En 1957 dio sus primeros pasos dentro del Poder Judicial como secretario de un juzgado nacional en lo Civil. Ocho años después fue nombrado juez nacional en lo Civil y Comercial Federal y en 1974 llegó a la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil.
Su desembarco en el máximo tribunal se produjo con la reconstrucción institucional posterior a la última dictadura militar.
Belluscio integró la Corte desde 1983 y llegó también a desempeñarse como vicepresidente del tribunal. Su extensa permanencia lo convirtió en protagonista de diferentes etapas políticas y jurídicas del país.
Durante los años 90, su figura quedó asociada, junto con Enrique Petracchi y en distintas oportunidades Carlos Fayt, a posiciones que se diferenciaron de decisiones adoptadas por la denominada “mayoría automática”, expresión utilizada para identificar al sector de la Corte vinculado a fallos favorables al gobierno de Carlos Menem.
Los registros de jurisprudencia de la propia Corte muestran numerosos fallos de aquella época en los que Belluscio integró votos en disidencia junto con Fayt, Petracchi y otros integrantes del tribunal.
Uno de los casos que marcó su paso por el máximo tribunal fue precisamente el que involucró a Fayt en 1999 y la cláusula incorporada por la reforma constitucional de 1994 que establecía un nuevo nombramiento para los jueces que alcanzaran los 75 años.
Años más tarde, cuando él mismo se acercó a esa edad, Belluscio optó por dejar el máximo tribunal. Su salida se hizo efectiva el 1° de septiembre de 2005.
También participó de decisiones de enorme impacto económico y político. Entre ellas estuvo el fallo de 2004 sobre la pesificación de depósitos bancarios, uno de los grandes conflictos judiciales derivados de la crisis económica de 2001.
Una vida dedicada al Derecho
La Corte, sin embargo, fue solamente una parte de su extensa carrera.
Belluscio construyó paralelamente un importante recorrido académico y se convirtió en una referencia particularmente reconocida en Derecho Civil, Derecho de Familia y Sucesiones.
Durante décadas ejerció la docencia universitaria y desarrolló una prolífica producción jurídica. Entre sus trabajos se encuentran el Manual de Derecho de Familia, Derecho de Familia y Vocación sucesoria, sus fuentes en la reforma del Código Civil.
También dirigió una extensa obra dedicada al análisis comentado y concordado del Código Civil y sus leyes complementarias.
Incluso después de abandonar la Corte Suprema continuó relacionado con el mundo jurídico y académico, donde su producción siguió siendo material de consulta y estudio.
Con su muerte, a los 96 años, desaparece uno de los últimos integrantes de aquella Corte conformada durante la recuperación democrática de 1983 y una figura que atravesó más de medio siglo de la historia judicial argentina.
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