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Violencia de género: Lo condenaron, salió libre y ahora ella teme por su vida

Argentina sigue dolida por el femicidio de Agostina Vega, mientras otro caso muestra cómo el sistema sigue fallándole a las víctimas de violencia de género.

Mientras que el crimen de Agostina Vega, que está sacudiendo a la Argentina, volvió a poner sobre la mesa la violencia de género, la misma película se repite en otro caso de Buenos Aires. Uno en el que también las medidas llegan tarde a pesar de las denuncias y las pruebas, y los agresores terminan sueltos como si nada.

Las amenazas que terminaron en una condena judicial

La Justicia porteña homologó un acuerdo de avenimiento y condenó a Oscar Darío Viegas a dos años y diez meses de prisión en suspenso por una serie de delitos cometidos contra quien fuera su pareja, Elizabeth Monteros.

En el expediente judicial se describe una sucesión de hechos ocurridos durante 2022 que incluyen amenazas de muerte, lesiones físicas, violación de domicilio y desobediencia a medidas judiciales. Según la sentencia, Viegas aceptó su responsabilidad penal por distintos episodios que fueron acreditados mediante denuncias, informes médicos, testimonios policiales y evaluaciones interdisciplinarias.

Uno de los primeros hechos ocurrió el 1 de abril de 2022, después de que Monteros se negara a transferirle la vivienda donde residían. La resolución judicial cita que le exigió que firmara "los papeles de la casa" mientras le decía que "la iba a matar", para luego empujarla provocándole lesiones constatadas por profesionales médicos.

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La sentencia judicial reconstruyó una serie de amenazas, agresiones físicas y presiones vinculadas a una vivienda. Pruebas, testimonios y pericias permitieron acreditar violencia de género y responsabilidad penal. Foto: Grok

Lo que siguió fue una escalada que incluyó nuevas intimidaciones vinculadas a la propiedad. Entre las frases atribuidas a Viegas aparecen expresiones como: "más vale que te vayas de la casa porque sino te voy a terminar matando", y posteriormente: "firmame lo de la casa porque sino voy a prender fuego a tu gente, y donde te cruzo, te mato".

La sentencia concluyó que existió un claro contexto de violencia de género y destacó que el propio acusado reconoció los hechos al aceptar el acuerdo judicial.

Condenado, pero libre: el miedo que no termina

Elizabeth Monteros asegura que continúa viviendo un calvario. ¿Por qué? La condena existe, pero es de ejecución condicional. En otras palabras, Viegas no quedó detenido de manera efectiva.

La Justicia le impuso reglas estrictas: no puede contactar con Monteros por ningún medio y tiene prohibido acercarse a menos de 500 metros de ella o de su domicilio. También debe realizar actividades vinculadas a la problemática de violencia de género y permanecer bajo supervisión del Patronato de Liberados.

Sin embargo, para muchas víctimas el problema no termina cuando se firma una sentencia.

El propio fallo recuerda un episodio ocurrido el 30 de agosto de 2022, cuando Monteros recibió un llamado telefónico desde un número privado. Según consta en la causa, reconoció la voz de su ex pareja, quien le dijo: "Hola Elizabeth, si ya sabemos dónde estás, cómo te estás moviendo, tenés los días contados, sos boleta".

La frase, escalofriante por sí sola, ayuda a comprender por qué la denunciante sostiene que todavía teme por su integridad.

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Aunque existe una condena y restricciones de acercamiento, Elizabeth Monteros asegura vivir con temor. ¿Qué tan efectiva es la protección de las víctimas después de denunciar? Foto: iFis

La Justicia valoró más de 30 elementos probatorios, incluyendo informes médicos, actuaciones policiales, evaluaciones de riesgo de la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) y testimonios de efectivos que intervinieron en distintos episodios.

El expediente incluso menciona que Viegas violó restricciones judiciales previas e ingresó al domicilio de Monteros contra su voluntad, situación que derivó en una detención policial.

Argentina registra miles de denuncias por violencia de género cada año y buena parte de las víctimas señalan la misma preocupación: qué sucede después de denunciar. A pesar de algunos avances, el gran desafío sigue siendo que la protección se vuelva efectiva una vez que el expediente entra en la rutina burocrática.

Una condena puede cerrar un capítulo judicial, pero no siempre cierra el miedo. Y cuando una mujer siente que todavía tiene que mirar sobre su hombro cada vez que sale de su casa, hay que preguntar: ¿la protección llega realmente cuando más se necesita?

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