De cara a las legislativas de 2017, la interna en Cambiemos Mar del Plata estalló en 2016 por la pelea entre el jefe comunal Carlos Arroyo (Agrupación Atlántica) y la concejala radical Vilma Baragiola para liderar la campaña. A su vez, luego de 2015, Vidal le intervino el municipio con funcionarios del PRO porteño de su confianza, para ordenar las cuentas fiscales.
Fue entonces cuando la gobernadora bonaerense decidió trabajar en un candidato propio para intendente del Partido de General Pueyrredón, que no fuera ni UCR ni de un partido vecinal. El primer elegido fue el ex conductor Franco Bagnato, hoy senador provincial. Pero no funcionó y, entonces, Vidal ordenó que fuera Montenegro, quien nació en La Feliz.
El problema hoy día es que Baragiola afirma que ella es la que mejor mide en la ciudad -algunos se animan a resumir en imagen positiva del 45%- contra Montenegro, quien aún debe afirmar su presencia en la opinión pública. Por ese motivo, días atrás estuvo en el programa de Chiche Gelblung en Crónica TV. Pero básicamente, el Gobierno provincial le acercará la fuerza que precisa, en la imagen de Vidal.
A su vez, la fuerte crisis económica -ya depresión- que se vive en el país está golpeando de manera muy violenta a Mar del Plata. Según datos oficiales del INdEC, junto con Rosario, es la ciudad con más desocupación a nivel nacional con el 9,1%. Esto, sin dudas, borra todo tipo de chances de hacer campaña electoral de la mano de la Casa Rosada.
Así las cosas, Vidal necesita que su candidato sea reconocido y decidió pisar el acelerador pero con cautela: ni la marca Cambiemos ni la cara de Macri van en los afiches de Montenegro.
La economía tiene el sello de Macri, y es mejor dejarla de lado.
El caso de La Feliz se suma a una tendencia que se está dando prácticamente en todo el interior del país, donde los candidatos locales piden por favor evitar el sello, el apellido y el rostro del mandatario.