
Es que pese a una reunión privada que tuvieron los presidentes estadounidenses y argentinos de entonces, George Bush y Fernando de la Rúa, respectivamente, el 10 de noviembre en la Casa Blanca, en la que se le brindó apoyo al dirigente radical ya fallecido, las prioridades fueron otras.
De la Rúa se había entrevistado con Bush y, al finalizar el encuentro, un portavoz aseguró que EE. UU. 'a través del FMI' iba a apoyar a la Argentina. Bush y De la Rúa habían acordado celebrar encuentros bilaterales para examinar la relación comercial entre ambos países.
"El presidente de la Rúa -explicó el portavoz estadounidense- ha expuesto (a Bush) su plan de austeridad, el objetivo presupuestario de déficit cero y ha destacado que Argentina va a seguir esa línea". "Nuestra política -añadió es apoyar a Argentina a través de (los planes) del Fondo Monetario Internacional".
Cuenta un artículo del diario El País, de Madrid, de ese momento, que De la Rúa se había entrevistado hacía escasos días con representantes de la banca estadounidense a quienes explicó sus planes y a los que, aparentemente, convenció de la necesidad de apoyar la economía y las inversiones en Argentina. No obstante, dentro de su propio país, la situación sigue siendo delicada. Los argentinos han retirado depósitos por unos 1.200 millones de dólares (en torno al cuarto de billón de pesetas) desde el pasado 18 de octubre, según admitió ayer el presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA, emisor), Roque Maccarone.
Sin embargo, el funcionario aclaró que "el sistema financiero está fuerte y es el dique de contención para la actual crisis económica" que afecta a este país suramericano.
Luego del 11S, los planes de la Casa Blanca habían cambiado rotundamente y su direccionamiento fiscal también. Es que en el radar del Gobierno de Bush ya no estaba ayudar a países subdesarrollado sino invadir Afganistán para luchar contra el terrorismo.
Consecuencia de esta situación, tras una crisis política que marcó otro antes y después para los tiempos que corren ahora, aparecieron los Kirchner en la política nacional con un apellido que no sabían ni pronunciar los periodistas y peronistas.
Para diferenciarse del expresidente Carlos Menem, que fue considerado un aliado por la Casa Blanca en los '90 en la región, motivo por el cual la Argentina ingresó al G20 y fue un miembro extra OTAN, Kirchner lanzó el movimiento "anti-imperialista".
Así las cosas, Kirchner terminó aliándose con Hugo Chávez (Venezuela) y Lula da Silva (Brasil) para bloquear el ALCA en la Cumbre de las Américas de 2005 en Mar del Plata.
Eso fue realmente un gran golpe para Estados Unidos y el ego de la familia Bush porque, además, generó el arribo de China en las principales economías del Cono Sur. De alguna manera, hace muy pocos años, el entonces presidente Mauricio Macri convenció a Donald Trump de apoyar financieramente al Estado Nacional para torcer el rumbo de China en el país y el resto de los vecinos, pero tras el acuerdo por Vaca Muerta, entró a jugar el Acuerdo de París.