Aparecieron en la agenda el Fondo Monetario Internacional y el Club de París. También la política económica, la asistencia socioeconómica al universo de supuestos electores permanentes del FdT, el rol del Movimiento Evita en el Ministerio de Desarrollo Social. Se dijo que Axel Kicillof opinaba demasiado acerca de qué hacían o dejaban de hacer Matías Kulfas, Martín Guzmán y Gabriel Katopodis.
Podrían mencionarse otros ejemplos. La única pregunta posible es ¿Por qué demoró tanto tiempo la explosión inevitable?
Dinero en el bolsillo
CFK cree de verdad que Axel Kicillof fue un buen ministro de Economía y no el responsable de la derrota de Daniel Scioli. Alberto Fernández no cree que resulte elogiable el Gobierno de CFK 2011/2015, y mucho menos la gestión de Kicillof. Por lo tanto, el gobernador bonaerense siempre fue un problema en la relación porque CFK lo cita con frecuencia.
CFK reivindica su gestión de gobierno y a Alberto Fernández no le interesa ese pasado que no lo tuvo en cuenta. Luego, la articulación de la coalición es un problema que ambos decidieron ocultar porque desplazar a Mauricio Macri era más importante. Pero es tortuosa la gestión de los ministerios en un esquema en que el ministro discrepa con los secretarios y a su vez estos con los subsecretarios, cada uno con determinada representación política.
La actividad económica no se recuperó tanto como se esperaba y el año electoral comenzó. A ninguno de los 2 le importa mucho la inflación. Tampoco les duele el desempleo juvenil ni la baja inversión privada. La idea del Instituto Patria y otros grupos cercanos a CFK consiste en que derramando dinero se ganan los comicios.
CFK no sabe nada de nada de economía y es muy influenciable por algunos personajes de la llamada 'izquierda K'. Alberto Fernández piensa la economía tal como si fuese un radical antes que un peronista y discrepa en cómo se asignan los recursos. Otra vez las disputas domésticas.
Máximo Kirchner intentó imponer la lista de precandidatos en Provincia de Buenos Aires, Alberto Fernández se negó. Por diferentes motivos, cuando tuvieron que hablar, no lo hicieron. Todos lo dejaron hacer porque creyeron que, de todos modos, ganaría el FdT pero resulta que perdió y los reproches fueron interminables.
El kirchnerismo acusó a Fernández por las fotos de las fiestas en Olivos durante el período de restricciones. Alberto Fernández los acusó de no haber movilizado lo suficiente y de haber malgastado el dinero, en especial en Provincia de Buenos Aires.
CFK regresó con sus reclamos del pasado. Los reproches entre personas con rencores a veces incluyen expresiones que deberían callarse. La política se transforma en algo personal. Así se llegó al 15/09. El FdT no tiene estrategia de campaña hacia las elecciones generales. Alberto Fernández prometió revertir el resultado pero aun no hay directivas. Ni siquiera se conoce cuál es el gabinete que recorrerá las 8 semanas por delante.
CFK y Máximo Kirchner utilizaron las renuncias para provocar la crisis del gobierno de Alberto pero no han medido el rencor que genera La Cámpora en varias estructuras del peronismo.
Hay gobernadores, intendentes y sindicalistas alentando a Alberto a resistir. Tener que apelar a todo esto para intentar disciplinar a Alberto y no haberlo conseguido debilita mucho a CFK.
Todos se fueron a dormir sin saber cómo termina la película. La unidad, supuesto superpoder del FdT, ha desaparecido hace tiempo pero ahora todos lo saben. Algunas heridas no cerrarán de inmediato. Horacio Rodríguez Larreta nunca imaginó esta situación para construir su precandidatura presidencial 2023.
El fondo de la cuestión
El festival fiscal para ganar las elecciones, expresado en el pago de un IFE de emergencia, es la versión 4.0 de la compra de votos 2021. La versión 3.0 fue utilizar los recursos excepcionales girados por el FMI para hacer campaña. La versión 2.0 fue intentar quitarle más recursos a la exportación agropecuaria. Es muy curioso este peronismo siglo 21: no sabe generar recursos, sólo ambiciona redistribuirlos y sin la menor eficiencia.
Para la versión kirchnerista del peronismo "hay que poner dinero en el bolsillo de la gente" sin reparar que ese dinero inflacionario pierde valor antes de llegar al bolsillo de los electores. Luego ¿es con dinero en el bolsillo que se gana el comicio o hay otras cuestiones más productivas y más interesantes? La versión kirchnerista del peronismo lleva 2 años sin abordar la creación de empleo privado. Alberto Fernández tampoco demostró interés en esa necesidad. ¿Por qué creen que no es un problema para cientos de miles de hogares argentinos? No se trata solamente de "ponerle dinero en el bolsillo a la gente". Lo más grave para ellos es que la gente lo sabe.
Volviendo al tema central de la coyuntura, CFK siempre creyó que Alberto Fernández era un personaje débil que terminaría ejecutando las decisiones del Instituto Patria. En tanto Alberto Fernández conoce el malestar que hay con los K dentro del propio peronismo y se consideró un personaje imprescindible cuyo poder consiste en no escuchar a CFK. La pulseada es permanente, agotadora, estéril.
Faltan 2 años y se hace imposible. Sergio Massa, Aníbal Fernández y varios gobernadores intentan mediar pero no pueden hacer demasiado porque hay una derrota detrás y la posibilidad de otra por delante, lo que provoca enojo, frustración, tarea para psicoanalistas, no para políticos. Se supone que en algunas horas más habrá una tregua pero precaria. Ni hablar lo que puede suceder si la derrota regresa en noviembre.
No faltan quienes comparan la salida de los ministros cristinistas con el suicidio de Carlos Álvarez, 'Chacho', cuando renunció a la Vicepresidencia de la Nación: creyó que las masas saldrían a rescatarlo pero fue el último acto de poder de Fernando De la Rúa y se fue en soledad. Sin embargo, hay que advertirles a los memoriosos, más tarde la UCR también abandonó a De la Rúa, quien terminó en un helicóptero. Es un pasado tan cercano como tortuoso. Imposible no recordarlo al cumplirse un aniversario del natalicio de De la Rúa, 15/09/1937.
Es el problema de las coaliciones argentinas: en su decadencia, los grandes partidos arman uniones transitorias para llegar al poder que no sirven para gobernar. Deberían comenzar por reconciliarse con los ciudadanos para reconstruir fuerzas más sólidas, que requieran menos de sociedades a veces contradictorias, en otras traumáticas, siempre efímeras.