Es preocupante que el gobierno de Javier Milei, que promueve una retórica de libertad y anti-casta, ahora se refugie en conceptos como "violencia institucional" para acallar a quienes no están conformes con sus políticas. El término que usó el secretario Cordero da a entender que en aquella situación hubo una estructura de poder organizada ejerciendo coerción contra una figura pública, pero en este caso, lo que ocurrió fue un reclamo espontáneo y legítimo en un espacio público, algo muy lejos de ser "violencia institucional" (quizás es un caso de proyección psicológica...).
Si algo quedó claro es que Pettovello y su equipo no parecen estar dispuestos a lidiar con las críticas; más bien, prefieren etiquetar la protesta como una forma de violencia para quedarse más tranquilos. Mientras tanto, como sociedad nos preguntamos: el gobierno de Milei, que tanto criticó al gobierno anterior por ignorar las demandas populares, ¿está cayendo en la misma trampa de silenciar a quienes levantan la voz? ¿No era eso lo maravilloso de la democracia, que todas las voces, incluso las disidentes, tienen lugar?
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