y los derechos permanecen en un declamatorio mundo normativo. Lo que tenemos que pensar, antes que nada, es cómo mejorar institucionalmente al gobierno, al Legislativo, al Judicial, al control de constitucionalidad, a los procesos de solución de conflictos. Que cada conflicto se resuelva de la mejor manera posible en el ámbito que le es propio, natural. Que los conflictos no se desnaturalicen. Porque si se los quita de su ámbito no se resuelven. Toda sociedad tiene conflictos, toda sociedad es desigual y el camino a la igualdad jurídica siempre es difícil.
–¿Es necesaria una reforma como la de 1949, cuando se hablaba del “constitucionalismo social” a partir de Arturo Sampay?
–Sí y no. Cada tiempo tiene sus demandas, sus necesidades. La Constitución de 1949 consagró los derechos sociales y en su momento fue un paso decisivo en el cambio que vivió el país. En ese momento no se me hubiese ocurrido ni loco sugerir un sistema parlamentario. Porque era necesario incorporar a la clase obrera, hacer un cambio social muy profundo. Para eso era necesario un presidencialismo y ese esquema originario no necesitaba muchos retoques para permitir una centralización de poder considerable. Eso explica por qué la Constitución de 1949 no fue muy innovadora en materia institucional, sin perjuicio de varios retoques interesantes que tenía, como el habeas corpus y la casación. No fue innovadora en materia institucional. Sí lo fue en materia social y económica, con la nacionalización del subsuelo, por ejemplo, que creo que fue uno de los motivos de su abrupta derogación por decreto. Hoy las demandas son otras. Hay exclusión social, es cierto, pero no es estructural, no estamos estancados, vamos incorporando, y a medida que la reducimos van surgiendo nuevas demandas y nuevos conflictos. Hoy están llegando nuevas capas generacionales. Vienen de las universidades del Conurbano, muchas universidades del Interior están dando acceso a los niveles terciarios a muchísimos pibes que son hijos de obreros y también de excluidos. Se está produciendo una revolución silenciosa en materia educativa. Y no falta mucho para que esas nuevas capas sociales, ahora con voz académicamente refinada, nos digan: “Todo bien con los derechos, ¿pero cómo los hacemos realidad, dónde reclamo con eficacia?” (...)".