"Algunas provincias ya dieron su anuencia y otras todavía faltan, porque están estableciendo los requisitos sanitarios que tienen que cumplir los pasajeros para el ingreso", dijeron fuentes de la ANAC. "Esperamos que para mañana (por hoy) ya todas ya hayan respondido, para que así podamos autorizar los cronogramas de vuelos".
Los vuelos regulares de pasajeros, tanto internacionales como de cabotaje, están suspendidos desde fines de marzo, hasta que el Poder Ejecutivo eliminó esta restricción en el último DNU que prorrogó el aislamiento social y obligatorio. Con ese nuevo marco, la semana pasada, el ministerio de Transporte autorizó los vuelos de cabotaje, con restricciones. La más importante: no podrán viajar los turistas. En esta primera etapa sólo podrán embarcar aquellos que estén enrolados como trabajadores "esenciales", personas que deben seguir tratamientos médicos con sus acompañantes, y unos pocas categorías más.
A su vez, las provincias que acepten la llegada de los aviones tienen la potestad de elegir qué tipo de protocolo de seguimiento exigirán a los pasajeros. "Puede ser que pidan testeos tipo PCR con un seguimiento de 48 horas, o de 72 horas, o que exijan directamente el cumplimiento de una cuarentena. No lo sabemos, no nos dicen nada y nuestra gente del área de operaciones no sabe a qué atenerse”, dijeron en una de las líneas aéreas que solicitó autorización. En otra se mostraban más confiados: "En la ANAC nos prometieron novedades para el miércoles".
Aerolíneas Argentinas cuenta con un centenar de vuelos programados sólo hasta fin de mes. Pero también vuelven a volar las 2 'low cost', Flybondi y JetSmart. El primer vuelo de JetSmart está programado para este viernes, desde el aeropuerto de El Palomar. Pero tampoco cuenta hasta el momento con la autorización oficial. En tanto, Flybondi solicitó fechas a partir de noviembre.
Algunos de los requisitos son comunes a todos, más allá de lo que termine exigiendo cada provincia: hay que contar con el Certificado Único Habilitante para Circulación-Emergencia Covid-19, que hay que completar entre 24 y tres horas antes de la salida del vuelo. Todos los pasajeros deben llevar tapabocas y no dejarán embarcar a pasajeros con síntomas o fiebre.
"Nosotros estuvimos llamando uno por uno a todos los pasajeros para preguntarles si confirmaban o no. Pero ahora no sabemos donde estamos parados, porque no nos dicen si el vuelo será autorizado, los gobernadores no definen qué es lo que van a pedir", agregaron en otra de las aerolíneas.
Vuelos comerciales entre Argentina y Uruguay
Pero mientras reinan las dudas sobre lo que ocurrirá en horas, avanzan las conversaciones entre Argentina y Uruguay para retomar los vuelos comerciales en noviembre con un plan de acción para el verano y empezaron a analizar los mecanismos de una eventual apertura de la frontera terrestre.
A lo largo de una reunión que mantuvo el ministro de Trurismo y Deporte, Matías Lammens, con el embajador de Uruguay en la Argentina, Carlos Enciso, se acordó avanzar hacia la agenda a corto y largo plazo. La agenda inmediata contempla la posibilidad concreta de que se reestablezcan los vuelos desde noviembre.
"Hubo muy buena predisposición y estamos en plenas negociaciones con vistas al verano", dijo Lammens, quien ratificó así que la reanudación de los vuelos con Uruguay casi es un hecho aunque aun está sujeta a los detalles de protocolo sanitario que se terminarán de cerrar con el ministro de Salud, Ginés González García y con las autoridades sanitarias de Uruguay.
Por lo pronto, en Uruguay son de la idea de establecer una esquema de "hisopado doble" en el caso de reanudar los vuelos comerciales. Es decir, la aplicación del test de COVID-19 con autoridades sanitarias argentinas al salir y luego al entrar a Uruguay aplicar otro exámen de prueba de contagio o viceversa.
A la vez, se mantiene firme la idea del gobierno de Luis Lacalle Pou de que los argentinos que ingresen a Uruguay tengan que hacer una cuarentena obligatoria de al menos 7 días. Esto correría también para aquellos pasajeros que viajen en avión a partir de la reanudación de vuelos en noviembre.
Con apenas 2.560 contagios confirmados hasta ahora en Uruguay que contrastan con el millón de casos de la Argentina, en Montevideo quieren ser muy cautos a la hora de tomar una definición en relación a la apertura de fronteras y la actividad del verano. Saben que el aluvión de turistas argentinos siempre resulta caótico cada verano de vacaciones y en un momento de crisis sanitaria como el que se vive entienden que podría ser más complicado aun.
"Tenemos un status sanitario que nos costó mucho mantener y no queremos correr el riesgo de perder todo eso en dos meses", explicó tajante un funcionario del gobierno de Lacalle Pou.
De todas maneras, en Montevideo destacaron la "buena predisposición y el diálogo" que hay entre ambos países teniendo en cuenta la situación de pandemia y las diferencias ideológicas que separan a Lacalle Pou de Alberto Fernández.
Pero pese a ello, en Uruguay, la estrategia que quieren llevar adelante en el caso de una apertura de fronteras para el período estival es establecer lo que llaman una "burbuja sanitaria estricta". Esto es: definir bien con los países vecinos tanto la apertura ordenada de vuelos y fronteras terrestres así como estrictos mecanismos de control sanitario con hisopados dobles y la cuarentena obligatoria.
Tanto Lammens como Enciso coincidieron en que la agenda de trabajo y los acuerdos que se puedan establecer para el verano corren el riesgo de volver a foja cero si se percibe un incremento de contagios en cualquiera de los dos países.
"Por ahora podemos decir que hay una luz amarilla", graficó un funcionario del gobierno de Uruguay al evaluar las negociaciones que se abrieron en función de la temporada de verano. En Montevideo aseguran que todo estará sujeto a la definición última del Presidente y del Ministerio de Salud. Es que la administración oriental se muestra muy cauta a la hora de tomar definiciones y no quieren dar ningún paso en falso.