Antes, él deberá esforzarse para que las rispideces en el FdT por el acuerdo con el FMI no provoque o rupturas o ausencias peligrosas de los legisladores propios, mientras intenta mantener sus acuerdos con los Kirchner y también con Fernández / Guzmán.
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Sergio Massa y Alberto Fernández.
Limitaciones
No siempre la realidad ocurre tal como la imagina Massa. A veces sencillamente no sucede.
Massa regresó de USA a mediados de 2021 y dijo a Fernández, a Guzmán y a los Kirchner que el gobierno estadounidense aconsejaba alcanzar cuanto antes un entendimiento con el FMI, al que contribuiría la Administración Biden.
O Fernández / Guzmán o los Kirchner, vaya uno a saber quién, ordenó lo contrario, y el acuerdo con el FMI se postergó en forma innecesaria, costosa para la sociedad, provocando tensiones, angustias y sobrecostos a la economía.
Luego, Massa también impulsó el intento de acuerdo político de alcance nacional (multisectorial y pluripartidario): los 10 pilares de un diálogo con la oposición que expuso ante el Council of Americas, coincidiendo con un más escueto tetráptico que presentó Horacio Rodríguez Larreta.
En esa ocasión, Massa tuvo que soportar el ataque frontal de Mauricio Macri, Patricia Bullrich, la mesa ejecutiva de Juntos por el Cambio; y también integrantes del FdT que reivindican a los Kirchner aunque estos no se explayaron al respecto. En cualquier caso, la Gran Grieta argentina regresó con fuerza.
Después de las elecciones, Massa regresó con su propuesta de acuerdo político pero otra vez no obtuvo el apoyo que buscaba. Sin diálogo, el proyecto de Presupuesto 2022 fue al cadalso. Antes, durante la madrugada y cuando era evidente que no prosperaba ese texto, Massa procuró hacia adentro del FdT, un cuarto intermedio o un retiro del proyecto para adecuarlo a la situación, pero esto no fue aceptado por el oficialismo.
Muy preocupado por el abismo posible, luego trabajó intensamente por sumarse al esfuerzo de lograr un preacuerdo con el FMI. Y celebró el anuncio.
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Máximo Kirchner y Sergio Massa.
Lo que viene
Meses atrás, Massa anticipó una eventual crisis doméstica del FdT y por ese motivo propuso institucionalizar el movimiento electoral gobernante, dotándolo de herramientas y procedimientos similares al Frente Amplio uruguayo.
Las grietas que aparecen en el FdT hacen más necesario que nunca contar con mecanismos internos de resolución de conflictos. Pero ninguno de los otros integrantes del FdT se sumó aún a la propuesta del Frente Renovador, que lidera Massa. El Consejo Nacional del Partido Justicialista, que preside Fernández, no consideró esta idea.
Un desafío que pondrá a prueba la diplomacia y flexibilidad de Massa es cómo mantener su relación tanto con Alberto Fernández como con los Kirchner cuando todo indica que las tensiones llegaron para quedarse.
De paso, un tema que no es menor en relación a su vínculo con Washington DC: él recibió pedidos explícitos de USA, clave en la aprobación en el FMI, acerca del límite necesario de la Argentina a la geopolítica regional de China.
Fernández inicia su gira hacia Rusia y China (Barbados es miniturismo), y recién después prepara una visita a USA: en el mundo de los símbolos y gestos, el Presidente argentino es muy elocuente.
En China recibirá reclamos muy concretos de China acerca de la tecnología G5 para telecomunicaciones, nuevo estándar global en el que compiten con ferocidad USA vs. China (el caso Huawei, por ejemplo). ¿Qué hará Fernández? ¿Tendrá otro espacio de negociación posible con Xi Jinping, ya que él necesita regresar de China con algún logro más interesante que la renovación de swaps en renminbis? (Beijing queda muy lejos como para volverse sin premio, diría Marco Polo).
Es evidente que, más allá de las coincidencias coyunturales, Massa tiene una agenda propia que no siempre es la de sus aliados en el FdT. No obstante, hasta ahora eso no fue impedimento para una persistente acumulación de poder. Sin duda, él es uno de los ganadores en el juego del FdT quizás porque él conoce que es una carrera de obstáculos que ganará quien se equivoque menos.